Anticipos preocupantes
Transcurridas casi siete semanas desde el desenlace electoral, la transición mantiene a los analistas en un estado de perplejidad poco habitual
Transcurridas casi siete semanas desde el desenlace electoral, la transición mantiene a los analistas en un estado de perplejidad poco habitual. Todavía no es evidente cómo leer al Presidente electo. Si se adopta una perspectiva analítica -un punto de vista a la vez crítico, realista y normativo-, el aterrizaje de José Antonio Kast deja ver al menos tres fisuras que anticipan una administración compleja.
Primero, su figura pública muestra un claro retroceso. Luego de una campaña marcada por el control del mensaje y una estrategia disciplinada, la instalación ha estado cruzada por señales de improvisación y una llamativa incapacidad para integrar y consolidar su propio bloque. El resultado es un gabinete de sesgo tecnocrático-gerencial, políticamente liviano y con escasa densidad para enfrentar la complejidad de la tarea. Con contadas excepciones, no aparece el "comando" que se esperaría para enfrentar la emergencia nacional que el propio Presidente ha definido.
Segundo, el estilo de liderazgo que se perfila -aunque aún temprano para un juicio definitivo- es marcadamente delegativo. Dicho sin eufemismos: el mandatario parece haber entregado el manejo del Gobierno a cuadros de gestión cuyo capital se reduce a su confianza personal y a trayectorias exitosas fuera del campo político. El caso de Jorge Quiroz en Hacienda es el más ilustrativo, pero la misma lógica se reproduce en Relaciones Exteriores, Vivienda, Educación, Salud, Transporte y Seguridad. Apostar a que las subsecretarías compensarán la falta de peso político ministerial -un capital difícil de reunir- es una contradicción de fondo: en un régimen presidencialista, son los ministros quienes hacen política y asumen los costos, no sus segundos.
Tercero, el posicionamiento ideológico presidencial carece de consistencia narrativa. La apelación a la "unidad nacional" quedó rápidamente corta, y la retórica de la "emergencia" se desgasta antes de probarse. Mientras la comunicación del nuevo oficialismo insiste en que el país "se viene abajo", ese diagnóstico choca con indicadores básicos de comportamiento social y económico.
Lo más nítido del lenguaje ideológico presidencial de estos días es, más bien, la identificación con la derecha dura internacional y el entusiasmo por reabrir viejas batallas culturales contra enemigos recurrentes: inmigrantes, feminismo, ambientalismo, comunismo, indigenismos y la depreciada burocracia estatal. Es evidente: el trumpismo está difundiéndose rápidamente. ¿Hasta dónde podrá ser seguido sin declarar la guerra a los adversarios locales?
En breve, el Presidente electo parte con déficit en los tres planos. Ello ha producido suficiente ruido dentro de su propio sector como para tornar innecesario el juicio negativo de la oposición.
El aterrizaje de Kast deja ver al menos tres fisuras que anticipan una administración compleja.