Domingo, 08 de Febrero de 2026

Un ejemplo de responsabilidad pública

ColombiaEl Tiempo, Colombia 8 de febrero de 2026

Solemos creer que los países avanzan solo cuando tienen sus problemas resueltos o sus arcas llenas

Solemos creer que los países avanzan solo cuando tienen sus problemas resueltos o sus arcas llenas. Zambia, con cerca de 22 millones de habitantes, diversidad cultural, una economía modesta y una historia compleja, demuestra lo contrario. Se avanza cuando, en medio de la incertidumbre, la gente decide caminar junta. No es una cuestión de recursos, es una cuestión de acuerdos mínimos. Zambia es una sociedad que ha decidido que su diversidad no es una carga, sino una fuerza, y que el pasado no puede convertirse en una carga. En conversaciones cotidianas, lejos de los discursos oficiales, varias personas afirmaron, al hablar de esclavitud y colonización: "Debemos saber de dónde venimos, pero no podemos seguir atrapados allí. Hay que ser misericordiosos con nosotros mismos y con nuestro pueblo, aprender y caminar hacia adelante". Eso, en esencia, se entiende como responsabilidad pública. Responsabilidad no como culpa eterna, sino como decisión consciente de avanzar. Y en Zambia esa responsabilidad se expresa desde lo público en tres dimensiones: técnica, cultural y de confianza. En lo técnico, Zambia enfrenta enormes desafíos de desarrollo, pero está apostando por fortalecer su gerencia pública, por asegurar que las políticas se ejecuten y entregar mejor información. Iniciativas como la Presidencial Delivery Unit buscan algo fundamental, que los planes no se queden en documentos, que las decisiones se traduzcan en resultados concretos. No es glamur, es gestión. Y sin gestión, no hay progreso posible. La segunda dimensión -quizá la más poderosa- es cultural. Zambia se define a sí misma bajo una idea sencilla y contundente: ‘One Zambia, One Nation’. No como negación de sus diferencias, sino como un acuerdo básico para convivir. En un país con 73 tribus, esa narrativa no es menor; es una apuesta política y social por mirarse como un proyecto común. Allí no percibí una cultura del rencor ni de la victimización permanente. Percibí esperanza. Una esperanza trabajada, no ingenua, sostenida por líderes que no prometen milagros, pero sí invitan a intentarlo una y otra vez. Promover el cambio desde la esperanza es también una responsabilidad del poder; porque los países no avanzan solo con normas, avanzan cuando creen que avanzar vale la pena. La tercera dimensión es la confianza. Y aquí la transparencia deja de ser un eslogan para convertirse en herramienta de gobierno. La apuesta por la apertura de datos, por sistemas como Smart Zambia y por iniciativas como CoST (apertura de datos en infraestructura) responde a una convicción clara; la confianza no se exige, se construye. Transparentar las decisiones, abrir la información sobre infraestructura y permitir el escrutinio público no debilita al Estado; lo hace más creíble y más capaz. Así que Zambia no solo recibe aprendizajes de las Américas, también los ofrece. Nos recuerda que la transparencia no es únicamente técnica, es relacional. Que compartir información es una forma de respeto hacia la ciudadanía. Y que aprender entre países no implica copiar modelos, sino adaptar principios con humildad. Nosotros también aprendemos de Zambia. Aprendemos que la cultura importa. Que la forma como una sociedad se habla a sí misma define su capacidad de avanzar. Y que gestionar un país diverso no significa fragmentarlo, sino construir acuerdos mínimos para caminar juntos. Colombia no tiene 73 tribus, pero sí 32 departamentos y regiones profundamente distintas y múltiples formas de entender el país. El reto es el mismo; decidir si esa diversidad se convierte en excusa para la parálisis o en la base de un proyecto común. Nada es perfecto en Zambia. Nadie lo pretende. Pero avanzan. Y avanzan juntos. Tal vez ahí esté la lección más profunda sobre responsabilidad pública: no es hacerlo todo bien, es no renunciar a intentarlo como país, con gestión que funcione, con una cultura que convoque y con la confianza necesaria para caminar acompañados.
Zambia
Patricia Rincón Mazo
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