Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Una más y van...

UruguayEl País, Uruguay 11 de febrero de 2026

Este presidente, tan calmo y medido en sus declaraciones, es quien más ha retrocedido en decisiones relevantes de su antecesor, muchas de ellas con un enorme costo potencial para el país.

El debate presidencial previo al balotaje, entre Yamandú Orsi y Álvaro Delgado, quedará en la historia no por la calidad del intercambio ni por la profundidad de las propuestas, sino por ser uno de los momentos televisivos en los que, sin ningún pudor, el entonces futuro Presidente de la República faltó a la verdad. Allí, frente a millones de uruguayos, el entonces candidato Yamandú Orsi anunció con énfasis una de sus medidas estrella: un bono escolar universal para todos los niños que comenzaran las clases. Era una promesa clara, simple y potente.

Hoy, a menos de un año de haber asumido el gobierno, sabemos que ese bono no es tal. No es universal, no llega a todos y ni siquiera se paga al inicio de clases.

Según quedó claro en las últimas semanas, el bono de $ 2.500 anunciado con bombos y platillos alcanzará solo a una parte de los escolares, dejando afuera a más de 130.000 niños. Además, su pago se posterga para después del inicio del año lectivo. Lo que fue presentado como una señal de respaldo a todas las familias terminó convertido en una transferencia más, que perdió vínculo con el inicio de clases. No se trata aquí de discutir si la focalización es o no una buena política pública. Se trata de algo más básico y más grave: se prometió una cosa y se hará otra muy distinta.

Este no es, lamentablemente, un episodio aislado. En materia impositiva, el contraste entre el discurso y la realidad es todavía más contundente. En ese mismo debate, Orsi, al ser increpado por Delgado por potenciales subas de impuestos, dijo varias veces: "Repito: no voy a subir los impuestos". Sin embargo, la violación de la promesa es indisimulable: el presupuesto incluye tres nuevos tributos, se incrementó la carga recaudatoria a través de las tarifas públicas, se consolidaron sobreprecios en los combustibles, se avanzó en la virtual eliminación de la devolución de Fonasa y se ajustaron las franjas del IRPF de manera tal que más uruguayos pagan más. Todo ello conforma un verdadero collar de aumentos a la presión fiscal que desmiente, sin matices, lo prometido ante la ciudadanía.

También en la lógica refundacional se ha faltado a la verdad. Este presidente, tan calmo y medido en sus declaraciones, es quizás quien más ha retrocedido en decisiones relevantes de su antecesor, muchas de ellas con un enorme costo potencial para el país. El área metropolitana de Montevideo no contará con una segunda fuente de agua potable, luego de que el gobierno decidiera dar marcha atrás con una solución estructural al problema, por razones más políticas que técnicas. Ojalá la realidad no termine echando en cara este error histórico.

En el mismo sentido, todo indica que Uruguay tampoco contará con las lanchas necesarias para patrullar adecuadamente su mar territorial. Nuevamente, el motivo parece ser el mismo: el impulso refundacional de revisar, frenar o desarmar decisiones anteriores, aun cuando estas respondían a necesidades evidentes del país. Más allá de los eventuales errores en el proceso, parece claro que había una solución en marcha que fue dinamitada.

Estos dos ejemplos, entre otros, son un síntoma de otra falta del Presidente. La idea de que no habría espíritu refundacional ni caza de brujas está absolutamente jaqueada por la inquisición que lidera Jorge Díaz desde el mismo Piso 11 de la Torre Ejecutiva, ante la pasividad presidencial. Irónicamente, el presidente "más dialoguista" da lugar al gobierno más refundacional.

El problema de fondo no es solo la suma de incumplimientos. El costo de mentir en política es alto y lo paga toda la sociedad. Socava la confianza en el sistema democrático, erosiona la credibilidad de la dirigencia y abre la puerta a los populismos de todos los signos. Cuando la ciudadanía llega a la conclusión de que "todos los políticos mienten", el terreno queda fértil para los discursos antisistema, para las soluciones mágicas y para quienes prometen dinamitarlo todo.

Podríamos seguir mencionando otros incumplimientos, como la baja de la edad de retiro que anunciaban las bases programáticas o las promesas de recursos a diestra y siniestra que, como bien señaló Vallcorba, eran absolutamente incumplibles, entre otros. Sin embargo, vale quedarse con lo conceptual: Uruguay se ha construido, durante décadas, sobre un activo intangible pero fundamental: la palabra empeñada. Prometer lo que no se piensa cumplir, o lo que no se puede cumplir, tiene consecuencias.

El bono escolar que no fue es apenas un síntoma más de un problema mayor.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela