Es hora de actuar
Nuestro país tiene pendiente generar el conocimiento necesario y actualizado relativo a su patrimonio biodiverso nacional.
Desde hace muchas décadas nuestro país tiene pendiente generar el conocimiento necesario y actualizado relativo a su patrimonio biodiverso nacional, para poder actuar en consecuencia.
Todo este tiempo, ha estado subestimado y relegado a un segundo plano frente a otros asuntos importantes de la vida nacional, en parte por descuido, pero también porque no hemos sabido instalar en la conciencia de la sociedad uruguaya, los elevados valores que lo caracterizan.
Todo parece indicar que nos cuesta mucho comprender la gran importancia que tiene la diversidad biológica, tanto para el presente como para el futuro de nuestro país, por ser responsable de la riqueza de los ecosistemas que conforman nuestro territorio. Y cuando hablamos de territorio no solamente nos referimos a la superficie terrestre y el subsuelo, sino también a los espacios aéreo y marítimo sobre los cuales el Estado ejerce soberanía y jurisdicción.
En la diversidad biológica se sustenta buena parte del trabajo, la producción, el esparcimiento, la salud y la calidad de vida de las personas que viven en nuestro país. Así ha sido siempre y lo seguirá siendo.
Prestemos atención a uno de sus componentes: la fauna.
Desde julio de 1935 el marco legal uruguayo cuenta con la Ley de Fauna que protege -en los papeles- a nuestras especies autóctonas con una amplitud que nunca se ha cumplido. Entre las causas que han mantenido esta situación por 90 largos años, nos enfocaremos en dos.
La primera es la falta de interés que siempre se constató en las autoridades de cumplir una correcta fiscalización de la norma -incluyendo las sanciones previstas-, y en parte de la sociedad civil de respetar sus restricciones de caza. En ese sentido podemos concluir que el medio rural es "tierra de nadie", aunque hay que destacar el compromiso de muchos comprometidos productores rurales y vecinos, que protegen a las especies nativas a lo largo y ancho del país.
La segunda causa es el desconocimiento histórico de cuál es el estatus real poblacional de las especies de la fauna nacional. Nunca se realizaron estudios serios y completos, a pesar de tener un territorio con excelente accesibilidad en toda su extensión. Es tan así que siguen descubriéndose nuevas especies para nuestra fauna. En todas estas décadas nunca existió voluntad política para construir este conocimiento fundamental. El resultado lógico es que carecemos de censos precisos y confiables, tanto en cantidades de individuos, grupos poblacionales, como de sus distribuciones geográficas. Sin ellas todas las medidas de conservación que se ponen en práctica son "al tanteo", insuficientes, poco confiables y, por lo tanto, potenciadoras de su ineficacia.
Más temprano que tarde, las autoridades nacionales y municipales deberán encarar el diseño de una nueva y comprometida política estratégica de conservación de los ecosistemas naturales, con énfasis en la fauna nativa.
Deberán incluir a todas las instituciones que tiene competencias y recursos para llevar adelante las tareas seleccionadas. También a organizaciones de la sociedad civil especializadas en el tema, varias de las cuales despliegan acciones puntuales dentro de sus modestas posibilidades.
Se trata de concretar la realización de un esfuerzo mancomunado, con personal especializado y equipamiento idóneo, y presupuestos acordes a lo establecido en la mencionada política nacional.
Seguimos esperando por este cambio de estrategia que debe ocurrir bajo el liderazgo del Ministerio de Ambiente, pero con el decidido compromiso de todos.