Milei avanza sobre un espacio vacío
Javier Milei
Tan relevante resulta para la CGT mantener la cuota sindical, la gran concesión que el Gobierno acaba de hacerle en la reforma laboral, que se distrajo de un derecho adquirido que probablemente sea el centro de la discusión que viene en Diputados: la reducción del salario en las licencias por enfermedad
Javier Milei
Tan relevante resulta para la CGT mantener la cuota sindical, la gran concesión que el Gobierno acaba de hacerle en la reforma laboral, que se distrajo de un derecho adquirido que probablemente sea el centro de la discusión que viene en Diputados: la reducción del salario en las licencias por enfermedad. Un tema explosivo. El régimen actual obliga al empleador a pagar el 100% del sueldo en un plazo de entre 3 meses y un año, según la antigüedad y la familia a cargo del trabajador; ahora, con la nueva normativa, será el 50% o, en el mejor de los casos, el 75%. Un elefante que pasó inadvertido en el recinto y que ni siquiera la oposición fue capaz de capitalizar.
Varios legisladores se percataron de la novedad al día siguiente. ¿Quién había incluido a último momento ese artículo que hasta la noche del martes no figuraba en el texto? ¿Alguien pecó de vivo, entusiasta o apurado? ¿O, se preguntan ahora en otros bloques, existe en el Gobierno la intención de abrir la puerta a un negocio privado, el de las aseguradoras, que en otros países cubren la parte que la empresa no paga? Hay legislaciones en las que, por ejemplo, un alpinista debe contratar un seguro para que lo acepte el empleador.
Todo esto formará parte de las negociaciones en la Cámara de Diputados y es probable que conspire contra la velocidad del tratamiento. Gabriel Bornoroni, presidente del bloque de La Libertad Avanza, pretende empezar a discutirlo el jueves. Es cierto que en asuntos tan sensibles y expuestos al lobbying las demoras juegan en contra. Pero también que una inconsistencia jurídica puede exponer a la ley a lo más común en el ámbito laboral: un planteo de inconstitucionalidad, y hacerla caer. Diputados radicales le están pidiendo a Cristian Ritondo, jefe del bloque de Pro, que convoque a una reunión con Martín Menem para aclarar todas las dudas.
Con esta media sanción y la del régimen penal juvenil , el Gobierno obtuvo dos triunfos en apenas 48 horas. Un avance casi sin precedente y sobre el enorme vacío de la oposición. Su acuerdo con la CGT expone justamente eso: es evidente que los jefes sindicales, muchos de ellos de llegada frecuente a Diego Santilli, Santiago Caputo o Manuel Vidal, aceptaron atenuar la resistencia. Hay que repasar visualmente la Plaza del Congreso del miércoles: la CGT tuvo ahí una representación simbólica, pero no convocó a un paro y dejó que la protesta tuviera más un tinte partidario opositor. Le dejó la calle a la izquierda. "Es un pueblo de cagones", protestaba un manifestante en la tarde del miércoles, delante de las cámaras de televisión y ya con la plaza desierta.
El Gobierno trabajó la negociación. No atentó del todo contra los aportes obligatorios a los gremios, una obsesión de Federico Sturzenegger, y se movió en cambio con una vieja convicción de Santilli: es mejor mantener un canal con el sindicalismo tradicional porque, de lo contrario, la alternativa serán la izquierda y sus toneladas de piedras. Son lecciones aprendidas también por los empresarios. Desde que en el Sutna, gremio de los neumáticos, se impuso el Partido Obrero, todo resulta infinitamente más arduo.
Santilli les abrió a los sindicatos las puertas de las últimas reuniones. La respuesta de la CGT se parece bastante a la de los años de Menem. Como si el resultado de octubre hubiera convencido a los líderes gremialistas y a casi todo el establishment político de darle por fin a Milei una oportunidad ante el desmadre que nadie pudo resolver. Alguien lo oyó en estos días a Rodolfo Daer razonar de este modo: si a Milei le va bien, el sindicalismo deberá en 2027 rever su futuro y su rol; de lo contrario, la aventura libertaria estará a tiro de terminar.
Lo que consiguió el Presidente es abrumador para un gobierno no peronista. Y un signo de estos tiempos. El mismo frente sindical se muestra últimamente más implacable con Axel Kicillof, que deberá, por ejemplo, empezar el año lectivo con una huelga docente. Ayer, la Asociación Gremial Empleados de Administración Maestranza y Servicios de los Casinos Provinciales (AMS), que conduce Roberto "Chucho" Páez, un exradical K, y la Asociación de Empleados de Casinos Nacionales (AECN), que encabeza Marcos Labrador, un dirigente más bien cercano al pensamiento de Guillermo Moreno, paralizaron por 24 horas todos los casinos bonaerenses. Justo durante el carnaval y en el último fin de semana largo del verano en Mar del Plata, con lo que eso significa para la recaudación. ¿Será la antesala de otra protesta más amplia, la que prepara UPCN en la provincia por malestar en los salarios? Todo muy a tono con la pérdida de autoridad de quien, en la noche del 8 de septiembre, parecía el candidato indiscutido en 2027. Ya no: hay gobernadores del PJ que vienen repitiendo que si el elegido fuera Kicillof, buscarían uno propio. Un nuevo Schiaretti.
El peronismo se desgaja y por eso no sorprende que varios de sus gobernadores hayan respaldado al Gobierno en la reforma. El kirchnerismo los venía amenazando con intervenciones, pero fueron más fuertes la relación y la necesidad que las provincias tienen con otros actores. Con el Palacio de Hacienda, por ejemplo. O con los bancos. Hasta la noche del martes, el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) había desaparecido del texto de la reforma. Algunos gobernadores temían que el instrumento, que debe nutrirse de aportes patronales de las empresas, desfinanciara la Anses y por eso se oponían.
Pero el Gobierno consiguió finalmente incluirlo. Fue también el martes, durante esa noche de sorpresas y lobistas desvelados . En algunas provincias admiten gestiones de los bancos en favor del FAL, que finalmente administrará el sector financiero. Los banqueros venían además muy molestos con el artículo que facultaba a las billeteras virtuales a ser depositarias de los salarios. Otro tema espinoso: representan montos millonarios para quienes se quejan de tener una regulación más estricta que las billeteras y deben además dar créditos a la producción. ¿No es financiamiento lo que pretende el Gobierno?, plantean en los bancos. El malhumor del sector terminó de estallar cuando vieron un video institucional que la Cámara de las Fintech publicó en las redes para reclamar que los trabajadores pudieran recibir sus salarios donde quisieran. "Desde que existen las billeteras, jamás ninguna se quedó con el ahorro de la gente: los bancos no pueden decir lo mismo", provoca el spot. Apareció entonces el gesto del Gobierno y, finalmente, los sueldos se deberán acreditar solo en los bancos.
Pero esos cambios no fueron inocuos. Hay ahora un segundo round que también involucra a Pro y del que Ritondo se enteró por un llamado de Mauricio Macri. "¿Sabés por qué me están llamando los bancos?", le preguntó ayer por la mañana el expresidente. Empezaba a correr una versión que Pro niega: el propio Marcos Galperin se habría comunicado con Macri para pedirle respaldo. En el bloque de Pro dicen que no necesitan ningún llamado para estar a favor de que bancos y billeteras compitan por los sueldos. Convocaron entonces a las fintech a una reunión el martes. El argumento para insistir en la corrección del texto es que afecta a una base electoral que pretenden reconquistar. También cuestionan a los banqueros y sospechan de todo: desde supuestas gestiones de la familia Eskenazi, dueña de bancos en varias provincias, sobre los senadores, hasta de la relación personal que Patricia Bullrich tiene con Horacio Cristofani, expresidente del Santander, desde los tiempos de la campaña.
Al Gobierno tampoco le conviene volver a enemistarse con el sector. Hace tiempo que pretende reactivar los créditos en dólares para aquellos que no generen divisas, algo que la normativa actual impide. En realidad, Luis Caputo parece hasta ahora más convencido al respecto que Santiago Bausili. Pero el regreso de ese instrumento, que representaría un boom para la clase media y las hipotecas, y la decisión de alivianar por fin el cepo para las empresas están últimamente presentes en varias conversaciones.
Son los pasos que le faltan a Milei para terminar de consolidar lo que antes de asumir parecía su flanco débil, un liderazgo político. Dicen que está exultante y que pretende viajar el mes próximo a la Argentina Week, Nueva York, con las reformas aprobadas. Tiene al respecto una oportunidad histórica. Lo apuntalan casi todos: los propios, los convencidos y una dirigencia desprestigiada y sin reacción.