Un país en emergencia
Eso de que estamos "con el agua al cuello" es una realidad de a puño, como decía Pambelé
Eso de que estamos "con el agua al cuello" es una realidad de a puño, como decía Pambelé. Lo que afrontan departamentos caribeños, Córdoba en especial, es triste y doloroso. Y como nos ahogamos en un vaso de odio, mientras miles de personas pierden sus bienes, digamos, sus casas, enseres, animales y cosechas, los políticos desde la orilla, empezando por el jefe del Estado, se lanzan agua sucia. El mandatario, que parece estar sintiendo un frente frío electoral, ya casi culpa a la oposición de las lluvias. Bueno, es que estamos en campaña. El invierno es inclemente en casi todo el país, solo en Córdoba tiene en vilo a 77.000 familias. Fedegán dice que son ya 231.000 hectáreas afectadas, han muerto más de 3.000 semovientes, hay más de 30.000 hectáreas de cultivos dañados, plátano, algodón, yuca, hortalizas, cacao, etc. Es decir, miles de labriegos pasando las duras y las maduras. Pensemos todos, gobernantes, oposición, gremios, ciudadanía, en la tragedia de millones de colombianos y en las soluciones. Imaginemos lo que será amanecer con el gua al techo y tener que dejar la casa, con los niños de la mano, aumentando con lágrimas el inesperado mar que llegó a los pies y está ahogando hasta las esperanzas. Porque suele pasar que en los primeros días hay conmoción, acompañamiento y atención humanitaria, pero después, "nanay cucos", como dizque decía la inolvidable Marilyn Monroe. Solo los visita el olvido. O, a veces, los políticos en campaña. El invierno es inevitable. Así como las precipitaciones del Gobierno por los recursos. Y entonces, sin que quiera uno llover sobre mojado en los aspectos penosos y odiosos de la corrupción, es inevitable suspirar, con maldición entre dientes, por esa platica que se perdió en el oloroso río de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). ¿O era riesgo de desangre? Y duele que ocurra en un gobierno que llegó con la bandera anticorrupción, pero en el que parece que los ratones han estado cuidando el queso. Como en un cuento sobre malas prácticas en el que el que cuidaba el tesoro se llamaba Saqueo. Aquí, en esta nación que hace agua por todos lados, el ex jefe administrativo de la Presidencia Carlos Ramón González anda huyendo, acusado de la llave abierta de la UNGRD, cuyo exjefe Olmedo, el que cuidaba el queso, está preso, confeso y hasta con exministros, en el mismo proceso. La lista es larga, y la justicia dirá. Pero todo es penoso en un país donde, como dijo alguien, se compran más conciencias que maquinaria. Y se alega ahora que hay verano económico, y como este ha sido un gobierno de emergencias, se declara la cuarta, por 8 billones de pesos. Pero se informa al mismo tiempo que el Gobierno firmó una avalancha de contratos antes de la ley de garantías, por 14,8 billones de pesos, a seis meses de que se acabe el Gobierno del Cambio, en el que la salud también está en emergencia. O sea que también estamos inundados de burocracia. En todo caso, en semejante calamidad que vive Colombia no podemos caer en el revanchismo, la milimetría electoral ni los desplantes. Un impuesto a los pobres ricos, que también ya están con el agua al cuello, y que llegará para el próximo verano, no lo ven oportuno los técnicos. Porque aquí se necesita plata de caja. El señor Presidente debe volver a ser el estadista que se sentó con Trump y escuchar a los gobernadores, que le dicen que tiene 6,5 billones de regalías congeladas. Abra esa nevera, pues las necesidades apremian. Y que los departamentos aporten lo suyo. Yo, tú él, nosotros, vosotros... todos. El presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, ha hecho una buena propuesta, pensando en soluciones para paliar la situación del campo. No la desechen. Es hora de la nobleza y la humanidad por los damnificados, ellos sí en emergencia. luioch@eltiempo.com
El arca de Noé
Luis Noé Ochoa