Domingo, 15 de Febrero de 2026

La navegan o los traga

UruguayEl País, Uruguay 15 de febrero de 2026

Hoy ese electorado está molesto porque los partidos de la coalición funcionan descoordinados como fuerza opositora.

En el último evento organizado en diciembre pasado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), Ignacio Zuaznábar compartió información de encuestas sobre la evolución de las identidades partidarias en los últimos años.

Los datos indican un importante crecimiento del electorado coalicionista "puro"; ese que se mueve dentro de los partidos de la CR. El 34% de uruguayos que se identifica con partidos de la CR se distribuye así: 11% se identifica con el PN, 5% con el PC y el restante 18% son coalicionistas puros.

Zuaznábar mostró también cifras que indican que la gran mayoría de quienes se identifican exclusivamente como blancos o colorados ya no tiene ningún inconveniente en votar un candidato del otro partido.

Estos datos son consistentes con los cambios que vienen registrando las encuestas sobre intención de voto hacia el PN y el PC antes y después de cada elección interna. Después de conocidos los candidatos de cada partido, una parte relativamente importante de electores migra de un partido al otro. Según Opción, después que se supo en 2019 que los candidatos eran Lacalle Pou y Ernesto Talvi, la intención de voto hacia el PN cayó del 30% al 23%, mientras que la del PC pasó del 13% al 19%. Algo parecido ocurrió en 2024, con Álvaro Delgado y Andrés Ojeda: la intención de voto hacia el PN cayó 9% y la del PC aumentó 6%.

Los resultados de octubre van en la misma línea. En los cinco ciclos electorales iniciados en 2004, el voto sumado del PN y el PC se ha mantenido más o menos estable (entre el 41% y 46%), pero las diferencias entre blancos y colorados han oscilado, desde el 24% a favor que obtuvo Larrañaga sobre Stirling, al 11% de Delgado sobre Ojeda.

Toda esta información revela una realidad nueva, de la que la mayoría de los dirigentes blancos y colorados aún no ha tomado nota: los votantes de la CR son cada vez más coalicionistas y menos partidistas.

A futuro el voto dentro de la CR será más líquido, porque para la mayoría de sus votantes los partidos pasarán a un segundo plano. La adhesión será fundamentalmente a la CR como espacio político, y sólo una pequeña parte seguirá votando férreamente al partido que siempre votó. Este es un proceso natural que ya ocurrió en el Frente Amplio. El electorado coalicionista espera que la CR se convierta en un espacio político sólido y competitivo, y exige de los partidos que la integran un fuerte compromiso con el proyecto. No les interesa si la CR va con lema común o sin él. Para ellos eso es algo secundario.

Hoy ese electorado está molesto porque los partidos de la coalición funcionan descoordinados como fuerza opositora, porque hay dirigentes y sectores que priorizan su propia agenda y sus intereses, porque hay dirigentes que parecen contrarios al proyecto coalicionista y porque faltan señales claras de que el proyecto va en serio.

Además de tímidas, esas señales han sido deslegitimadas mediante comportamientos que van en la dirección contraria. A mitad de año se creó una coordinación parlamentaria de la CR, pero los partidos que la integran (PN, PC y PI) han votado separados en múltiples ocasiones. La falta de acuerdo al votar el presupuesto del gobierno demostró que esa coordinación no está funcionando.

Luego, en diciembre, se creó una mesa de coordinación política de los tres partidos. Se declaró que esta mesa se reuniría periódicamente y que, entre otras cosas, funcionaría como un espacio para adoptar decisiones conjuntas sobre temas de coyuntura.

A la fecha la mesa no se ha vuelto a reunir, y algunos hechos demuestran que la coordinación en temas de coyuntura no existe. La operación de EEUU para capturar a Maduro fue un hecho relevante sobre el cual hubiera sido positiva una declaración conjunta de la CR. Pero ello no ocurrió. Cada partido sacó su propia declaración.

El cambio registrado en la composición del electorado coalicionista es un nuevo escenario al interior de la CR. Es razonable pensar que ese electorado tenderá a elegir a los dirigentes y partidos que se comprometan seriamente con el proyecto coalicionista, al tiempo que evitará dar su voto a quienes no lo hagan. Ese compromiso determinará ganadores y perdedores.

Este escenario es una oportunidad para el PI. Pablo Mieres es uno de los dirigentes de la CR que más está trabajando para fortalecerla y construir el proyecto común. Si el PI continúa en esta senda y, además, adopta una estrategia inteligente de alianzas dentro de la coalición, es probable que se convierta en una alternativa atractiva para una parte de los coalicionistas puros.

Dentro del PN, Javier García es probablemente el dirigente que con más visibilidad está empujando la coalición. Por el lado del PC, el dirigente de primera línea más comprometido con el proyecto es Andrés Ojeda quien, entre otras cosas, se ha definido como "coalicionista nativo".

Si ambos continúan demostrando su compromiso con el proyecto, estarán mejor posicionados para recibir el voto del electorado coalicionista, que quienes se muestren dubitativos y, más aún, que aquellos que le pongan obstáculos. Los dirigentes de la CR que no acepten este nuevo escenario están condenados a conseguir votos solamente en un mercado cada vez más reducido.

El electorado coalicionista es una ola que no podrán detener. La navegan o los traga.


La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela