¿Estás muerto?
La app pagada más popular en China funciona de manera muy simple: con un solo clic, el usuario registra diariamente su actividad
La app pagada más popular en China funciona de manera muy simple: con un solo clic, el usuario registra diariamente su actividad. Si durante dos días no hay signos de actividad, "¿Estás muerto?" envía un mensaje automático a los contactos de emergencia para que procedan a atinar, ya sea visitando a la abuelita o contratando en un solo paso un servicio de "recogida de cadáveres". Para no creerlo.
La mayor expectativa de vida y la caída en la natalidad han hecho de la soledad un problema creciente y dramático, en China y en muchas otras partes. Los avances médicos y de una mayor conciencia de vida sana nos hacen vivir más, por lo que la pregunta clave es cómo mejorar la calidad de esos últimos años. Un mayor ahorro, más hobbies y cultivar propósitos en la vida son algunas tareas con que nos podemos preparar para los últimos años. Pero tener mayor compañía no depende totalmente de uno. Claro, las amistades son fundamentales, pero al final del día, la familia es insustituible. Y es aquí donde la baja natalidad muerde. Con pocos hijos y menos nietos, la ayuda comienza a escasear y el ensordecedor ruido de la soledad a doler. Y de ahí a la app hay un solo paso.
El problema es más complejo de lo que parece¸ ya que la causalidad también opera en la dirección opuesta. En otras palabras, la soledad es, en parte, resultado de la baja natalidad, pero la baja natalidad también es resultado de la soledad de los viejos. Si los jóvenes anticipan su futuro a partir de la realidad que observan en los adultos mayores -y toman decisiones de natalidad en función de ello-, una vejez solitaria no es un desenlace particularmente atractivo. Si a ello se suma la idea de que habrá que destinar tiempo y recursos para mantener a los mayores, traer hijos al mundo se hace cuesta arriba. Cuántas veces oímos entre los jóvenes que el mundo es demasiado duro como para reproducirse.
Los estudios para países desarrollados muestran que la caída en la natalidad viene principalmente por cohortes de jóvenes que, simplemente, no quieren tener hijos. Y eso no parece responder solo a mayores costos de vida, sino también a una menor valoración de la paternidad. Para estos grupos, tener descendencia y formar una familia ha perdido sentido, en parte, por lo sacrificado que resulta. Una vejez solitaria abona a esta lógica.
Las políticas para detener la vertiginosa caída de la natalidad están enfocadas en el cuidado de los niños y en la flexibilidad laboral. Estas estrategias son necesarias, pero pueden ser insuficientes. Al final, los jóvenes tendrán hijos -y los abuelos, nietos- en la medida que tengan esperanza de un buen futuro. Paradójicamente, quizá somos los adultos los que tenemos la llave para no estar solos, en la medida que mostremos el maravilloso camino de la familia, cultivemos más la autonomía y dejemos de mostrar el consumo y el dinero como métrica de éxito.
Una vejez solitaria no es un desenlace particularmente atractivo.