Estuvo en "Hija del fuego", un culebrón con la China Suárez, y ahora presenta en la Zavala Muniz el unipersonal "Viento blanco". De eso charló Mariano Saborido con El País.
Al igual que Mario, el personaje que interpreta en el unipersonal Viento blanco, que llegará esta semana al Teatro Solís, Mariano Saborido es del sur argentino, específicamente de Puerto Deseado, una pequeña ciudad de la Patagonia. Sin embargo, no fue esa similitud lo que lo cautivó. Saborido ni siquiera tenía claro de qué se iba a tratar la obra cuando Santiago Loza lo llamó y le dijo: "quiero escribir un texto para que lo actúes vos".
Lo único que sabía él, que descubrió el fascinante mundo de la actuación viendo telenovelas junto a su abuela, era que a una mente como la de Loza no se le podía decir que no.
Había tomado el taller de dramaturgia que Loza coordinaba junto a Andrés Gallina y conocía sus películas, series, obras de teatro, novelas. "Es muy prolífico, como un todoterreno", dice a El País. "Entonces el proyecto me lo estaba ofreciendo alguien a quien yo admiraba mucho y cuyo mundo me interesaba muchísimo".
Eso, y no la inquietud por hacer el primer monólogo de su vida, fue la chispa que encendió el fuego. "Cuando empecé a ensayar el unipersonal me di cuenta de en dónde me estaba metiendo ", confiesa entre risas.
"Si hubiese sabido más o menos de qué se trataba, lo hubiese pensado un poco más, porque al principio fue un poco duro. Los que hacen unipersonales tienen síntomas parecidos de cosas que pasan: que uno se siente solo, se siente loco, siente que nadie lo ve, y a la vez todos te están viendo. Cuando uno tiene un compañero de elenco, esa neurosis un poco se diluye de manera colectiva. Hay un par con el que vos podés compartir la experiencia que acá no está. Pero por suerte ya en la tercera función sentí: listo, es momento de relajar y que la obra sea un juego, una diversión, que es lo que más me gusta de actuar".
Eso fue en julio de 2024. Ahora, Viento blanco se prepara para inaugurar su tercer año de funciones y llega en dos días a la sala Zavala Muniz. Se la podrá ver de jueves a domingo en el ciclo Verano en la Zavala, y quedan entradas en venta en Tickantel, a $ 650.
La obra sigue a Mario, quien junto a su madre lleva adelante un hostal, en un pueblo perdido del sur que supo ver tiempos mejores. En condiciones climáticas bastante hostiles, Mario convive entre su propia historia y el deseo, dice la sinopsis, "de huir para siempre".
Saborido construyó ese personaje que, como se puede apreciar en la imagen que ilustra esta nota, tiene estrabismo, en colectivo con los directores Valeria Lois y Juanse Rausch. Juntos encontraron el camino para ir más allá de la palabra escrita.
"No porque el texto fuera precioso o poético nosotros teníamos que hacer una obra preciosa o poética. Teníamos que actuar", explica: "ver dónde estaban las escenas, qué le pasaba a él físicamente".
Por eso siente tan propio a Viento blanco, en lo individual y en lo colectivo, y por eso llegar al Solís de la mano de esta puesta es "un honor". Saborido que actuó por primera vez en Uruguay en el último FIDAE, con este mismo título celebra llevar tantas funciones a cuestas: "Jugás con el mismo juguete, pero es como volar".
Actor de Argentina, tierra de amor y venganza y de la serie de Netflix sobre Fito Paéz, y un personaje delicioso en Hija del fuego: la venganza de la bastarda, el culebrón que la China Suárez protagonizó para Disney+, Saborido reconoce que lo que más le gusta es el teatro.
"Me da mucha posibilidad de despliegue en el tiempo y eso para mí es lo más lindo", dice. "Lo audiovisual me gusta mucho también, pero siento que ahí soy más una persona experimentando. Tengo que ir descubriendo las claves, si es que las hay, para hacerlo. No es que en el teatro las tenga clarísimas, pero hay algo del tiempo que te permite ir viendo qué hacer, encontrando los cauces".
Este año se repartirá entre ambos mundos: seguirá con Viento blanco y Lo que el río hace, otra elogiada obra que lleva varias temporadas. Estrenará otra puesta dirigida por Rausch. Filmará una serie. Y seguirá soñando con hacer de malo, con encarnar algún día a un buen villano o una buena villana. "Pienso en el personaje de Yolanda, de Gasalla", dice. "Que la maldad tenga humor me parece un cóctel increíble. Me encantaría poder hacer algo así, sería bárbaro".