Cartagena progresa
Ricardo Santamaría
Cartagena atraviesa una etapa de transformación luego de años de inestabilidad política y malas administraciones que dejaron proyectos inconclusos, baja ejecución presupuestal y una profunda desconfianza ciudadana
Ricardo Santamaría
Cartagena atraviesa una etapa de transformación luego de años de inestabilidad política y malas administraciones que dejaron proyectos inconclusos, baja ejecución presupuestal y una profunda desconfianza ciudadana. La sucesión de varios alcaldes en pocos años frenó procesos clave y debilitó la planeación. Hoy, con una administración enfocada en resultados, la ciudad comienza a mostrar avances concretos en infraestructura, movilidad, seguridad y recuperación del espacio público. Uno de los frentes visibles ha sido la recuperación de la malla vial. Con inversiones que superan los $100 mil millones, se han intervenido vías principales y barrios históricamente olvidados, mejorando la conectividad y reduciendo tiempos de desplazamiento. A esto se suman obras de drenaje pluvial en zonas vulnerables a inundaciones. Las inundaciones persisten, pero hay claridad en los diagnósticos y ojalá lleguen las soluciones. Cada invierno es una pesadilla para miles de cartageneros. Es una tarea pendiente urgente. Otro proyecto ha sido la peatonalización progresiva del Centro Histórico. La ampliación de zonas peatonales, acompañada de regulación del tránsito y reorganización del espacio público, busca mejorar la experiencia de residentes y visitantes, proteger el patrimonio y dinamizar el comercio formal. En materia social, uno reto complejo ha sido la lucha contra la explotación sexual y la prostitución, especialmente en áreas turísticas. La administración ha fortalecido operativos de control, aumentado la presencia institucional y promovido campañas de sensibilización para combatir la explotación de menores y las redes ilegales. Además, han destinado recursos para programas de atención integral y oportunidades de formación dirigidas a poblaciones vulnerables. La inversión social se refleja en mejoramientos de colegios, recuperación de escenarios deportivos y apoyo a programas culturales. Con recursos que superan los $50 mil millones en infraestructura educativa y adecuaciones, se busca cerrar brechas y ofrecer espacios dignos para la formación de niños y jóvenes. Sin embargo, Cartagena necesita dar un paso adicional y definirse como ciudad universitaria. La presencia de múltiples instituciones de educación superior representa una oportunidad estratégica que aún no ha sido articulada en un proyecto de ciudad. Apostarle a la investigación, innovación, emprendimiento juvenil y la economía del conocimiento permitiría diversificar la base productiva más allá del turismo y el sector portuario. Convertirse en un polo académico del Caribe implicaría fortalecer alianzas público-privadas, invertir en ciencia y tecnología y generar condiciones de seguridad. ¿Qué falta? Consolidar la estabilidad institucional para que los proyectos no dependan de coyunturas políticas; profundizar la lucha contra la desigualdad en barrios periféricos; y garantizar que las inversiones se traduzcan en oportunidades reales de empleo y movilidad social. Cartagena progresa, pero el verdadero desafío es convertir ese progreso en una política de Estado local, sostenida en el tiempo.
Analista.