Domingo, 22 de Febrero de 2026

Cuestión de coherencia por la confianza

ColombiaEl Tiempo, Colombia 21 de febrero de 2026

La caída reciente de la inversión extranjera directa, sumada a la inusual magnitud de los capitales que están saliendo del país, es más que un campanazo económico: es un síntoma de erosión en la confianza

La caída reciente de la inversión extranjera directa, sumada a la inusual magnitud de los capitales que están saliendo del país, es más que un campanazo económico: es un síntoma de erosión en la confianza. El retroceso en flujos productivos, contrastado con un repunte de inversiones de portafolio mucho más volátiles, revela un país que recibe dinero de corto plazo y pierde el de largo aliento. Peor aún, la fuerte aceleración en la inversión colombiana en el exterior muestra que quienes conocen de cerca el entorno local están diversificando sus riesgos fuera del país. No son sólo de tendencias globales. Varios sectores han operado bajo señales contradictorias, especialmente en materia regulatoria y fiscal. Las discusiones públicas sobre cambiar definiciones económicas, reinterpretar indicadores o tensionar las instituciones técnicas terminan debilitando lo que demandan los inversionistas: reglas estables y un horizonte claro. La incertidumbre, cuando se acumula, se convierte en un impuesto silencioso que encarece el capital y frena decisiones. Frente a este panorama, el país necesita estabilidad jurídica no puede depender del clima político del día ni de presiones improvisadas que alteren marcos de inversión pensional o incentiven concentraciones forzosas de recursos. No se gana credibilidad si se envían mensajes ambiguos en sectores como energía, minería, agroindustria o servicios, todos con capacidad de atraer flujos sustanciales si se les ofrece predictibilidad. El país tiene oportunidades reales para volver a ser destino de inversión: proyectos energéticos con transición ordenada, un agro más competitivo, servicios exportables en crecimiento y potencial para nearshoring. Pero nada cuajará si los inversionistas perciben que las reglas cambian sin aviso o que las instituciones técnicas pueden ser arrinconadas. La tarea es simple en su formulación, pero exigente en ejecución: recuperar disciplina fiscal, respetar los contrapesos, profesionalizar la regulación y enviar señales inequívocas de que producir e invertir en Colombia es una apuesta de largo plazo que vale la pena. Cuando el país se toma en serio a sus inversionistas, ellos regresan. Cuando no, sencillamente buscan geografías donde su capital sea mejor recibido.

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