Domingo, 22 de Febrero de 2026

Al Ojos del Salado... en una moto eléctrica

ChileEl Mercurio, Chile 22 de febrero de 2026

Hace unos días, el chileno Jean Louis de Heeckeren logró subir, arriba de una moto eléctrica, hasta los 6.751 metros de una de las cumbres subsidiarias del Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo. Un registro que aspira a convertirse en un nuevo récord Guiness y que pone una vez más en la mira a una montaña emblemática, pero que todavía permanece en segundo plano. Por Sebastián Montalva Wainer .

P or estos días, la vida de Jean Louis de Heeckeren (38) va de extremo a extremo en pocos segundos. En un momento puede estar hablando de cuando se cayó en esquí hace unos años y su tibia "explotó" con el golpe, o de cuando se quebró la espalda tras una caída en bici que lo dejó "inválido por un rato". Pero enseguida, toda su atención se va hacia algo mucho más suave, o cotidiano, como cambiarle los pañales a su hija Sophie, y lograr que lo deje seguir con esta entrevista, para lo cual debe recurrir -con la misma rapidez con la que hace fotos de deportes de acción, en lo que es referente- al control remoto de la tele para poner las canciones de Plim Plim, de probada eficacia en atraer la atención de los más chicos.
Su pequeña hija, que tiene dos años, fue una de las razones que lo impulsaron a realizar su más reciente aventura, ciertamente una de las más extremas que ha afrontado: arriba de una moto eléctrica (un medio de transporte que suele ser vapuleado por los motoqueros tradicionales, pero que hoy atrae sobre todo a las nuevas generaciones), De Heeckeren se propuso subir el volcán más alto del mundo -el Ojos del Salado, en el norte de Chile, con 6.893 metros- y establecer un nuevo récord Guinness de altura alcanzada en este tipo de vehículos.
-Lo del récord Guinness era para cumplir con los auspiciadores de alguna manera, pero también para mostrarle el libro a mi hija cuando sea más grande, y vea a su papá allí.
Sentado en el patio de la casa de sus padres en Vitacura (donde está de paso por estos días, porque vive en Matanzas), De Heeckeren está contando detalles del logro que concretó el pasado 12 de enero, cuando llegó hasta los 6.751 metros de altura de una de las cumbres subsidiarias del Ojos del Salado, estableciendo así un nuevo récord mundial que en estos momentos está a la espera de ser ratificado por Guiness. De Heeckeren ya les envió todos los registros: el video completo, que dura más de dos horas, las tomas alternativas con dron que le hizo su amigo Santiago Alcalde en el punto más alto al que llegó, y la marca del GPS que certifica la altura alcanzada.
A la fecha, el récord oficial en moto eléctrica lo tiene el suizo Jiri Zak, quien solo unos días antes (el 30 de noviembre de 2025) llegó hasta 6.714 metros, tal como está publicado en el sitio web de Guiness. Es decir, ahora De Heeckeren lo habría superado en 37 metros, y confía en que su marca será aceptada.
-Aparte de todo el registro sin cortes que hice con la GoPro y el video del dron, si ves el track del GPS y ahí aparece que no me bajé de la moto, está hecho.
Ya, pero por qué
No es raro que alguien como Jean Louis de Heeckeren haya querido hacer algo como esto, porque toda su vida ha estado ligada a los deportes extremos. Viene de una familia de esquiadores, pero que además andan en moto, en bicicleta, en jetski, en tablas de surf. Su tío, Gerardo Marín, llegó a ser campeón sudamericano de windsurf, y el propio Jean Louis compitió en esquí hasta los 16 años, disciplina que luego cambió por la montaña, por los saltos en bicicleta y, más tarde, por la fotografía de deportes extremos, el trabajo del que vive actualmente.
Es más, él dice que ya estaba arriba de la moto cuando era chico-chico.
-Yo anduve en moto hasta los 6 años, pero mi papá se cayó, se quebró las piernas como dos veces y vendió todo. Entonces me quedé ahí, y toda mi vida tuve ganas de andar en moto, pero eso solo lo volví a hacer a los 30 años. Empecé tarde. Pero soy medio loquillo por los deportes, y cuando me empieza a gustar uno lo practico todos los días.
Las lesiones por accidentes deportivos han sido comunes a la largo de toda su historia familiar, y Jean Louis no es la excepción. De hecho, que se haya subido a una moto eléctrica, después de probar las convencionales a combustión, fue producto de eso mismo: las secuelas de su última caída en esquí lo dejaron con dolores en la tibia de una de sus piernas, por lo que la moto eléctrica fue una solución: en simple, en estas no hay que pisar pedales, sino que todo se maneja con las manos, haciendo girar las manillas del manubrio.
-Además, una moto eléctrica es mucho más liviana: pesa 60 kilos, mientras que las otras pesan 85, 110 o más. Es decir, puedo subirla con las manos arriba de la camioneta; las otras, imposible. Además, te evitas el gasto de bencina y requieren mucho menos mantención: no hay que andarle lavando el filtro de aceite a cada rato y, como es una moto china, los repuestos los consigo por Aliexpress.
Precisamente, la flamante moto eléctrica de Jean Louis de Heeckeren es china, una Surron Ultra Bee. Y él la consiguió de busquilla que es: como quería ahora dedicarse a esta disciplina, contactó al concesionario en Chile para empezar a probarla en la propia pista que se construyó en su casa en Matanzas, y luego en carreras de enduro. El objetivo era fotografiarla y dar a conocer sus ventajas, principalmente en temas relacionados con su impacto ambiental.
-El ruido que hacen las motos (convencionales) es chato para la gente que no es motoquera. Y aunque es rico escuchar como rugen, con la moto eléctrica igual te acostumbras a que no haga ruido. Además, en una moto eléctrica alcanzas velocidad mucho más rápido, porque puedes darle toda la potencia de una. Es cierto que para los motoqueros tradicionales las motos eléctricas son una aberración, pero a mí no me importa eso: yo quiero andar y ya. Además, le molesta menos a la gente y puedo andar en lugares donde las otras no pueden.
El siguiente paso en su nueva afición fue, precisamente, comenzar a subir cerros. Y entonces su nuevo proyecto, para atraer auspiciadores y poder financiarlo, fue más o menos lógico: subir en una moto eléctrica el volcán más alto del planeta, que está aquí mismo en el norte de Chile, y marcar de paso un nuevo récord para esta disciplina.
Gigante opacado
Según De Heeckeren, no existe otro cerro en el mundo donde se pueda hacer un récord como el que él se propuso.
-El Ojos del Salado es la única montaña donde se puede hacer esto: no hay una cumbre de casi 7.000 metros que tenga tan poca nieve y que sea tan accesible avanzando por rocas y arena.
La facilidad de acceso vehicular hasta incluso 5.800 metros (donde está el Refugio Tejos), además de su prominencia, son razones que permiten entender por qué cada año llegan diversas expediciones a establecer nuevos récords de altura o de velocidad en todo tipo de vehículos y disciplinas deportivas.
Sin embargo, la importancia evidente de esta cumbre no se ve necesariamente reflejada en el cerro mismo: los refugios de montaña son básicos y no existe mayor control de acceso a sus rutas, salvo que uno pase por el retén de Carabineros que está en el sector de Laguna Verde. La única exigencia concreta es la que hace la Dirección de Fronteras y Límites (Difrol): los extranjeros deben solicitar una autorización de ascenso, que se hace de forma online y es gratuita. Y claro, también se debiera pagar la entrada al Parque Nacional Nevado Tres Cruces, que cuesta 11 mil pesos para extranjeros (solo a modo de comparación: el permiso para subir el Aconcagua, que es apenas 70 metros más alto que el Ojos, cuesta alrededor de mil dólares para los extranjeros).
Solo en los últimos tres meses, previo al intento de De Heeckeren en moto eléctrica, hubo dos equipos buscando récords: el de los chilenos Francisco, Max y Tomás Rencoret (llegaron a 6.639 metros, pero en una moto convencional a bencina), y el del ya mencionado suizo Jiri Zak, en una eléctrica.
La primera y única vez que De Heeckeren había estado en el Ojos del Salado fue en noviembre de 2016, cuando vino como fotógrafo a documentar el ascenso en moto de Francisco "Chaleco" López. En esa oportunidad, el rallysta chileno llegó a 6.100 metros.
Esta vez, con él como piloto y responsable directo de la expedición, el desafío no solo pasaba por superar a López, o por lograr la necesaria aclimatación, para lo cual se preparó durante meses yendo en moto eléctrica a diversos cerros de Santiago (y también para probar terrenos de tierra, arena y rocas grandes, similares a los que enfrentaría en el Ojos), sino sobre todo por encontrar una ruta de ascenso en moto, que no es la misma que usan los que suben a pie.
-No había información por ninguna parte, porque los que subieron antes no comparten sus rutas. Yo le escribí a una persona que había ido y ni me respondió. Además no hay huellas marcadas, entonces había que buscarle una manera de subir por una parte del cerro que no fuera tan empinada y que permitiera ir en moto. Investigué harto a través de Google Earth, pero también hubo mucho de exploración en terreno, porque el cerro es gigante. Puedes ir por varios lados.
En resumen, el viaje de De Heeckeren duró seis días en total, el único tiempo que, según cuenta, pudo disponer sin afectar sus obligaciones familiares. Salió desde Santiago en camioneta, con la moto en el pickup , junto con su amigo camarógrafo Santiago Alcalde, y de ahí se fueron directo al sector de laguna Santa Rosa, donde acamparon, a unos 3.800 metros de altura.
-Llegamos como a las dos de la mañana del día siguiente y mi amigo se sintió súper mal. Vomitó toda lo noche.
Como el tiempo apremiaba, apenas amaneció comenzaron a subir en auto hacia el Refugio Atacama, el campamento base del Ojos del Salado, a 5.200 metros de altura. Allí se les unió el tercer miembro de la expedición, el montañista Andrés Escobar, que se sumó a última hora.
Ese mismo día, De Heeckeren comenzó a realizar las primeras pruebas con su moto, y a vislumbrar las rutas posibles para subir, lo que comenzaron a hacer en concreto a partir del Refugio Tejos, que está a 5.800 metros. Aparte de la incertidumbre de encontrar un camino, la otra gran preocupación era ver cuánto duraría la batería eléctrica en altura: llevaba dos, una de las cuales tuvo que subir amarrada y afirmada entre las piernas, porque la parrilla para la parte trasera de la moto que había pedido no alcanzó a llegar a tiempo a Santiago.
En terreno comprobó que la batería funcionaba bien, lo que es una ventaja de los vehículos eléctricos frente a los de combustión: la escasez de oxígeno por la altura no los afecta.
Sin embargo, sí tuvo un problema: el generador a petróleo que había llevado para cargarla no le funcionó, por lo que al tercer día, De Heeckeren tuvo que volver en auto hasta Copiapó para conseguir uno más potente. Regresó de inmediato al cerro.
-Todos los días estuve buscando rutas posibles, mirando huellas. A veces me tiraba derecho para arriba y rebotaba. O me iba fuerte, pero más de lado, para poder seguir. En una casi me saco la cresta. El mayor riesgo eran las piedras gigantes que aparecían de pronto, y que tenía que esquivar en segundos. Hacer esto es mucho más difícil en altura, porque andas medio atontado.
De Heeckeren se dio cuenta de que había un camino posible para subir por la ladera noreste del cerro. Avanzando poco a poco, dice que en un momento pudo ver algunas huellas de motos, que él atribuyó a las que habrían dejado los chilenos o el suizo que estuvieron unos días antes. Finalmente, en uno de los ascensos, que básicamente eran pruebas para ver hasta dónde podía llegar, fue como alcanzó los 6.751 metros de altura. Es decir, el récord.
-En un minuto empecé a subir con el acelerador a fondo. Y subí, subí y subí. Pasé por un glaciar, donde me caí un par de veces. Y de repente llegué hasta arriba y había como un planito. Entonces vi unas huellas y una lengüeta de arena. Y en vez de tirarme para el lado, dije: "Derecho no más". Luego empujé como media hora la moto, la única parte donde pude hacerlo, y seguí hasta un pozo grande de arena, desde donde aceleré y llegué a la punta del cerro. Cuando vi lo que marcaba el GPS me dije: "!Éjaleee: ya tengo el récord¡".
Con la marca lograda, De Heeckeren inició el descenso hasta el Campamento Base. Primero pasó a buscar una de las baterías que había dejado a medio camino para usar en caso de emergencia (no fue necesario) y luego recogió a sus dos amigos, que se habían quedado esperando un poco más abajo: a ambos les afectó la altura, así que solo mantuvieron comunicación por radio. Santiago Alcalde, en todo caso, logró filmarlo con un dron en el punto más alto al que llegó.
Hoy, a un mes de haber terminado su aventura, De Heeckeren ya planea volver en abril al Ojos del Salado y llegar en moto eléctrica al mismo punto en el que estuvo ahora, para hacer más y mejores fotos de la ruta, lo que no alcanzó a hacer ahora, porque tenía que regresar rápido al día siguiente a Santiago.
Y mientras espera la confirmación definitiva del récord por parte de Guinness, su verdadera preocupación tiene que ver con algo mucho más urgente: su hija Sophie, a quien mudó recién, se acaba de sacar los pañales. Y ahora camina a poto pelado por el patio.
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