Domingo, 22 de Febrero de 2026

Los yerros de la petroeconomía

ColombiaEl Tiempo, Colombia 22 de febrero de 2026

Los debates económicos de esta semana, promovidos desde la cuenta X de la Casa de Nariño, esta vez con dos de los más importantes economistas del país, los exministros Jonathan Malagón y Juan Carlos Echeverry, sirven para ilustrar públicamente los disparates oficiales que sustentan las políticas públicas, lo que ha terminado traduciéndose durante este cuatrienio en menor crecimiento y menor prosperidad social

Los debates económicos de esta semana, promovidos desde la cuenta X de la Casa de Nariño, esta vez con dos de los más importantes economistas del país, los exministros Jonathan Malagón y Juan Carlos Echeverry, sirven para ilustrar públicamente los disparates oficiales que sustentan las políticas públicas, lo que ha terminado traduciéndose durante este cuatrienio en menor crecimiento y menor prosperidad social. El primer cruce de sables se dio alrededor de la idea de imponer inversiones forzosas a los bancos porque dizque estos no canalizan adecuadamente el ahorro hacia la inversión productiva. Por ello Petro considera que a través de estas cargas cuasifiscales el Estado podrá orientar el crédito, y exalta el papel que puede cumplir la banca pública para atender el crédito popular y reducir los márgenes financieros. Aunque bastaría un solo ojo para ver que las millonarias utilidades del Banco Agrario en el año 2025 son producto de haber aumentado su margen de intermediación en tiempos de la economía social, como lo registran los medios especializados. En los trinos palaciegos se sindica a los bancos privados de no financiar a la pequeña y mediana empresa, aún menos a la campesina. Se trata de un monumental yerro. Las cifras no mienten. El año pasado la banca otorgó créditos a las mipymes por $ 148 billones, cuyos desembolsos fueron llevados a cabo en un 94 % por los establecimientos de crédito privados. Para estigmatizar a los banqueros, en el marco de su doctrina de lucha de clases, Petro llega al extremo de sostener que aquellos toman el dinero del público con la finalidad clasista de facilitarles a los más ricos crédito para su consumo, por lo cual se resienten la financiación de inversiones productivas y el acceso al crédito de los gestores de la economía social. Otra vez, se trata de una torcida inexactitud. Según el último informe oficial sobre cartera de la Superfinanciera, el crédito de consumo apenas representa una tercera parte del crédito comercial, microcrédito y de vivienda, que suman la bicoca de $ 540 billones, siendo realmente marginal el financiamiento de la banca pública. Podrían citarse muchos más datos para concluir que es una herejía afirmar que la banca privada genera desigualdad social y atraso. ¿Acaso se puede desconocer que el valor agregado del sector financiero ha crecido en promedio 4,8 % anual, casi el doble del crecimiento del PIB nacional? ¿O puede pasarse por alto que por cada billón de pesos desembolsado por los banqueros privados, cerca de 6.600 personas salen de la pobreza en Colombia, como se desprende de la ‘Gran encuesta integrada de hogares’, del Dane? La controversia se hizo mayor cuando Juan Carlos Echeverry apuntó atinadamente que la economía colombiana podría crecer mucho más y generaría más beneficios sociales si las políticas del Gobierno estimularan la inversión y el crecimiento del PIB no se debiera por el explosivo aumento del gasto público y de los hogares. Algo de Perogrullo que no acepta la petroeconomía. Como Echeverry probó que la formación bruta de capital fijo viene cayendo preocupantemente, Petro salió a refutarlo, porque -en su entender- "solo se debe tomar como inversión la compra de maquinaria y equipo" y "la compra de fuerza de trabajo", excluyendo -según ese criterio- la construcción de vivienda, que -según Petro- "no es una partida de inversión sino de consumo". Este criterio no solo es contrario a las normas de contabilidad. Constituye un desatino conceptual. Imposible tratar la vivienda como consumo corriente, cuando se trata de un activo fijo y no de un activo fungible, que constituye inversión porque forma parte de los activos de largo plazo de cualquier sociedad, intensivos de capital. Por este dislate presidencial, se entiende la postración que ha sufrido la política de vivienda. Más exótico considerar la adquisición de fuerza de trabajo como inversión, cuando se trata de un gasto corriente, que no representa capital fijo para apalancar el crecimiento. Es contraevidente e insostenible la fórmula de crecer con menos construcción y más gastos en burocracia. La obstinación es mala consejera. Taponazo. Está probado que la política de salud les quita la vida a los niños.
Los trinos palaciegos
Néstor Humberto Martínez Neira
Los debates económicos de la semana ilustran los disparates

que sustentan las políticas públicas, lo que ha terminado traduciéndose en este cuatrienio en menor crecimiento y prosperidad social.
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