‘Un aumento excesivo del mínimo perjudica a muchos trabajadores del país’
MAURICIO REINA - ESPECIAL PARA EL TIEMPO
Marcela Meléndez acaba de llegar a la dirección de Fedesarrollo, convirtiéndose en la primera mujer que lidera este centro de pensamiento económico y social
MAURICIO REINA - ESPECIAL PARA EL TIEMPO
Marcela Meléndez acaba de llegar a la dirección de Fedesarrollo, convirtiéndose en la primera mujer que lidera este centro de pensamiento económico y social. Su llegada a este influyente centro de investigaciones se da en uno de los momentos más desafiantes que ha enfrentado la economía colombiana en varias décadas. Más allá de la relativa solidez del consumo privado, crecen preocupaciones como la sostenibilidad de las finanzas públicas, la caída de la inversión privada, y el impacto del aumento del salario mínimo sobre la inflación y el desempleo. Tras un par de días de haberse posesionado en el cargo, Meléndez ya tiene un diagnóstico de los problemas económicos que heredará el próximo gobierno y plantea caminos a seguir para resolverlos. Desde su nueva posición, habla sobre temas apremiantes como la mediocridad del crecimiento de la economía colombiana, el aumento del salario mínimo, la necesidad de un ajuste fiscal y la posibilidad de que el nuevo gobierno tenga que pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional. Hace un par de días, el gobierno expidió un nuevo decreto confirmando un aumento del salario mínimo de 23,7 por ciento para este año. Mientras el Consejo de Estado se pronuncia de fondo al respecto, parece que esa cifra ya no tuviera reversa en medio del debate nacional: el gobierno lo usa como bandera de campaña, pero muchos técnicos ven con preocupación sus efectos sobre los precios y el mercado laboral. ¿Qué opinión le merece ese aumento? Hay una mentira que ha estado sobre la mesa en nuestro país, y es que cuando uno mejora el salario mínimo mejora la condición de todos los trabajadores. Eso no es cierto. Un aumento excesivo del salario mínimo perjudica a muchos trabajadores del país porque la mitad de ellos ganan menos que el salario mínimo, y un porcentaje alto gana la mitad o menos. Estamos generando un mundo en el cual cada vez es más difícil para los negocios pequeños operar dentro de la ley. Un aumento como este incrementa la informalidad y amplia la brecha para que la gente pueda formalizarse. Una colega dijo hace poco en un foro una frase que me gustó mucho: la mejor política social es un mercado laboral que funcione. A la gente no la sacamos de la pobreza con subsidios y transferencias. Esta semana también se supo que el crecimiento de la economía colombiana el año pasado fue 2,6 por ciento. Esta cifra es inferior a la que esperaba la mayoría de los analistas y ha revivido inquietudes acerca de la sostenibilidad del dinamismo económico reciente. ¿Cómo evalúa la situación? Esa cifra es terriblemente mediocre. Somos un país muy promedio en América Latina. Si queremos una senda distinta de desarrollo, el país tiene que crecer más. Detrás de ese dato hay un crecimiento impulsado por consumo, mientras sectores de gran calado, como el minero-energético y la construcción, están enredados. La desaceleración de la inversión es muy grande y eso se va a traducir en retos que aún no estamos viendo en términos de crecimiento. No es un resultado del que podamos estar orgullosos. Hablando del crecimiento mediocre, quiero hacerle una pregunta que todos los candidatos deberían estar abordando y que hoy brilla por su ausencia en el debate electoral: ¿cómo elevar la productividad y recuperar buenas tasas de crecimiento? Hay acciones inmediatas y otras de largo plazo. En el corto plazo, hay que limpiar muchos obstáculos innecesarios que hoy tiene la regulación de los negocios para que no traben la actividad del sector productivo. El panorama empresarial colombiano es muy heterogéneo. Hoy tenemos unas firmas gigantescas, por un lado y, por el otro, una gran fuerza laboral fragmentada en muchísimas microempresas y autoempleo. Hay que recordar que la empresa promedio colombiana tiene tres personas y que hay una gran informalidad. Tenemos que fortalecer una gran capa de pequeñas y medianas empresas para que absorban empleo en condiciones de mayor productividad. En el largo plazo, el reto está en la educación y en la innovación. Hay que volver a trabajar por un sistema educativo que permita que la gente logre un buen enganche en el mercado laboral, y lograr que entremos en una senda real de innovación. Tenemos que cambiar el chip rentista que tienen en la cabeza muchos empresarios que se preocupan ante todo por mantener su cuota en el mercado nacional, y pensar de una vez por todas en competir con eficiencia y tecnología. Ese propósito clave de elevar la productividad parece haber desaparecido de la agenda nacional, en medio de una situación cada vez más precaria. La inversión cayó del 23 % al 16 % del PIB. ¿Qué explica esa caída? Estamos en un contexto de incertidumbre. Cuando no hay claridad sobre reglas de juego, se detiene la inversión. Y además hay un tema que tenemos que incorporar en la conversación sobre desarrollo y crecimiento: la evolución del crimen organizado. Cuando hay territorios donde el Estado no tiene presencia efectiva o existe riesgo de extorsión, también se frena la inversión. Es un problema complejo y regional, pero nos afecta directamente. Recorramos esos problemas que hay que empezar a resolver cuanto antes. ¿Cuáles son los principales retos económicos para el próximo gobierno? El primero es la situación fiscal. Tenemos un descuadre creciente entre ingresos y gastos que encarece el endeudamiento y se vuelve una bola de nieve. El segundo es reorganizar el sistema de salud. Por supuesto que la salud en Colombia venia con problemas serios como la corrupción, pero la forma como este gobierno los abordó terminó rompiendo lo que funcionaba y no mejoró nada. El tercero es el sector energético. Se dejaron de tomar decisiones de inversión que pueden poner en riesgo la disponibilidad de energía. Y, de fondo, el reto estructural es el crecimiento y la productividad, donde juega un papel importante la recuperación de la seguridad. Sobre las finanzas públicas, me sorprende que uno oye hablar a los candidatos y parece que la mayoría viviera en otro mundo, donde no hay problemas fiscales. ¿El próximo gobierno tiene la opción de no hacer una reforma tributaria? Esa posición no me parece realista. Incluso para bajar impuestos habría que reformar. Además nuestro sistema tributario es complejo y lleno de parches, y hay que mejorarlo. Necesitamos una reforma estructural que trace un camino claro y reduzca distorsiones. La crítica situación fiscal ha llevado al gobierno a decretar dos emergencias económicas con impacto tributario. La primera, suspendida cautelarmente por la Corte Constitucional, contempla un aumento del impuesto al patrimonio de personas naturales, mientras que la segunda podría traer bajo el brazo una medida similar para las empresas. ¿Tiene sentido el impuesto al patrimonio en un país como Colombia? Hay que distinguir entre empresas y personas. Yo no gravaría el patrimonio de las empresas porque afecta su capacidad de invertir y generar empleo. En el caso de las personas, yo sí creo que en sociedades como la nuestra quienes estamos en la parte más alta de la distribución del ingreso tenemos que contribuir más y entender que con los impuestos uno compra civilización. Existen esquemas razonables, como gravar una rentabilidad presunta del patrimonio. En otros tiempos, una crisis fiscal como la que atraviesa Colombia ya nos habría llevado a buscar ayuda en las entidades multilaterales de crédito. Con esta situación fiscal, ¿debería Colombia acudir al Fondo Monetario Internacional? Repensar de manera inteligente el patrón de endeudamiento de Colombia con ayuda de un organismo experto puede ser parte de la solución. Si yo fuera la próxima ministra de Hacienda, estaría llamando una misión del Fondo Monetario sin miedo, poniendo el problema sobre la mesa. Ellos pueden ayudar a trazar un camino de solución que nos permita ganar tiempo mientras implementamos cambios estructurales más demorados. Estamos de acuerdo en que recuperar la seguridad es esencial para empezar resolver los demás problemas del país, pero para eso también se necesitan recursos que no hay… Si no recuperamos la seguridad no podremos tener un crecimiento económico sostenible. La inseguridad desvía recursos públicos hacia gasto militar, y también introduce ineficiencias en el sector privado y eleva el riesgo de invertir. Además, la violencia tiende a profundizar la desigualdad porque las víctimas se concentran en los sectores más pobres. Para enfrentar este desafío no se trata sólo de aumentar el gasto, sino de orientar adecuadamente las intervenciones. Una política de seguridad efectiva requiere al menostres pilares sólidos: un sistema policial profesional y eficaz, un sistema de justicia que funcione con celeridad y credibilidad, y un sistema penitenciario que no reproduzca dinámicas criminales sino que contribuya a la reinserción. Si bien esto demanda recursos significativos, el debate no debe limitarse a cuánto invertir sino a cómo hacerlo para evitar soluciones de corto plazo que erosionen el Estado de derecho. Hablando de retos, pero también de oportunidades, algunos empresarios han empezado a hablar del nuevo curso reciente de Venezuela como una gran oportunidad para Colombia. ¿Qué opina de esa posibilidad? Yo creo que el retorno de la democracia y los derechos políticos es condición indispensable para cualquier cambio económico de fondo. Mientras no haya claridad sobre derechos de propiedad y un orden que permita que funcione la actividad económica, es muy difícil que llegue capital a Venezuela más allá del sector minero y energético. No hay magia económica sin institucionalidad. Usted es la primera mujer que dirige Fedesarrollo en sus 55 años de historia. ¿Cómo se siente? Muy bien, de muchas maneras. Por un lado, muy feliz de tener la responsabilidad de dirigir esta entidad en un momento en que debe seguir jugando un rol importante como interlocutor técnico de cualquier gobierno. Por otro, para mí es volver a casa. Esta es mi cuarta parada en Fedesarrollo y aquí comenzó mi carrera. Ver esa lista de hombres brillantes que me precedieron en le Dirección, y ahora ser la primera mujer, es un gran honor. Hay que celebrar todos los techos de cristal que se van rompiendo… ya era hora. Esta entrevista ha sido editada con criterios de extensión y claridad. Puede ver la entrevista completa en eltiempo.com.