Intereses fundamentales
La primera regla para la supervivencia de un Estado es conocer cuáles son sus intereses fundamentales y actuar en consecuencia.
En 1847, en un discurso en la Cámara de los Comunes, Palmerston afirmó que la política de Inglaterra era no tener aliados eternos ni enemigos perpetuos, que sus intereses eran eternos y perpetuos y que la obligación del gobierno era seguir esos intereses. Son frases que se repiten frecuentemente en las discusiones sobre política exterior.
A pesar de su aparente claridad, lo dicho por Palmerston plantea varias dudas. ¿Palmerston proponía una política exterior de espléndido aislamiento y egoísmo nacional? ¿Cuáles eran, exactamente, esos "intereses permanentes" de los Estados?
En su discurso, Palmerston opinó que, además de la tutela de sus intereses particulares políticos y comerciales, la verdadera política de Inglaterra era "ser el campeón de la justicia y del derecho, siguiendo ese curso con moderación y prudencia, sin convertirse en el Quijote del mundo, pero ofreciendo el peso de su aprobación y apoyo moral, donde sea que ella piense que se encuentra la justicia, y donde sea que piense que se ha cometido un mal". Estaba convencido, siguió, de que Inglaterra nunca se encontraría totalmente aislada mientras se mantuviese en el camino del derecho y en tanto no estuviese dispuesta a aceptar una situación de injusticia. Si siguiese esa política, "Seguramente encontrará algún otro Estado de suficiente poder, influencia y peso dispuesto a darle su apoyo y ayudarla en el curso de la política que considere necesario seguir." En conclusión, "sería una política de miras estrechas suponer que este o aquel país sea designado como el aliado eterno o el enemigo perpetuo de Inglaterra. No tenemos aliados eternos, y no tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos y nuestro deber es defender esos intereses.".
Los intereses de los Estados, entonces, incluían no solamente los intereses comerciales y políticos "particulares" (lo que hoy llamaríamos intereses exclusivos), sino también un conjunto de intereses o valores de derecho y justicia más generales y compartidos con otros Estados (intereses inclusivos).
El estadista reconoció que Inglaterra (que se hallaban en su momento de auge) no tenía la capacidad de llevar adelante una política fundada exclusivamente en su estrecho interés "particular" porque ello conduciría a su aislamiento internacional. Para tutelar sus intereses particulares debía formar alianzas con otros Estados, con los cuales tenía en común intereses compartidos.
Esa visión revelaba su concepción liberal, optimista, del comercio internacional, como una actividad que beneficiaba a todos. Ciertamente, Palmerston habría visto con sorpresa las estrechas estrategias políticas "transaccionales" de nuestra época, por su inherente fragilidad.
Es cierto que la política exterior británica no siempre se ajustó al ideal del derecho y la lucha contra la injusticia que predicó Palmerston en la Cámara de los Comunes. Era la época de las Guerras del Opio en China o de la intervención extranjera en el Río de la Plata. Aunque en 1864, Inglaterra aplicó esa política y respaldó la integridad del territorio de nuestro país amenazado por sus vecinos.
Con todo, las afirmaciones del estadista británico son relevantes en nuestra época de rápidos -y no siempre sensatos- cambios en el escenario internacional.