Recuento
Afirmar que el nuevo período presidencial marca un cambio es futurismo
Afirmar que el nuevo período presidencial marca un cambio es futurismo. Más vale intentar un recuento de las últimas décadas.
La historia comienza con la Concertación. Nació como un pacto de variados grupos de centroizquierda para enfrentar el plebiscito de 1988 y la presidencial de 1989. Pero la caída del Muro de Berlín desnudó la miseria de las propuestas "progresistas" de esos grupos. A la vez, se consolidaba el radical replanteamiento de las políticas del Gobierno Militar. Abandonarlas abría un flanco electoral riesgoso. Fue preciso continuar con ellas a pesar de los reparos que producía en la intimidad de la Concertación.
Al cabo de algún tiempo aparecieron los autoflagelantes: echaban de menos sus fundamentos ideológicos socialistas y revolucionarios. Pero los éxitos electorales acallaron esas voces. Los pocos que sí creían en lo que estaban haciendo no lograron convencer al conjunto, con lo que la pugna, soterrada al comienzo, fue acentuándose con el tiempo.
Con la aparición de una nueva generación estudiantil la escisión se profundizó. Y con la elección de Piñera en 2010 concluyó el embrujo electoral de la Concertación y sobrevino la apostasía universal: el reniego de lo que habían hecho y la adhesión a un cambio radical en la conducción del país. Esto último cristalizó en el segundo gobierno de Bachelet, que desmontó bases fundamentales que habían sustentado la trayectoria exitosa de los años anteriores. El apoyo de una derecha izquierdizada fue fundamental.
El crecimiento del país y el ciclo positivo del cobre permitieron tapar con bonos las sucesivas demandas que comenzaron a proliferar desde todos los ámbitos. La Concertación había devenido en un aparato clientelar, afianzado en un electorado cautivo antes que convencido, al no transmitir una mística de futuro en torno a su labor. En medio de este presentismo Piñera segundo más apuntó a la eficiencia económica con descuido de lo político, dejando campo para el estallido y su violencia destructora, corolario de la prédica refundacional, abriendo las puertas al Frente Amplio y al fallido proyecto constitucional.
La elección presidencial reciente fue una reacción al empobrecimiento, a la violencia y a la ausencia de futuro que resultó de todo lo anterior. Numerosos exconcertacionistas han revalorado sus éxitos y una nueva derecha ofrece una rectificación para retomar la senda de progreso para todos. Solo si tienen éxito abrirán un nuevo período dejando atrás los años de regresión.
Con la aparición de una nueva generación estudiantil la escisión se profundizó.