Exposición convierte desechos orgánicos en obras de arte
La artista Liliana Ojeda presenta "Grabitar" en el Centro Cultural Montecarmelo, con siete esculturas que combinan fierro, cerámica y cáscaras de cítricos.
A veces hay que cruzar un puente para descubrir algo nuevo. Ese fue el caso al atravesar el Puente del Arzobispo en Providencia y caminar una cuadra hacia el San Cristóbal: se llega al Centro Cultural Montecarmelo, con su patio central rodeado de corredores y una antigua iglesia de ventanas ojivales y torre vigilante.
Allí, en la Sala Bob Borowicz, está la exposición "Grabitar", de la artista formada en la U. Católica y orfebre con estudios en el extranjero Liliana Ojeda (1974).
La muestra es una experiencia sensorial, para el tacto, el olfato y la visión. Lo primero que se siente es un envolvente olor a naranja y un suave dejo de clavo de olor. Emanan de las más de dos mil cáscaras, entre naranja, pomelo y melón, que componen el proyecto expositivo. Al centro de la sala hay un círculo de hollejos de fruta deshidratadas y en torno a este, siete estructuras que combinan fierro y cerámica -algunas colgantes- vestidas con una especie de piel hecha de las cáscaras de las frutas que fueron cosidas entre sí. Se ve como si fuera cuero rugoso, pero es una membrana orgánica.
Las obras no solo se huelen, sino que se pueden tocar. "A mí me encanta poder tocar mi trabajo, sentir la materialidad, olerla. Para eso, hay que acercarse", afirma Ojeda, que espera que los visitantes "toquen, huelan y miren cómo la luz atraviesa el material".
La artista explica que durante la pandemia se replanteó el uso de biomateriales. "Estábamos botando mucho material orgánico a la basura, entonces empecé a considerarlo para producir arte", recuerda. Primero debió recolectar la fruta desechada en restaurantes y luego, probar hasta dar con la forma de trabajar este material. Debió ahuecar, almacenar, hidratar, modular, rehidratar, secar y sellar todo para obtener una membrana de la cáscara de la fruta.
El proyecto, que obtuvo un Fondart, tomó nueve meses, de los cuales, los últimos tres fueron dedicados a la costura de los retazos de membranas. "Por suerte hubo gente que me quiso ayudar. En un momento tuve a toda mi familia sentada en la mesa del comedor cosiendo los fines de semana", relata la creadora.
La muestra también incluye fotografías de las esculturas y una vitrina con las maquetas de cobre que hizo Ojeda para que el escultor en fierro Mauricio Carrasco y el ceramista Pablo Díaz pudieran trabajar sus respectivos elementos y realizar las piezas en conjunto.
En el Centro Cultural Montecarmelo (Bellavista 0594) también se pueden visitar las exposiciones "Cajitas", que es una colaboración con el Museo del Sonido, y "Lenguajes en cobre", en la sala de Artesanía UC.