La Nación, Costa Rica
23 de febrero de 2026
Los roces públicos entre actores clave del círculo presidencial evidencian un reacomodo de influencias y estilos dentro del oficialismo, en momentos de transición hacia una nueva etapa legislativa.
El enfrentamiento público de las últimas semanas entre la diputada saliente Pilar Cisneros y el legislador electo José Miguel Villalobos, abogado personal del presidente Rodrigo Chaves, abrió un foco de tensión inusual dentro del oficialismo y puso bajo la lupa la dinámica de poder del chavismo de cara a su segunda etapa política y legislativa.
Lejos de tratarse de un roce aislado, los choques entre dos voces que gravitan en el círculo más cercano del mandatario evidencian disputas por estilos y control del relato político en un movimiento cuya arquitectura de poder ha estado concentrada en las figuras de Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros.
Dos figuras que "le hablan al oído" al poder
Para el analista Mario Quirós, el peso político del choque radica en la cercanía de ambos con el presidente. Desde su lectura, las tensiones no deben interpretarse como una fractura estructural, sino como disputas internas propias de la transición hacia una segunda etapa del movimiento.
El conflicto también reflejaría un reacomodo entre liderazgos de distintas fases del proyecto político, "entre el grupo saliente y el entrante, y es habitual que personas influyentes en la primera etapa de un proyecto tengan diferencias con las que van a ser influyentes en el segundo".
No obstante, advirtió que el hecho de que estas diferencias se ventilen públicamente tiene un costo político, pues dejan de ser ajustes internos y pasan a convertirse en tema de conversación mediática, lo que impacta la imagen de cohesión del oficialismo.
Choques públicos y desmarques directos
Ambos operadores políticos entraron en un fuego abierto en las últimas semanas. Durante una sesión del plenario legislativo, el 11 de febrero, Cisneros cuestionó la lentitud del Poder Judicial para resolver juicios por presuntos casos de corrupción, entre ellos el relacionado con la trocha fronteriza. En ese intercambio, diputaciones del Frente Amplio señalaron que uno de los principales responsables de los atrasos en ese proceso había sido Villalobos, lo que llevó a la vocera oficialista a marcar distancia con dureza.
"El último atraso que sufrió la trocha efectivamente fue por el diputado Villalobos, a quien ni defiendo, ni le hablo ni tengo ninguna amistad con él", afirmó Cisneros en el plenario.
La confrontación escaló días después, cuando la legisladora calificó como una "red de cuido" la contratación del hijo de Villalobos, en una plaza legal de Casa Presidencial.
"Sí, por supuesto, es red de cuido. Yo no estoy de acuerdo con eso", dijo Cisneros, quien endureció aún más su postura al agregar: "Sobre mi cadáver, de ninguna manera lo voy a hacer, porque yo no creo en eso", al referirse a la posibilidad de nombrar familiares en puestos públicos.
Las diferencias también se trasladaron al plano mediático y dejaron entrever tensiones que, según la propia diputada, se arrastran desde la campaña electoral. "Él y yo no tenemos nada en común. Yo le censuré durante la campaña muchas de sus manifestaciones que no tenían ningún sentido, más que encender la hoguera, en una campaña donde necesitábamos convencer a la gente de que la continuidad era importante", declaró al ser consultada por Repretel.
Ante esa caracterización, Villalobos respondió sin elevar el tono del conflicto, pero defendiendo su actuación dentro de la línea política del grupo. "Cuando una persona no quiere pelear, dos no pelean. Si ella quiere pelear, pues yo no voy a pelear", declaró el 12 de febrero a Noticias Repretel.
En esa misma entrevista, el diputado electo sostuvo que no recuerda haber recibido indicaciones de Cisneros ni haber desacatado alguna disposición, y rechazó actuar al margen de la estrategia partidaria, al insistir en que es disciplinado cuando recibe instrucciones "correctas, adecuadas, racionales y que convienen al país y a la estrategia del partido".
Un conflicto con antecedentes
El pulso entre ambos no es nuevo. En junio de 2025, Cisneros ya había desautorizado públicamente a Villalobos al negar que tuviera autoridad para revelar quién sería la candidatura presidencial del chavismo, antes de que finalmente se anunciara a Laura Fernández por el Partido Pueblo Soberano, quien resultó electa el 1.º de febrero.
"¿Quién es José Miguel Villalobos, qué papel tiene, aparte de estar llevando los asuntos legales del presidente? Que yo sepa, no tiene ninguna autoridad, ninguna relevancia, ninguna posición oficial como vocero", dijo entonces a Trivisión, marcando distancia sobre su rol político dentro del movimiento chavista que, junto con Rodrigo Chaves, ayudó a impulsar en su primera etapa.
Arquitectura del poder y reacomodos
Para el politólogo Carlos Carranza, el desmarque público de Cisneros respecto a la figura de Villalobos no es un gesto menor, porque incide directamente en la autoridad política real del diputado electo hacia la futura bancada y dentro del propio oficialismo, en momentos en que el chavismo transiciona hacia una etapa en la que tendrán no solo control del Poder Ejecutivo, sino también de la Asamblea Legislativa.
"En la medida en que ella no respalda a Villalobos ni le da credibilidad, le está restando relativamente una cuota de autoridad", advirtió. De acuerdo con el experto, esto puede influir en la definición de vocerías, liderazgos legislativos y figuras que se proyecten en espacios estratégicos como el Directorio del Congreso.
Carranza y Quirós coinciden, además, en que la naturaleza del chavismo —más cercana a un movimiento personalista que a un partido tradicional— favorece que los conflictos de liderazgo se expresen de forma directa, sin necesidad de pasar por canales formales.
"No es un partido con una estructura clara y precisa; el juego político se ha dado entre tres o cuatro actores con peso y los demás no aparecen con el mismo nivel de incidencia", señaló Carranza, lo que intensifica las disputas por legitimidad interna conforme el proyecto crece y se institucionaliza.
Ese proceso se cruza con un elemento estructural clave para la segunda etapa política: el eventual rol de Rodrigo Chaves como ministro de la Presidencia y eje de disciplina política del oficialismo.
Según Carranza, una figura presidencial con control directo de la coordinación política tendería a centralizar aún más la conducción sobre la fracción legislativa y a ordenar prioridades estratégicas.
El futuro de Pilar Cisneros
Además, el lugar de Cisneros podría experimentar un reacomodo en esta nueva etapa: al no formar parte de la futura bancada y ante una eventual centralización de la conducción en el Ejecutivo, su capacidad de incidencia formal sobre los diputados podría disminuir. "Por más que ella plantee posiciones, no necesariamente los diputados le van a hacer caso", añadió Carranza, sugiriendo un cambio en los equilibrios internos de influencia.
Quirós, por su parte, recordó que durante la primera fase del proyecto, Cisneros cumplió un papel central como legitimadora política y principal defensora del gobierno en el debate público, en una arquitectura de poder altamente concentrada junto al presidente.
Sin embargo, la expansión del movimiento y la incorporación de nuevas figuras con estilos, trayectorias y lealtades distintas generarían lo que el politólogo describe como "dolores de crecimiento", que dificultan la cohesión interna.
"Un proyecto que se ha expandido tan rápido tiende a incorporar grupos con historias y estilos muy distintos; mantenerlos alineados en prioridades, discurso y votaciones clave va a ser más difícil", indicó Quirós. Desde esa perspectiva, los roces visibles entre figuras cercanas al presidente podrían leerse como una señal temprana de ese desafío de cohesión y de la disputa por quién conduce el relato, la disciplina y la estrategia política del chavismo en su segunda etapa.