No solo ganaron la general individual con Anderson Maldonado, sino también la clasificación por equipos, Regularidad, Sub 23 y cinco de siete etapas.
El dominio del Náutico Boca del Cufré en las Rutas de Américano fue casualidad, sino el fiel reflejo de lo que viene siendo la temporada de ciclismo en Uruguay desde septiembre del año pasado.
Luego de conquistar la Vuelta Ciclista del Uruguay 2025, también con Anderson Maldonado en lo más alto de la general individual, el equipo maragato que dirige Juan José Ibarra realizó una fuerte inversión para armar un plantel sólido y volver a apuntar a lo más alto, pero esta vez de principio a fin del calendario.
"Tener un equipo de ciclismo no es redituable", admitió Ibarra en diálogo con Ovación, aunque es lo que lo desvela desde hace años, cuando competía junto a su hijo Juan Ignacio, hoy su mano derecha en la gestión y sobre todo la conformación del equipo.
El movimiento más fuerte del mercado de invierno fue la contratación de Leonel Rodríguez, el mejor embalador que tiene hoy el pelotón local, quien en temporadas anteriores ganó un sinfín de carreras defendiendo la camiseta del Club Ciclista Cerro Largo.
Dueño de un talento y una astucia notables para ubicarse y rematar el sprint en los últimos 200 metros, el vergarense dio la talla porque no solo ganó pruebas domingueras en Uruguay, sino también etapas en carreras que el club disputó en Brasil y Argentina, como la Vuelta a Santa Catarina en octubre y la Vuelta al Valle en noviembre. En esta última también ganó la "etapa reina" Ander Maldonado, con escalada incluida, un presagio de lo que ocurriría en Rutas días atrás.
El primer golpe que sufrió el equipo llegó en una de las competencias más icónicas del calendario: la histórica Doble Treinta y Tres-Melo. Aunque largaron la última etapa con la malla líder, la perdieron ante el argentino Sergio Fredes, del Club Ciclista Punta del Este.
La derrota caló hondo y sembró dudas sobre un equipo con muchos caciques y pocos indios de cara a las dos "grandes vueltas" del ciclismo uruguayo. Quizás por eso, días antes de largar Rutas, el club contrató al argentino y multicampeón en Uruguay Jorge Giacinti como director técnico, para no dejar ningún detalle librado al azar. "Lo convencieron entre Juani y Leo (Rodríguez, excompañero de Giacinti en Cerro Largo) para que viniera", reconoció Ibarra.
La hoja de ruta de la tradicional carrera de semana de Carnaval también generó debate en la previa. No solo por quiénes eran los favoritos, sino por la mejor estrategia ante un recorrido inusual y plagado de dificultades.
Con la subida al Penitente, luego al Ramallo y más tarde a Punta Ballena, la incógnita era si convenía ganar la crono inicial, que obligaba a correr toda la semana con cartas vistas. Imponerse en la contrarreloj condicionaba a un equipo a trabajar para defender el liderazgo, mientras los demás podían especular. Ese equipo no fue otro que el Náutico: aunque por apenas 33 centésimas, Agustín Alonso fue más rápido que Roderyck Asconeguy en Fray Bentos y se vistió con la primera malla líder.
La responsabilidad de tirar del pelotón no le pesó porque tenía equipo para hacerlo: además de los Maldonado, Alonso, Pablo Bonilla y Rodríguez, los líderes, hubo "tractorcitos" que dieron la cara cuando sus compañeros los necesitaron: Felipe Reyes, Robert Racedo y Elbio Alborzen. Más alguna colaboración que llegó de parte de equipos menores.
Solo algún escéptico podía dudar del favoritismo de un equipo tan equilibrado en todas las líneas. Aun así, había rivales capaces de complicarlo: el Dolores de Asconeguy, flamante campeón nacional de contrarreloj; el Armonía de Ignacio Maldonado, campeón defensor; el Punta del Este de Sergio Fredes; Alas Rojas; o el Cerro Largo, que aunque mantiene a Matías Presa en sus filas, perdió rueda en el pelotón tras un cambio generacional que concluyó su época más gloriosa.
Hoy el pelotón uruguayo cuenta con varios ciclistas fuertes que dieron batalla para que Rutas de América ofreciera espectáculo día tras día. Pero al final nadie pudo bajar al Náutico de la cima de la general, que ahora también va por la Vuelta Ciclista.
"Dirigir un equipo tan ganador como este, para tipos amantes del ciclismo como nosotros, es el sueño del pibe. Lo que nos desvela es algún día llegar a ser un club continental. Sabemos que es muy difícil y requiere más que solo buenos ciclistas, pero por soñarlo no perdemos nada", confesó Ibarra.