Jueves, 26 de Marzo de 2026

La fábrica de sidra olvidada que alguna vez transformó la vida en el Delta

ArgentinaLa Nación, Argentina 18 de enero de 2026

Cerrada y casi abandonada, ya no queda nada del ritmo febril que en la década del '40 tuvo la planta de sidra Real, sobre el arroyo Gallo Fiambre, en el Tigre En el Delta, a media hora de viaje en lancha desde la estación fluvial de Tigre, se encuentra la antigua fábrica de sidra Real , a orillas del arroyo Gallo Fiambre, cerca de la desembocadura del río Carapachay

Cerrada y casi abandonada, ya no queda nada del ritmo febril que en la década del '40 tuvo la planta de sidra Real, sobre el arroyo Gallo Fiambre, en el Tigre



En el Delta, a media hora de viaje en lancha desde la estación fluvial de Tigre, se encuentra la antigua fábrica de sidra Real , a orillas del arroyo Gallo Fiambre, cerca de la desembocadura del río Carapachay.

Se nota que fue abandonada hace mucho tiempo. Hoy, desde la lancha, entre la vegetación crecida y descuidada, emerge un galpón que se destaca por una estructura que sostiene un antiguo tanque de agua, muy alto, que seguramente abastecía a la fábrica. Es una fachada blanca grisácea, descascarada por el tiempo y el descuido, detenida en una quietud que parece venir de tiempos inmemoriales .

De hecho, cuando se consulta entre los lancheros y hasta con las autoridades de Tigre, desconocen el lugar. No pertenece al municipio, es una propiedad privada y no forma parte del circuito turístico. Solo ubican el sitio cuando, tratando de orientarlos, se les aclara que está situado lindante al convento franciscano , una construcción monumental de principios del siglo XX, que otrora fuera un centro de atracción de los isleños por su función educativa en oficios, además de impulsores de la producción frutihortícola de la zona.

La única referencia que se encuentra de la existencia de la fábrica es por un video en YouTube de Ariel Alfonzo , un joven artista plástico de 34 años que vive hace más de dos en el Delta, en lo que era la casa de su abuelo y que él visitaba de chico los fines de semana y los veranos. En una entrevista con LA NACION , contó que supo sobre la historia de la fábrica preguntando a los isleños vecinos porque quiere dar a conocer por sus videos "la belleza, la historia y cómo se vive en este lugar único" .

Esta edificación, en la década de 1930, provocó un fenómeno de desarrollo económico y de febril actividad para aquel paraje aislado . Se instaló al lado del convento para aprovechar la importante producción de manzanas y la logística fluvial que ya estaba consolidada por los franciscanos. La casa verde del bosque, así se conoció al hogar de los caseros del predio de la fábrica de sidra del Delta

En la fábrica procesaban la fruta que llegaba desde las quintas vecinas en embarcaciones sencillas de los lugareños, chatas y botes, sumando peones golondrina que llegaban para la cosecha. En esa época, la sidra era una bebida popular de consumo cotidiano , típica presencia en la mesa familiar, en los almacenes y clubes de barrio; era el trago que terminaba con la jornada laboral. La sidra representaba los saberes y tradiciones de los inmigrantes españoles e italianos , que habían traído los conocimientos heredados de la fermentación de manzanas y peras y la costumbre de su consumo diario.

Así la fábrica cambió radicalmente el lugar. Un espacio productivo disperso en quintas familiares, con una vida aislada, que se dedicaba a la horticultura como modo de supervivencia, se convirtió de pronto en un polo productivo y pujante , que hizo crecer no solo la actividad económica y laboral, sino que transformó la vida social en un hervidero de embarcaciones que iban y venían, acercando a vecinos que difícilmente habían sido conocidos hasta ese momento.

Nueva vida cotidiana

La década de 1940 comenzó rutilante para la actividad, anclando población por el pleno empleo , por las posibilidades crecientes de progresar, acercando a muchas familias a la orilla del arroyo Gallo Fiambre. La fábrica no era solo un edificio productivo, era un centro de la nueva vida cotidiana de los isleños.

Pero el fenómeno vital duró poco . Según las pocas crónicas que quedan, en 1946, por las crecidas extraordinarias, más prolongadas y severas que las habituales, por un período de lluvias intensas y sostenidas durante meses, aumentó el caudal del río Paraná y, ante la falta de infraestructura, se alteró el paisaje y su posibilidad productiva. El convento franciscano, que estaba cerca de la fábrica de sidra, conserva la capilla centenaria con su altar original y atrae a visitantes por su atmósfera de calma y valor arquitectónico

El agua barrió los montes frutales que tardaron años en recuperarse , las crecidas prolongadas hundieron a muelles y embarcaderos, la mayoría de madera, y el aumento del caudal del río modificó la traza de canales y arroyos, haciendo a la logística de navegación casi inaccesible.

Ante esas circunstancias, tan naturales como inevitables, la infraestructura industrial ribereña se vio enfrentada con la impotencia . El cambio drástico e irreparable, que terminó abruptamente con la producción de frutas y la logística del río, empujó a la población a migrar o a trasladar una actividad empequeñecida en busca de trabajo.

La fábrica había cerrado para siempre, trasladando su producción de sidra a las fértiles y amables tierras del Alto Valle de Río Negro . La zona se volvió silencio: muchas familias migraron a Tigre continental, a San Fernando o a otros lugares del conurbano bonaerense, dejando un paisaje de casas abandonadas, muelles en desuso y una infraestructura sin mantenimiento. Algunos se quedaron y constituyeron lo que hoy es la actividad del Tigre , que se reparte entre turismo y las características artesanías de mimbre.

En 2010, la Compañía Cervezas Unidas de Chile adquirió la empresa junto con varias marcas de cervezas, vinos y otras sidras, empleando a 1800 personas, con cinco plantas industriales y seis centros de distribución en el país.

La elaboración artesanal que caracterizó un tiempo de barrio, almacenes y clubes para tomar el aperitivo con los amigos, jugar a las cartas y charlar de la vida luego de un día de trabajo, pasó hace mucho tiempo a la historia , dejando el legado de la familia Real y de tantas otras que trajeron las costumbres, productos y comidas de sus tierras; los inmigrantes que crearon la Argentina.

En los vestigios de la planta industrial sobre el arroyo Gallo Fiambre, vive actualmente Laura Real, descendiente de la familia fundadora de la compañía . En diálogo con LA NACION , reconoció que la historia de la fábrica se perdió con la muerte de su padre, ocurrida hace dos años, quien era el que conservaba la memoria de aquel tiempo.
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