Saberes ancestrales, sabores inigualables
El mercado de bebidas espirituosas en Colombia atraviesa una transformación marcada por un consumidor cada vez más interesado en el origen y los procesos detrás de cada producto
El mercado de bebidas espirituosas en Colombia atraviesa una transformación marcada por un consumidor cada vez más interesado en el origen y los procesos detrás de cada producto. Más allá de las marcas, la conversación empieza a centrarse en la trazabilidad, la artesanía y el valor cultural que acompaña a los destilados premium. En este nuevo escenario, el origen del ingrediente principal cobra protagonismo. Factores como el tipo de suelo, la altitud, el clima o el proceso de maduración se han convertido en elementos diferenciadores que influyen tanto en el perfil del producto como en la narrativa que lo rodea. En el caso de los destilados elaborados a partir de agave, por ejemplo, se resalta cómo las características naturales del territorio aportan identidad y complejidad. Algo similar ocurre en otras categorías, donde la selección de barricas, la madera y el tiempo de añejamiento se presentan como parte esencial del resultado final. La herencia artesanal Esta mirada hacia el origen también ha puesto en valor prácticas tradicionales que durante años pasaron desapercibidas. La cocción lenta en hornos de ladrillo, los largos tiempos de añejamiento y la selección cuidadosa de materias primas son hoy elementos que conectan al consumidor con una herencia artesanal transmitida entre generaciones. "El objetivo es dar a conocer la versatilidad y sofisticación del tequila, acercando al consumidor colombiano a una experiencia premium que refleja la esencia de México", señaló Susana Rojas, gerente de Tequila Avión en Colombia. Desde la categoría del whisky, la narrativa apunta en la misma dirección. Según Ramón Cardona, embajador de The Macallan en Colombia, "ya no basta con tener una botella en casa: queremos entenderla, vivirla y compartirla", una afirmación que evidencia cómo el interés actual se centra en comprender la historia y el origen detrás de cada destilado. En ese contexto, el consumidor colombiano comienza a valorar la trazabilidad como una forma de acercarse a lo auténtico. Más que una tendencia pasajera, el regreso a la tierra y a los procesos ancestrales refleja un cambio cultural.