A 99 años de su fundación, el antiguo cine que funcionaba en la playa de Malvín vuelve para una función al aire libre. La memoria de los vecinos, la experiencia folclórica y las ruinas de un emblema.
La tormenta de la noche del martes dejó la playa Brava de Malvín prácticamente sin arena. La caseta de guardavidas, con bandera roja, quedó sobre el agua. Mientras, los vecinos pasean por la rambla como todos los días. Algunos se animan a caminar por la escasa arena. Son las nueve de la mañana del miércoles y en ese lugar, donde hoy se encuentra una bajada de hormigón hacia la playa y cerca de donde un grupo de personas están practicando kitesurf, hace casi un siglo se inauguraba un cine: el único cine al aire libre que tuvo Montevideo.
Hoy, de la infraestructura solo queda una placa recordatoria, en rambla O'Higgins y Michigan, de ese lugar que tuvo fines sociales y marcó, para muchas generaciones, el paisaje de esa playa.
"El cine auditorio Malvín, conocido por los vecinos como el "cine de la playa", fue inaugurado el 27 de febrero de 1927 y respondía a la necesidad de financiar el comedor de la Escuela Experimental de Malvín. Consistió inicialmente en una casilla de madera y en 1945 se construyeron gradas y cabina de mampostería. La demolición se realizó en 2017", dice la placa ubicada en la rambla.
Hoy, a nueve años de su completa desaparición, el cine vuelve por una noche a esa playa. Será este viernes y los únicos requisitos son ir con silla playera y un abrigo. La actividad comienza a las 20.00, tendrá palabras de autoridades municipales y de la directora Lucía Garibaldi, y finalmente a las 21.00 se proyectará su premiada película Los tiburones.
La exhibición se integra al programa "Verano de Película" de ACAU. Se trata de un ciclo especial del catálogo de cine y audiovisual uruguayo que reúne algunos títulos nacionales; hay películas en Antel Tv, Youtube y en salas itinerantes.
"Quizás el año que viene, que se cumplen los cien años del cine, se pueda hacer algo un poco más consolidado", dice Ana Laura Rocco, de ACAU, a El País.
https://www.youtube.com/watch?v=Wf3KuDWe3VA ***
Uruguay ha sido un país cinéfilo desde los inicios del séptimo arte. Un 18 de julio de 1896 (seis meses después que los hermanos Lumiere patentaran el cinematógrafo), la familia Roosen-Regalía proyectaba en su casa, hoy el Museo Romántico, la primera película en nuestro país. Era, precisamente, una de los hermanos Lumiere.
Desde entonces, los cines no pararon de crecer y para 1927 había salas cinematográficas dispersas en varios barrios de Montevideo.
Fernando García tiene 78 años y, como todas las mañanas, hace ejercicio por la rambla de Malvín. Se acuerda perfecto de la estructura y de la platea del cine, ya desaparecidas. "Era todo de material y esto es el cambio climático", dice señalando la playa casi sin arena. "Me acuerdo que en 2017 se demolió, solo quedaba el vestigio, y era un peligro porque había pedazos de mampostería y hormigón. Hay gente que dice: cómo van a tirar un cine, y no lo tiró nadie, se tiró solo. La erosión misma fue comiéndolo".
"Me acuerdo de venir a garronear, porque se cobraba entrada. La caseta donde se proyectaban las películas también era la boletería. Solo se proyectaban películas en verano, dos o tres por noche: del Gordo y el Flaco, de Chaplin, de cowboys", comenta.
Marcelo de la Fuente nació y pasó su juventud en Michigan casi la Rambla, por lo que "la pantalla" no solo era la estructura visible del cine: era un punto de encuentro. Hoy, con casi 60 años, y como varios vecinos consultados, reconoce que se extraña ver la arquitectura que marcó por años ese lugar. "No veo la playa que veía hace un tiempo", agrega De la Fuente, que recuerda que después de los setenta, la estructura fue deteriorándose, hasta quedar en una situación tan ruinosa que se convirtió en un peligro para los vecinos.
"De gurises íbamos al cine y si pasaban uno o dos autos te iluminaban la pantalla y no veías nada", dice. También cuenta que pese al atractivo de la experiencia, el lugar no atraía a miles de personas, y si bien algunos pagaban la entrada, otros se sentaban en la playa o en otras partes de la rambla para ver la función gratis. Recuerda haber visto dos películas en ese cine: Rey Pelé (que se proyectó en 1962, año que el futbolista brasileño se perdió el Mundial por una lesión), y Orfeo Negro, "una película muy buena sobre el carnaval brasileño".
La oferta, opina, no era la mejor: "Tenía cosas generalmente de tercera, por lo que no pasaba de ser un entretenimiento de un rato de noche, y poca gente", dice.
Hoy, a pocas cuadras de donde se alzó la pantalla, se encuentra un local gastronómico que evoca al cine de la playa. "Para nosotros, más allá del cine, el lugar geográfico para encontramos en la playa era la pantalla. '¿Por dónde bajás?', 'A la altura de la pantalla', 'De este lado de la pantalla'. No nos expresábamos en cuanto a ubicación por el cine, sino por la pantalla", agrega el vecino.
Elena Alonso tiene 93 años y recuerda muy bien el cine de la playa, mayoritariamente usado por vecinos del barrio. Era joven, vivía a unas cuantas cuadras e iba caminando, como casi todo el mundo. Jamás pagó una entrada: "No tengo noción de lo que valía, porque siempre me senté o en el muro o en la arena, como hacían casi todos", dice.
"Los asientos no eran nada cómodos. No eran butacas, eran asientos largos, como ponen los clubes, y muy duros. Daba tanto sentarte ahí como en la arena. La comodidad era igual porque respaldos tampoco había", agrega. Recuerda haber visto algún western, porque para los estrenos iba a las salas convencionales de cine.
También tiene muy presente que las noches eran muy lindas en ese lugar, y que la gente disfrutaba de toda esa experiencia, de "una cosa media folclórica", y el paseo inevitable para hacer en el verano. "Otra cosa que tenía muy interesante era que los niños andaban atrás del vendedor de Cande, que no faltaban ni ahí ni en el estadio, como con el de los helados y el de los panchos".
***
El cine de la playa de Malvín fue el único cine al aire libre que tuvo Montevideo. En Montevideo hubo experiencias a cielo abierto en el Carrasco Lawn Tennis, en el Estadio Centenario, en el Teatro de Verano y en Instrucciones y Camino Edison, pero siempre por temporadas cortas. Y en Punta del Este funcionó un autocine.
También se han realizado proyecciones de cine a cielo abierto en La Pedrera, en el antiguo Patio Norte del Espacio de Arte Contemporáneo, en el Parque Artigas de Las Piedras y en el Dique Mauá. Las únicas experiencias de cine a cielo abierto que continúan en pie son el Festival Internacional de Cine de José Ignacio, que se realiza todos los veranos, y la propuesta de EfectoCine, que consiste en una pantalla itinerante que viaja por distintos lugares.
Pero lo de Malvín fue distinto: tenía una platea de hormigón y ladrillo construida sobre la misma playa y era parte del paisaje, de la vida del barrio, una referencia y un punto de encuentro. Hoy no queda nada de eso, pero el cine de Malvín vuelve por una noche. Y las estrellas estarán en la pantalla, pero también en el cielo.