Domingo, 01 de Marzo de 2026

La transición productiva que revelan las cifras de la balanza comercial

ColombiaEl Tiempo, Colombia 1 de marzo de 2026

Ministra de Comercio, Industria y Turismo - especial para el tiempo
Análisis Diana Marcela Morales
En 2025, Colombia alcanzó el nivel más alto de exportaciones de su historia: 50

Ministra de Comercio, Industria y Turismo - especial para el tiempo
Análisis Diana Marcela Morales
En 2025, Colombia alcanzó el nivel más alto de exportaciones de su historia: 50.200 millones de dólares. Este resultado no es simplemente un récord estadístico; constituye una señal estructural sobre la dirección que está tomando nuestra economía. La expansión total de las exportaciones fue de 1,3 por ciento frente a 2024. No obstante, el elemento de mayor relevancia no es el volumen total, sino la transformación en su composición. Las exportaciones no minero-energéticas crecieron 20 por ciento y representaron el 52,6 por ciento del total exportado, la participación más alta desde que existe esta clasificación. Más de la mitad de nuestras ventas externas ya no dependen del ciclo de consumo y de la especulación en los mercados de hidrocarburos. Este desplazamiento refleja una modificación progresiva del patrón de especialización externa del país. Persistir en un esquema primario-exportador implica someter la estabilidad macroeconómica a la volatilidad de los términos de intercambio, fenómeno ampliamente documentado en economías dependientes de commodities. Durante décadas, nuestra estructura exportadora estuvo anclada a esa lógica rentista y extractiva. La orientación actual es distinta: avanzar hacia una economía con mayor integración industrial, mayor transformación productiva y mayor generación de valor agregado interno. En 2025, los precios internacionales del petróleo cayeron 14,5 por ciento frente a 2024 y los del carbón 20,4 por ciento, lo que incidió en la reducción de 13,6 por ciento de las exportaciones minero-energéticas. La menor contribución del sector extractivo responde tanto al ciclo externo como a una recomposición deliberada de la canasta exportadora. Las cifras muestran que la apuesta por la industrialización comienza a evidenciar resultados. La agroindustria —producción transformada que incorpora procesos industriales y encadenamientos internos— representó el 15 por ciento de las exportaciones no minero-energéticas, alcanzó 3.965,8 millones de dólares y creció 31 por ciento. En volumen, se exportaron 2,22 millones de toneladas, un aumento de 26,1 por ciento. La expansión simultánea en valor y cantidad confirma un fortalecimiento real de la capacidad productiva. La manufactura también registró un crecimiento de 4,8 por ciento, consolidando una recuperación industrial tras años de contracción. Un ejemplo significativo es el sector automotor: las exportaciones de vehículos producidos en Colombia crecieron 43,2 por ciento en 2025, reflejando la reactivación de capacidades industriales con vocación externa y la recuperación de una base productiva que había perdido dinamismo. La agricultura igualmente evidencia un desempeño relevante dentro de esta recomposición. Más allá de la producción primaria tradicional, su dinamismo se articula crecientemente a cadenas de transformación y exportación, ampliando su contribución al nuevo perfil exportador del país y fortaleciendo encadenamientos regionales con mayor sofisticación productiva. A esta recomposición de bienes se suma un fenómeno igualmente significativo en el frente de servicios. El turismo representa hoy el 15 por ciento de las exportaciones totales y se ha convertido en el segundo renglón de generación de divisas, superando al carbón y al café. No es simplemente un sector dinámico, es parte de una transformación más amplia en la naturaleza de nuestras exportaciones. La expansión del turismo implica exportar territorio, cultura, biodiversidad y servicios con alto encadenamiento interno, con impacto directo en empleo regional y desarrollo productivo. Desde una perspectiva macroeconómica, el fortalecimiento de las exportaciones de bienes transformados y servicios contribuye a reducir la exposición cíclica asociada a los commodities y a diversificar las fuentes de generación de divisas, consolidando una estructura externa más equilibrada y al interior del país una mayor equidad, fomentado la participación en las exportaciones por parte de nuevos actores. La lectura del comercio exterior debe hacerse de manera integral. En 2025, las importaciones alcanzaron 70.502 millones de dólares, con un crecimiento de 10 por ciento. La clave reside en su composición: el 46,3 por ciento correspondió a materias primas y productos intermedios, y el 26,1 por ciento a bienes de capital y materiales de construcción. Más del 70 por ciento de las importaciones están directamente vinculadas a procesos productivos. Las importaciones de bienes de capital para la agricultura crecieron 23,6 por ciento, y las de maquinaria, equipos y herramientas para la industria, 32 por ciento. Este comportamiento se corresponde con el incremento de 9 por ciento en la formación bruta de capital fijo en maquinaria y equipo registrado en el PIB. Desde la teoría del desarrollo productivo, el aumento en la importación de bienes intermedios y de capital no constituye un signo de fragilidad externa; por el contrario, es expresión de una fase de acumulación ampliada del capital productivo, mediante la cual se fortalece el acervo tecnológico y se amplía la capacidad instalada, cuya expansión constituye la base sobre la cual se consolida una inserción en el comercio internacional de mayor valor agregado. En otras palabras, parte del desbalance externo responde a inversión necesaria para ampliar la frontera productiva del aparato económico. En paralelo, el sector automotor refleja otra dimensión de la transformación económica: la transición tecnológica. Las importaciones de vehículos de transporte particular crecieron 43,9 por ciento, dentro de las cuales destacan los vehículos eléctricos e híbridos. Entre 2022 y 2025, el registro de vehículos eléctricos aumentó 527 por ciento, y las importaciones de híbridos crecieron 77,4 por ciento. En coherencia con esta recomposición, las importaciones de combustibles, lubricantes y productos conexos se redujeron 6,3 por ciento. La dinámica del comercio exterior de Colombia no obedece a un ajuste espontáneo del mercado, sino que es el resultado de decisiones de política pública. El ajuste arancelario para desincentivar la importación de vehículos de combustión y la creación de condiciones para atraer inversión en movilidad sostenible y transición energética buscan modificar gradualmente la estructura de la demanda y, en el mediano plazo, la estructura productiva nacional. La participación de China en las importaciones de vehículos pasó de 5 por ciento en 2015 a 27 por ciento en 2025, reflejando su liderazgo global en tecnologías limpias. La estrategia, no obstante, no se limita a importar tecnología: apunta a promover un ambiente propicio para la industria y los negocios sostenibles, a atraer inversión, a la transferencia tecnológica y el aumento de la capacidad productiva local que contribuya a equilibrar estructuralmente la relación comercial. Finalmente, la fortaleza del peso colombiano durante el último año y su revaluación creciente frente al dólar introduce un elemento adicional: una moneda apreciada abarata importaciones, pero reduce el ingreso -en términos de moneda local- derivado de las exportaciones, impactando los saldos comerciales en términos nominales. Sin embargo, el análisis estratégico no puede reducirse al resultado contable. Las economías que atraviesan procesos de cambio estructural suelen experimentar tensiones transitorias en su frente externo mientras madura la nueva base productiva. Las cifras de 2025 muestran una economía que reduce gradualmente su dependencia extractiva, fortalece su base industrial, incrementa la acumulación de capital y avanza en la transición energética. Ese ha sido el camino de las economías que, en la segunda mitad del siglo XX y en el siglo XXI, se han encauzado en sendas sostenidas de crecimiento material y desarrollo social. En 2025, los datos permiten afirmar con rigor: la balanza comercial no solo registra un saldo; está reflejando una transformación estructural en marcha.
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