Un balance negativo
Se decidió un incremento de la presión fiscal cercano de más de 900 millones de dólares.
Al cumplirse el primer año del gobierno de Yamandú Orsi es posible extraer algunas conclusiones de lo que podremos esperar para el quinquenio, en base a lo realizado y lo no realizado. En materia económica es claro que las novedades han restado al crecimiento y, consecuentemente, vamos camino a una situación muy similar al estancamiento.
Al comienzo del gobierno existieron algunas señales auspiciosas sobre reformas procompetencia, simplificación de burocracia y reducción de costos. Nada de eso llegó ni en la ley de presupuesto ni en otras iniciativas pese a los reiterados anuncios. Obviamente aún pueden llegar reformas de esas características, pero a medida que pasa el tiempo y ya transcurrido el año más fértil para introducir cambios es razonable esperar pocas concreciones.
Lo que si se concretaron fueron iniciativas negativas, algunas muy difíciles de entender como la derogación de la regla fiscal y de la regla para fijación de los precios de los combustibles. En un mundo dónde hace décadas que los países civilizados avanzan hacia reglas claras que reduzcan la discrecionalidad política de las decisiones de política económica hemos dado varios pasos hacia atrás, que tienen consecuencias. Si el único argumento que se esgrime es recuperar capacidad para manejar sin limitaciones el gasto público y hacer caja con los combustibles el asunto es todavía peor.
Dentro de lo negativo debe incluirse la inexplicable decisión de que no era posible tocar un solo peso del gasto público y sólo era posible revisarlo al alza. Otro elemento que embrutece la política económica en general y la fiscal en particular. A lo que debe agregarse que se decidió un incremento de la presión fiscal cercano de más de 900 millones de dólares entre nuevos impuestos, ajustes de tarifas, combustibles, cambios en el Fonasa, entre otras medidas. En un país que ya tenía la presión fiscal a tope evidentemente quitarle esos recursos de los bolsillos de los contribuyentes contribuye a la desaceleración de la economía.
Lo cierto es que cuando conozcamos el dato oficial de evolución del PIB sabremos que crecimos sustancialmente menos de lo planteado en el presupuesto, un yerro importante tratándose de una estimación realizada con parte del año ya en curso y en línea con lo afirmado por la gran mayoría de los analistas. Las consecuencias en el terreno fiscal serán sensibles, así como en el empleo ante la marcada pérdida de dinamismo.
Y, finalmente, en el terreno de la discusión de las políticas ya no sólo existe falta de iniciativas sino, directamente, un debate cambalachesco, con el problema de que las propuestas provienen de ministros de Estado o senadores de la República. La propuesta del Ministerio de Trabajo sobre los avisos de despidos ya está teniendo efectos negativos y es sólo un ejemplo de las señales que han contribuido a empeorar el clima de negocios.
El primer año de un gobierno suele marcar rumbo, es difícil hacer pie cuando se empieza mal, aunque no es imposible y en la medida de lo posible todos debemos contribuir aunque sea desde el análisis de la realidad. Ojalá que el gobierno tenga la capacidad de corregir los errores y lograr reformas en el sentido de lo que el país necesita. Hoy estamos en punto muerto y con varios jerarcas empujando el auto hacia la bajada.