La transición de la economía que amenaza la productividad
La economía colombiana atraviesa una transformación estructural que, lejos de parecer una transición ordenada hacia actividades más sofisticadas, comienza a mostrar señales de alerta por el apalancamiento en motores que generan un repunte inmediato, pero a futuro no dejan una base sólida que impulse la competitividad
La economía colombiana atraviesa una transformación estructural que, lejos de parecer una transición ordenada hacia actividades más sofisticadas, comienza a mostrar señales de alerta por el apalancamiento en motores que generan un repunte inmediato, pero a futuro no dejan una base sólida que impulse la competitividad. En las últimas dos décadas el país no solo ha perdido peso industrial, sino que el espacio dejado por la manufactura no ha sido ocupado por servicios de alta productividad, sino por sectores de menor complejidad económica y fuerte dependencia del consumo interno y del gasto público. Así lo revela un reciente análisis del Centro de Estudios Económicos Anif, que muestra que entre 2005 y 2025, la participación de la industria manufacturera en el PIB pasó de 16% a 9,9%, lo que representa una pérdida del 38% de su tamaño relativo en veinte años. La caída equivale a una tasa promedio de reducción anual de -2,3% y, según el informe, no responde a un ciclo económico puntual, sino a un proceso estructural que ha atravesado distintos momentos de expansión y desaceleración. "En paralelo, el sector servicios amplió su participación de 56,7% a 62,5% del PIB. A primera vista, podría interpretarse como un proceso de terciarización natural, similar al que experimentaron economías desarrolladas al madurar su aparato productivo. Sin embargo, la dinámica colombiana dista de ese patrón", indicaron al respecto. Para los expertos, "el crecimiento promedio anual de los servicios fue de apenas 0,5%, muy por debajo de la velocidad de contracción industrial, lo que indica que la recomposición no es simétrica". En otras palabras, Colombia no crece aceleradamente en servicios sofisticados; está perdiendo industria sin que el sector terciario avance al ritmo suficiente para compensar esa caída y el resultado apunta a una economía más orientada a servicios, pero no necesariamente más productiva ni más compleja. Acá también hay que decir que entre los subsectores que más han aumentado su participación figuran comercio, alojamiento y servicios de comida, actividades tradicionalmente asociadas con baja productividad y altos niveles de informalidad y aunque también crecen actividades profesionales y de apoyo, estas suelen ser intensivas en habilidades y no absorben con facilidad la mano de obra menos calificada desplazada por la industria. Más preocupante es la tendencia decreciente de información y comunicaciones, uno de los sectores que la literatura económica identifica como clave para reemplazar parcialmente el rol de la manufactura por su intensidad en capital, productividad y formalidad. El segmento pasó de representar 3,5% del PIB en 2005 a 2,3% en 2025, lo que sugiere que el país no está consolidando un núcleo robusto de servicios transables de alto valor agregado. Administración pública, educación, salud y entretenimiento ganan participación, lo que indica que una proporción relevante del crecimiento terciario está siendo sostenida por el gasto público y el consumo interno, más que una transformación productiva orientada a exportaciones o encadenamientos complejos. A la par de esta terciarización incompleta, el sector agropecuario ha ganado dinamismo; ya que entre 2005 y 2025 registró un crecimiento promedio anual de 1,6% en su participación relativa.