El joven emprendedor que no se tomó días libres en tres años e hizo fortuna con el desarrollo de IA
Brendan Foody cofundó en EE.UU. Mercor, una empresa especializada en IA aplicada en recursos humanos que lo llevó a transformarse en multimillonario
Con solo 22 años, el estadounidense Brendan Foody se convirtió en un nuevo multimillonario y, al lograrlo, conquistó otro hito: desbancó a Mark Zuckerberg como la persona más joven en la historia en alcanzar ese estatus. El CEO y cofundador de Facebook (hoy Meta) ingresó a ese exclusivo «club» hace dos décadas, cuando tenía solo 23 años.
La juventud y una fortuna de nueve ceros no es el único rasgo que comparten ambos: como «Zuck», Foody abandonó la universidad para emprender junto a sus amigos Adarsh Hiremath y Surya Midha. Hijos de ingenieros en software, los tres crecieron inmersos en un mundo de tecnología, y el emprendedurismo también estuvo cerca. En el caso del padre de Foody, en los años 90 fundó una empresa de interfaces gráficas, para luego incursionar en la asesoría de startups.
El proyecto que los catapultó a la cima es Mercor, una empresa de inteligencia artificial (IA) enfocada en recursos humanos y que se convirtió en un «unicornio». El 22 es un número significativo para el trío: además de su edad, es la cuota de participación que cada uno posee en la compañía.
En 2023, los tres amigos crearon Mercor, una plataforma que conecta perfiles profesionales con empresas que buscan talento y permite seleccionar y contratar colaboradores de forma rápida.
Los candidatos solo deben postular su perfil una vez en la herramienta para que la IA haga el resto y los vincule de forma automática con compañías que estén en busca de profesionales con sus habilidades y capacidades.
La empresa nació con el objetivo de conectar ingenieros indios con empresas de EE.UU. que necesitaban programadores freelance. Sin embargo, con el desarrollo de la plataforma el abanico de profesionales se amplió.
Con sede en San Francisco, Mercor comenzó como un canal digital de reclutamiento de talento en el que los candidatos podían realizar entrevistas simuladas con avatares de IA. No obstante, la incursión en el etiquetado de datos llevó a los tres emprendedores a desarrollar un negocio mucho más grande, lo que les permitió atraer a grandes inversores y edificar sus fortunas.
Startup millonaria
Foody y sus socios deben parte del éxito de Mercor a su paso por el programa de becas del multimillonario inversor Peter Thiel, que apoya con hasta US$ 100.000 anuales a jóvenes que deciden emprender y renunciar a sus estudios universitarios.
La apuesta fue riesgosa, pero rindió sus frutos: hoy la startup está valuada en US$ 10.000 millones. La empresa alcanzó esa cifra luego de recibir, en noviembre del año pasado, US$ 350 millones en una ronda de financiación liderada por el fondo de capital de riesgo Felicis Ventures, en la que además participaron inversores reconocidos como Benchmark, General Catalyst y Robinhood.
Para Foody, el hecho parecía surrealista. «Supera con creces nuestras expectativas más descabelladas, en la medida en que podríamos haber anticipado algo así hace dos años. Es una locura», le dijo a Forbes.
En marzo de 2025 Mercor facturó US$ 100 millones y en noviembre escaló a US$ 500 millones. La noticia se hizo eco en Silicon Valley, donde la empresa nació, no solo por su velocidad de crecimiento, sino también por la juventud de los emprendedores.
La fortuna estimada de Foody, quien se desempeña como CEO, asciende a US$ 2.200 millones, según Forbes. En tanto, Hiremath es el director de tecnología y Midha, el presidente del Consejo de Administración.
Sin descanso
Las jornadas laborales de Foody son tan extensas como exigentes, y se inspiran en la cultura china «996» en la que se trabaja de 9 a 9 seis días a la semana. «Lo más importante es asegurarme siempre de ver el impacto de lo que hago, el retorno que tiene invertir una gran cantidad de tiempo», explicó a la revista Fortune.
Esa forma de entender el compromiso con su empresa lo ha llevado al extremo de no tomarse un día de descanso en tres años.
«Generalmente la gente se agota no solo por trabajar duro, sino por hacerlo en algo que no les resulta enriquecedor. Cuando empecé Mercor, se convirtió en una obsesión. No puedo dejar de pensar (en la empresa) incluso si estoy cenando con mis padres. Realmente no puedo tomarme un día libre, porque siento un impulso de volver a ello», reveló.
Esa filosofía le ha dejado una lección que compartió con otros emprendedores: «Encontrar lo que les obsesiona y en lo que pueden dedicarse plenamente es una de las cosas más importantes», sentenció.