Viernes, 06 de Marzo de 2026

¡Otra vez nosotros mismos!

UruguayEl País, Uruguay 6 de marzo de 2026

Sesiones como la del domingo indican que podemos reconstruir las coincidencias.

El domingo 1º de marzo se formularon pronunciamientos que nadie serio puede tomar a la chacota. La Cámara de Representantes, pasando por encima del feriado dominical, sesionó para elegir Presidente del cuerpo. Aplicó el hábito de rotación anual entre partidos: al haber cesado el 28 de febrero el frenteamplista Sebastián Valdomir, gubernistas y opositores votaron juntos al diputado blanco Rodrigo Goñi.

Con ese Orden del Día, la sesión pudo haberse comprimido en 10 minutos exprés. Pero no. Duró más de 4 horas, porque más de la mitad fundó su voto, con reconocimiento a la labor y la paciencia del saliente y con realce de las virtudes del entrante. Conservando la identidad y subrayando las distancias, se cruzaron los encomios por encima de los lemas.

Se habló de Goñi como persona, como cabeza de familia, como hombre de fe católica y rotundidad en sus convicciones, al mismo tiempo que hombre de Derecho de quien se espera rigor e imparcialidad. En múltiples momentos, el lenguaje subió a niveles de caballerosidad que nos trajeron a la memoria qué verde era nuestro valle antes que lo atropellaran los malones liberticidas de guerrilla y dictadura.

En ese clima, unos y otros aludieron al desprestigio de la democracia que siembran algunos y a la necesidad de fortalecer las instituciones en bien de todos. Lo cual no sólo merece compartirse, sino celebrarse y exaltarse, porque, en una época signada por atropelladores sin freno, más allá de la charanga callejera que el sábado defendió lo peor de la Cuba dictatorial castrista, a la hora de las definiciones conceptuales los Representantes Nacionales se unen como cuerpo para sostener la legalidad y la libertad.

Por sufrimiento y por acumulación histórica, sesiones como la del domingo indican que podemos reconstruir las coincidencias conceptuales que le infundieron principios y grandeza a la República en los quince años siguientes a la Paz de 1904. Más aun: nos imponen la responsabilidad de profundizar las coincidencias, no sólo proclamando convicciones de base sino dándoles vida, impulso y motor a nuestro modo de vivir la legalidad y la libertad.

Con la humanidad desorientada y en llamas, no es momento para dejar que las palabras se ahuequen y se esfumen. Si a partir del caos primitivo el principio del cosmos fue el logos -el verbo, la palabra sensatamente discurrida-, a partir de este caos cuasi terminal en que chapoteamos, el orden debemos reconstituirlo revisando conceptos para salvar lo mejor de lo humano, a pesar de todo

Para ello es bueno que hasta los admiradores de dictaduras de izquierda o derecha, en el Uruguay se declaren del lado de la legalidad y se sientan cultores de la libertad. Es un punto de encuentro necesario, pero no basta.

No basta, porque para sacudirnos la modorra cortoplacista que nos tiene en noria, se requiere no sólo la aceptación intelectual de los principios democráticos, se requiere un estado de alerta ciudadano, una vibración con los dolores de los semejantes y una voluntad dirigida no sólo a la supervivencia o el éxito material, sino decidida a librar batalla para construir justicia.

Para eso, debemos recuperar los reflejos de la conciencia, de modo que el pensamiento se vuelva acción por gesto natural del órgano que más debemos fortalecer en lo personal y lo público: el espíritu.



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