A días de los Oscar, el director Kleber Mendonça Filho habla de la película brasileña que compite en cuatro categorías. Una charla sobre poder, justicia y el presente del cine brasileño.
Habla pausado, sin levantar mucho la voz y con un leve acento brasileño. Al inicio de la charla vía Zoom con El País, el cineasta Kleber Mendonça Filho se anima a saludar y a decir unas palabras en español, aunque prefiere seguir en inglés. Su aplomo contrasta con el presente de un director que en los últimos meses pasa de ciudad en ciudad, entre alfombras rojas y entregas de premios.
Está conectado para hablar de El Agente Secreto, la película que no solo aspira a llevarse el Oscar a mejor película internacional, también pelea por mejor actor (Wagner Moura), el flamante premio al casting y el más preciado: mejor película. Por segundo año consecutivo, Brasil integra la lista de nominados al premio más importante del cine.
El realizador oriundo de Pernambuco y de 57 años comenzó en la prensa. Fue periodista y crítico de cine, creó el portal CinemaScópio, y comenzó haciendo cortometrajes y documentales en 2002. En 2012 estrenó la película El sonido alrededor (O som ao Redor) que lo convirtió en una cara conocida de los festivales. Le siguieron el drama Aquarius (2016) con una Sonia Braga quijoteando por la construcción de un rascacielos, y la distópica Bacurau que ganó el premio del jurado en Cannes. Su nueva película aspira a cuatro premios Oscar, cuya ceremonia será el 15 de marzo.
De El Agente Secreto, política, justicia y la actualidad del cine brasileño es esta charla con el director Mendonça Filho.
https://www.youtube.com/watch?v=YxvymcujX14 La primera escena de la película es brutal: un cuerpo pudriéndose en la calle y policías más interesados en una coima que en investigar. ¿Quería que el público entendiera desde el primer minuto que, en este mundo, la ética está en descomposición? Tuve esa idea durante muchos años: comenzar esta película con la secuencia de la estación de servicio. Y creo que una buena idea, en términos narrativos, primero tiene que existir como eso, después uno puede pensar en qué significa. Me gusta mucho el escenario, el lugar: una estación de servicio aislada. Me gusta esa secuencia que nos presenta al personaje de Wagner, Armando. Me gusta el tipo de la estación de servicio, el empleado; me gustó mucho. Y también me gusta la idea del cuerpo descomponiéndose.
También me gusta la idea del Carnaval, porque desde niño siempre le tuve fascinación y miedo. Fascinación porque es increíble, realmente algo espectacular, particularmente el Carnaval de Pernambuco, de donde vengo. También juega con muchos géneros: hay máscaras, música, alegría y al mismo tiempo una exageración de todo lo que somos como seres humanos.
Y el Carnaval en Brasil y especialmente en mi región, detiene a la sociedad. Está por empezar y uno sabe que cualquier problema se resolverá después del Carnaval. Y la idea de este cuerpo, dejado durante días sin que nadie venga a recogerlo, es muy creíble. Particularmente en 1970, sin WhatsApp ni tecnologías de comunicación.
La otra cosa que hice fue incorporar algo que me pasó. Me detuvo la policía un Miércoles de Ceniza, hace unos 30 años. Yo era un conductor joven y el policía empezó a revisar una lista de cosas que podrían estar mal en mi auto. Le dije que no había nada malo con mi auto, a lo que se acercó y dijo: "Bueno, dame cualquier cosa". Fue una situación realmente desagradable y pensé que debía usarla en la película.
Así que me gusta la secuencia, pero también lo que significa: que la corrupción tiene una forma muy penetrante y brutal de manifestarse. También me gusta el hecho de que la palabra "corrupción" ni siquiera aparece en la película, pero se puede sentir la filosofía de la corrupción.
En la película, la justicia parece ser más un privilegio que un derecho. ¿Siente que es una lógica que hoy sigue vigente? Creo que eso siempre es un problema en cualquier sociedad. Desde Estados Unidos hasta Brasil, como en muchos países de América Latina. Pero quiero creer que en Brasil hemos tenido demostraciones de que la justicia existe y a menudo se manifiesta como tal. Pero el sistema de justicia es muy imperfecto. Y, por supuesto, en mi sociedad y en muchos países de América Latina el sistema de clases establece la manera en que la justicia puede aplicarse a algunos, pero no a otros.
Hay un momento fuerte en la película: una mujer burguesa es responsable de la muerte de un niño. Y todo el sistema se organiza de una manera que la ayuda a atravesar algo que parece un proceso judicial, pero que en realidad es un proceso teatral. Y lamentablemente he visto eso muchas veces en Brasil. Particularmente y tengo que decírtelo todo el teatro alrededor de aquellas acusaciones ridículas contra Lula, hace unos siete años, cuando fue incriminado y acusado de las cosas más bizarras, realmente se sintió como una presentación teatral ridícula. Parecía justicia, pero no lo era. Así que creo que en toda esa secuencia tenía en mente todo ese proceso. Y, por supuesto, cuando uno mira en la literatura, Kafka es probablemente el autor que realmente captó lo absurdo de ese teatro de la justicia. El proceso es un libro maravilloso que también fue transformado en una gran película en 1962. El teatro de la justicia es algo muy inquietante y creo que es una de las ideas de esta película.
Es una película sobre el poder y sobre cómo las personas lidian con él. ¿Qué le interesa más: el poder institucional o el cotidiano, el que se ejerce en gestos pequeños y aparentemente ordinarios? Creo que ambos, pero a menudo en mis películas pienso en las pequeñas demostraciones de poder, desde mi primera película. La situación en El agente secreto no trata realmente del gobierno persiguiendo al personaje de Wagner. La situación es la de un hombre muy poderoso, muy cercano a los poderes del gobierno, que utiliza su poder personal básicamente para atacar a alguien que no le gusta. Así que trata sobre el sistema de poder, pero no es realmente Wagner contra el gobierno. Su personaje es un hombre que usa el poder de una manera muy brutal y egoísta. Creo que todos los días en nuestras vidas somos testigos de situaciones en las que el poder se usa mal, de una forma que no es justa para personas más débiles o más pequeñas. Y encuentro en eso una fuente enorme de drama para el cine.
¿Le preocupa que algunos espectadores puedan romantizar la dictadura? ¿Al ver El agente secreto? Mucha gente lo hace. Algunas personas romantizan el viejo sur de Estados Unidos, otras a Stalin y la Unión Soviética, y otras la dictadura en Brasil. Conozco a muchas personas que piensan eso; dicen que "antes las cosas eran mejores". Pero es algo sobre lo que no tengo control. De hecho, cuando el último presidente llegó al poder, sentí muy claramente que él y su gente romantizaban la dictadura todo el tiempo. Trajo militares para puestos clave del gobierno. Parecía que esos viejos hombres querían revivir sus años dorados. Eso es lo que parecía. Y es una idea absurda, porque vivimos en el siglo XXI y conocemos el sabor de la democracia. Brasil es una nación democrática y muchas de sus ideas eran completamente antidemocráticas. Así que, sí, para responder a tu pregunta: no tengo miedo, solo estoy observando lo que hace mucha gente.
El año pasado Walter Salles ganó el Oscar a Mejor Película Internacional. Ahora su película compite con fuerza en varias categorías. ¿Estamos viendo una nueva edad dorada del cine brasileño? La edad dorada tiene más que ver con el reconocimiento, que es muy prestigioso. Tenemos dos películas en dos años que han tenido muy buen desempeño. Pero tengo que decir que el cine brasileño ha sido muy fuerte durante los últimos 15 años. Porque fue entonces cuando el sistema de financiación se volvió bastante profesional. Y puedo ver que yo soy uno de los resultados de esa diversidad que surgió. Hoy soy un cineasta bien establecido, pero cuando hice mi primera película, O Som ao Redor (2012), no era habitual ver un largometraje proveniente de la ciudad de Recife, en Pernambuco.
Gané un concurso de guion que tenía dos plazas reservadas para el Nordeste. Eso era algo muy nuevo en ese momento. Y hoy veo todo tipo de películas que se hacen: cortometrajes, documentales, largometrajes, con hombres y mujeres de todo tipo haciendo cine. Así que, respondiendo a tu pregunta, lo que está pasando ahora es fantástico. Pero incluso sin El agente secreto o Aún estoy aquí, tenemos una colección muy saludable de películas. No todas las películas son buenas así funcionan las cosas, todavía tenemos mucho trabajo por hacer en exhibición y distribución. Pero el panorama de la producción es muy interesante en este momento.