Domingo, 08 de Marzo de 2026

Cuánto falta para que la inflación llegue a un dígito anual, la obsesión de Milei

ArgentinaLa Nación, Argentina 6 de marzo de 2026

La inflación de febrero rondaría el 2,7%, según el relevamiento de expectativas del mercado La baja de la inflación es uno de los mayores activos del Gobierno en sus primeros 25 meses de gestión, y un punto ciertamente valorado por la ciudadanía

La inflación de febrero rondaría el 2,7%, según el relevamiento de expectativas del mercado



La baja de la inflación es uno de los mayores activos del Gobierno en sus primeros 25 meses de gestión, y un punto ciertamente valorado por la ciudadanía. Sin embargo, desde mayo pasado, cuando el índice de precios al consumidor marcó un piso de 1,5% mensual en la medición del Indec, la inflación hilvanó ya ocho meses consecutivos de subas .

Allí se encendieron las alarmas, a raíz de un alza de precios que, para el conjunto de la economía, duplicó el ritmo de actualización mensual en sólo unos meses, hasta tocar el 2,9% en la medición de enero pasado. Las estimaciones privadas para febrero - el dato oficial se conocerá el próximo jueves 12- oscilan entre 2,6% y 3%, dejando en claro las dificultades que persisten para poner la inflación en caja.

El Gobierno sostiene que el proceso de desinflación de la economía sigue firme y desde el Ministerio de Economía plantean que ya en agosto de 2026 se logrará un "número que empiece con cero", es decir por debajo del 1% mensual y consistente con una inflación que anualizada se ubique en un dígito para todo el año.

De momento, parece ser una meta bastante desafiante. El 2025 terminó con una inflación de 31,5%, el menor nivel en ocho años, luego del salto de 211,4% en 2023 y del 117,8% registrado en 2024.

Analistas consultados por LA NACION destacan que en el camino de desinflación el Gobierno ha cumplido varias de las condiciones para lograr la meta y en otras ha avanzado parcialmente, pero aún falta. Señalan que es preciso continuar por este sendero y darle tiempo al proceso, en línea con la experiencia mundial de otros programas anti inflacionarios , en los que, pese a los logros iniciales, recién se llegó a una inflación menor al 10% anual en un período que varía entre cuatro y ocho años. Luis Secco

Así, el consenso de los economistas prevé que no se llegaría a ese objetivo este año ni el próximo y recién sería posible anotar una inflación de un dígito anual a comienzos de 2028, siempre y cuando se mantenga el rumbo actual , claro.

En el horizonte aparecen ciertos "aceleradores" de la inflación, como tensiones devaluatorias en el mercado cambiario, y la necesidad de continuar con la corrección de precios relativos, especialmente tarifas de servicios públicos, por la reducción de subsidios económicos (luz, gas, agua, transporte), que impactarán en mayores precios al consumidor.

También incide la política de compra de dólares que retomó el Banco Central este año. Es una medida bien vista por el mercado, pero supone una demanda adicional y presión al tipo de cambio, que, como es sabido, es una variable clave a controlar para evitar su traslado a precios.

En busca de consensos

"La lucha contra la inflación es complicada porque finalmente el éxito del programa tiene que ver con modificar comportamientos muy arraigados" , sostiene Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos. Camilo Tiscornia

Esto tiene que ver con un cambio de expectativas futuras y la eficacia del Gobierno en lograr instalar esa visión sobre la marcha del programa económico. No es un dato menor en una economía y una sociedad en la que muchos aún siguen esperando una devaluación que les dé mayor competitividad.

"El tema fiscal es un mérito enorme del Gobierno, aunque aún está pendiente una corrección de precios relativos, que involucra tarifas de servicios públicos, pero hay gente que cree que con este tipo de cambio la Argentina no puede transitar el camino al crecimiento y el desarrollo" , explica Luis Secco, director de la consultora Perspectivas Económicas.

"Los procesos de desinflación no son lineales ni fáciles, dependen de cuestiones estructurales a resolver , que en el caso de la Argentina apuntan a acumular más reservas en el BCRA y precios relativos de servicios públicos y de bienes que se están ajustando", considera Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo.

Menescaldi aclara que "La Argentina está a mitad de camino para ser una economía normal", y sostiene que para avanzar en el proceso de desinflación el país necesita construir confianza e instituciones "y eso lo ganás con el tiempo". Elisabet Bacigalupo

Para Elisabet Bacigalupo, responsable de Análisis Macroeconómico de Abeceb, hoy "necesitás algún tipo de coordinación de expectativas, un ancla más bajo, que tenga un rol clave para sostener el proceso, consolidarlo y que sea creíble" .

La economista explica que continúa la corrección de precios relativos y que para que la desinflación sea efectiva se requiere tener una nominalidad del tipo de cambio más baja.

"La inflación sigue viajando en los contratos", dice para graficar la presión sobre el ajuste de servicios, contratos de alquiler, educación, medicina prepaga, que "siguen subiendo por la inflación pasada" y no la futura, como pretende el Gobierno. Algo parecido ocurrió en 2025, cuando el Gobierno sólo homologaba los acuerdos paritarios con techo del 1% mensual, para alinear los aumentos salariales con el proceso de desinflación que se estaba dando.

"Para reducir la inercia inflacionaria tenés que trabajar sobre las expectativas" , explica Claudio Caprarulo, director de Analytica, y afirma que "a este programa le falta mostrar que el régimen cambiario es sostenible" .

Por su parte, Gabriel Caamaño, socio de Outlier, apunta que "vas a tener la continuidad de una reaceleración de precios en este trimestre" , y eso tiene que ver con que "los precios relativos ajustan cuando pueden, no cuando quieren", como ocurrió por ejemplo con los precios vinculados al ocio o incluso la carne, las frutas y otros alimentos, que "aumentan cuando tienen demanda".

Próximos pasos

" El Gobierno no tiene que cesar en su objetivo de desinflación. La inflación es la criatura de Frankenstein. Si decís que al 2 o 3% mensual está bien y la dejás ahí, cuando fuiste a buscarla no sabés ni dónde anda" , dispara Secco. Claudio Caprarulo

Menescaldi destaca que hoy la Argentina " está usando el ancla cambiaria para bajar la inflación, pero cuando realmente funciona la política anti inflacionaria es cuando salís de eso . Por ejemplo, países como Chile, Uruguay, Brasil o Perú, todos lo hicieron en base a metas de inflación".

El economista considera que "sería bueno salir del ancla cambiaria, que hoy se sostiene con carry trade y tasa de interés elevada". Subraya que "hay una parte de la batalla cultural que está ganada y es la parte fiscal, aunque la monetaria hay que ordenarla todavía".

Consultado sobre cómo impactaría un ajuste del tipo de cambio, en un escenario en el que desde muchos sectores alertan por el atraso cambiario, Tiscornia asegura que le "preocupa que el Gobierno deje bajar mucho el tipo de cambio" pero recuerda que "en la Argentina cuando manipulás el tipo de cambio se va a inflación", por lo que el margen de acción es muy fino. En este contexto, recomienda "aprovechar a que el Banco Central compre dólares para que no baje tanto el tipo de cambio". Gabriel Caamaño

Secco sostiene el peso "se apreció casi 6 puntos en el año", sólo en la actual fase 4 del programa económico (remonetización de la economía), observando que hay un objetivo de mantener el tipo de cambio en estos niveles, con un peso fuerte y un dólar barato, "pero mientras el Gobierno tenga miedo a flotar, esto demuestra que las cosas no están del todo resueltas", advierte.

Listado de tareas

¿Cuándo se podría llegar a un dígito anual de inflación? Para Bacigalupo, "recién para principios de 2028", siempre y cuando se de una serie de condiciones mínimas . Entre ellas, menciona una "check list", que incluye:

1) Consistencia fiscal y financiera, con superávit sostenible, un aspecto que hoy está consolidado y cumplido;

2) Un marco monetario con tasas compatibles con un proceso de desinflación. "Algo se avanzó, pero falta consolidarlo", señala la economista

3) Un régimen cambiario con nominalidad más baja. "Es el gran desafío porque el país tiene un elevado pass through (traslado a precios)" y agrega que "hay un esquema de bandas de flotación, donde el techo y las bandas no son operativas"

4) Desindexación efectiva de la economía

5) Anclar la inflación para quebrar la inercia inflacionaria porque los contratos se siguen ajustando por la inflación pasada.

Por su parte, Caprarulo sostiene que alcanzar un dígito de inflación este año "es un escenario optimista" y agrega que también en 2027 se mantendría en dos dígitos, aunque a un nivel más bajo que hoy. Sebastián Menescaldi

"Todo indicaría que el dígito de inflación recién sería para 2028, para el primer año del próximo mandato" , observa Caamaño. Con la vista más en la coyuntura, el economista de Outlier anticipa que "no esperaría que la inflación perfore el 2% mensual hasta el segundo semestre de 2026" , con lo cual el dato anual rondaría el 25%.

Dilema del Gobierno

Para la mayoría de los analistas consultados por LA NACION la clave de los próximos meses pasa porque el Gobierno resuelva la tensión entre la velocidad de baja de la inflación y el impacto que esa política de prudencia fiscal y contracción monetaria tenga en el nivel de actividad.

"Hay una tensión entre la velocidad de baja de la inflación y la actividad económica" , asegura Tiscornia, resumida en "qué costos está dispuesto a pagar el Gobierno en materia de actividad económica", con tal de mantener la inflación a raya.

"La inflación va a tender a bajar" anticipa Secco y agrega que hasta ahora la inflación bajó por la contracción monetaria, pero advierte que "empieza a haber una fatiga del ajuste que siente mucha gente y muchas empresas, que en este contexto dicen ‘hasta ahora vengo tratando de pedalearla, pero hasta acá llegué’". De allí las noticias de despidos y hasta cierres de empresas de las últimas semanas.

Para Menescaldi, es importante "calibrar bien la política cambiaria" para no afectar la actividad. Así, "tenés una pelea entre cuánto avanzás en la desinflación y cuánto planchás la actividad", coincide.

En esa línea, Caamaño asegura que " la clave de este año es qué hace el Gobierno, si quiere ir más rápido en la baja de la inflación, habrá menos actividad. El dilema del año es el mix entre inflación y actividad" .

Caprarulo aporta que el Gobierno sigue teniendo el tipo de cambio nominal y el salario como anclas, pero indica que "si la economía da señales de estancamiento, caerá la recaudación y estará obligado a ver qué hace con el gasto".

La experiencia de otros países

La experiencia internacional enseña que en los planes de estabilización exitosos el proceso de desinflación en general fue lento, por lo que el caso argentino, más allá de la ansiedad de la sociedad y los actores económicos, estaría dentro de los parámetros habituales.

Hay consenso entre los analistas en que bajar la inflación del 200% al 30% anual es mucho más sencillo que bajarla del 2% mensual a menos del 1%. En la primera fase alcanza con reordenar la macro y dar señales de que no se emite más, pero llegar a un dígito "implica encontrar un régimen macroeconómico estable, construir instituciones y reglas", señala Menescaldi.

"La última milla es la más difícil", coincide Bacigalupo. Y agrega: "El último dato de inflación está en 2,9%, que anualizado te da 41%". "Bajar la inflación a entre 0,5% y 1% mensual ya es otra liga", agrega. Es el camino que debieron recorrer los países que vencieron el flagelo de la inflación.

El programa de estabilización de Israel en 1985 logró bajar la inflación de 450% anual al 20% en menos de dos años, pero le tomó de seis a ocho años estabilizarla en niveles cercanos al 1% mensual.

Irlanda, por su parte, a comienzos de los 80 tuvo una inflación del 20% anual y en tres años la bajó a la mitad, pero le tomó hasta 1987/89 consolidarla en el 5/7% anual.

Casos emblemáticos en la región son el programa antiinflacionario de Chile, que a comienzos de los 90 tardó entre cuatro y cinco años en bajar la inflación del 27% anual a menos del 10%.

En la misma época se lanzó el Plan Real en Brasil (1994), con cambio de régimen monetario, que alcanzó la inflación de un dígito a los tres años. En paralelo, el plan de estabilización de Perú de 1990, conocido como Fujishock (por el entonces presidente Alberto Fujimori), dejó atrás la hiperinflación (llegó a más de 7000%) en un período de unos siete años.

"Los planes de estabilización con fijación del tipo de cambio (como la Convertibilidad) suelen dar resultados más rápidos. Hoy el Gobierno está dejando que flote el tipo de cambio, lo que agrega una dificultad", observa Tiscornia.
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