Lunes, 09 de Marzo de 2026

Ni diestra ni siniestra

PerúEl Comercio, Perú 8 de marzo de 2026

La ideología pesará en la elección, pero no como creemos. Los candidatos ?atrapalotodo?, el votante informal y las nuevas polarizaciones serán igual o más decisivos.

Desde comienzos del milenio, las ciencias políticas hablan de una ?personalización de la política? que hace que votemos más por rasgos del candidato que por sus ideologías. Ahí no queda la cosa, porque esto es recíproco: los electores también votamos más en función de rasgos de nuestra persona ajenos a nuestra posición ideológica, si es que la tenemos. El Perú no solo está inscrito en la tendencia, estamos en la vanguardia. Somos un laboratorio donde muchos politólogos pueden intuir lo que les espera a otros.





Para muestra, un botón, el de Podemos. José Luna, provocó una explosión mezclando ingredientes en el laboratorio y, ¡boom!, inventó su partido ?coworking? que otorga a castillistas, militaristas y sin bandera, espacios de trabajo. Es una versión extrema del ?catch all party? (partido atrapa votos donde se pueda), un concepto de las ciencias políticas del siglo pasado. Luna no es el único. Rafael López Aliaga hace un poco de ?atrapalotodo? en sus listas. Por ejemplo, pueden encontrar a Roberto De la Tore, presidente de la Cámara de Comercio de Lima como candidato por Lima, junto a Javier Bernal, dirigente de la Confemin de mineros informales, como candidato por Puno.



?Porky? López Aliaga está alineado con la derecha internacional, pero en el Perú se alinea con las circunstancias. ¿Cuáles? Pues las de un país donde prima la identificación con la derecha como en buena parte del mundo (42% de derecha frente a 32% de centro y 26% de izquierda, según última encuesta del IEP); pero se prevé, tras la elección traumática de Pedro Castillo en el 2021, que pesarán otros clivajes (polarizaciones) no ideológicos: Lima versus regiones, costeños versus andinos, blancos versus andinos, ricos versus pobres, ?insiders? versus ?outsiders?.



Hay más razones estructurales que nos empujan al laboratorio. Empecemos por el llamado vaciamiento, descomposición o pulverización del sistema de partidos, cuyo síntoma atroz es la cédula con 36 candidatos y 38 partidos. Sin historia ni tradición, los nuevos partidos reciben saltimbanquis y giran como veletas. Alfonso López Chau de Ahora Nación, en sus primeras entrevistas y negociaciones para una posible alianza barajó diversas posiciones en el espectro, antes de confirmarse en la izquierda. Carlos Álvarez de País Para Todos, calla cuando le piden definirse ideológicamente. Wolfgang Grozo, el ?outsider? de moda, también evita la etiqueta. Si la ideología pesa, no será como autodefinición del candidato; sino como percepción del elector al hacer el rápido ?checklist? de las muchas variables que le importan.



Hay una razón estructural que trasciende la política. Hay muchos más informales (alrededor del 70% de la fuerza laboral) que pobres (27% de la población). Por lo tanto, hay ?informales con plata?, como repite Carlos Meléndez para subrayar que mal haríamos en pensar que el elector informal promedio tiene más razones que el elector formal para inclinarse por la izquierda. Los informales abrazan la fe en el capitalismo emprendedurista y a la vez deploran las trabas y exclusiones del Estado.



?Castigo y triunfo?



La argentina Flavia Freidenberg publicó a fines de diciembre pasado, en la revista ?Latinoamérica21?, el artículo ?América Latina 2025: el voto castigo entre la fragmentación y la erosión democrática?. Analizando el triunfo de José Antonio Kast en Chile, el de Rodrigo Paz en Bolivia, el de Nasry Asfura en Honduras y la derrota de las propuestas de Daniel Noboa en el referéndum del pasado noviembre en Ecuador; concluyó que se impuso, con el triunfo de derechistas, un voto de castigo a los gobiernos de izquierda que los precedieron (salvo Ecuador, donde Noboa perdió la consulta popular que convocó).



O sea, no solo se trata de cambiar izquierda por derecha siguiendo la moda universal, sino de castigar a quien esté en el poder. En el Perú, este factor será ambiguo, pues el quinquenio se abre y se cierra con un presidente de izquierda, pero con la persistente narrativa de que es la mayoría congresal de derecha quien gobierna. Si hay algún castigo será a ese régimen de dos cabezas y sin bandera. El favorecido, en esa lógica del castigo, sería un ?outsider? o un ?insider? que pose convincentemente como ?outsider?.



Otro factor que lista Freidenberg es la primacía de la flexibilidad pragmática sobre el principismo ideológico. La vemos en los cálculos que llevan a cada candidato a proponer medidas populistas que cuesta creer que ellos mismos se las crean. Otro factor listado es la crisis de credibilidad institucional. La desconfianza en los partidos puede llegar a hacer tabla rasa de las propuestas ideologizadas de sus candidatos, y solo deja en pie sus rasgos más visibles de representación o de rechazo. A César Acuña, por ejemplo, le tiene sin cuidado definirse ideológicamente. Su campaña es una gran puesta en escena en la que intenta dar vuelta, con humor, al escarnio que sus rivales y parte de la opinión pública hacen de él. La de Mario Vizcarra es otra puesta en escena, más efectista, con hologramas y recuerdos de su hermano Martín, preso en Barbadillo. Roberto Sánchez hace algo similar, pero con Pedro Castillo, también preso en Barbadillo. En la farsa o el melodrama, la ideología es irrelevante, sobre todo en primera vuelta. Y cuando venga la bronca de segunda vuelta, parte significativa del electorado podría sentir indiferencia ante quien escoja como arma principal a los tremendismos de diestra versus siniestra. <FFFC>
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