Los desafíos económicos del nuevo gobierno
Todo indica que, en materia económica, el gobierno de José Antonio Kast priorizará el crecimiento y el ajuste fiscal, dos ejes centrales de su campaña
Todo indica que, en materia económica, el gobierno de José Antonio Kast priorizará el crecimiento y el ajuste fiscal, dos ejes centrales de su campaña. Sin embargo, un tercer desafío ineludible asoma en el horizonte: el surgimiento de un nuevo y complejo escenario geopolítico mundial.
Partamos con el tema fiscal que ha estado muy presente en la agenda. Si bien la administración saliente logró un ajuste notable durante su primer año, luego cometió un error mayor en la proyección de los ingresos fiscales y no ajustó suficientemente las proyecciones de ingresos posteriores para remediar este error.
Más allá de esta polémica, nuestro nivel actual de deuda pública (42% del PIB) sigue siendo comparativamente bajo. Lo verdaderamente preocupante es la trayectoria: llevamos casi dos décadas de incremento sostenido (en 2007 representaba apenas un 4% del producto). El problema de fondo, entonces, no es el stock actual, sino una tendencia al alza que evidencia fallas estructurales en nuestra institucionalidad fiscal. Cabe mencionar, eso sí, que el Consejo Fiscal Autónomo juega un rol cada vez más relevante, elevando el costo político de incumplir las metas.
En este contexto, el Presidente electo prometió durante su campaña reducir el gasto público anual en US$ 6.000 millones. Se trata de una meta poco realista. Recortar incluso la mitad de ese monto -lo que ya supondría un ajuste contundente, equivalente a un punto del PIB- plantea un desafío político mayor. Por un lado, abundan programas mal evaluados que responden a urgencias sociales reales y que exigen rediseño, no eliminación. Por otro, existen iniciativas sin mayor justificación técnica, pero respaldadas por fuertes grupos de interés que las defenderán con uñas y dientes.
Pasemos al crecimiento. Llevamos un largo período con cifras decepcionantes, tanto en la expansión del PIB (cuánto producimos) como en la productividad (cuán eficientes somos). Afortunadamente, en el último tiempo se ha consolidado un amplio consenso técnico sobre la urgencia de reimpulsar políticas procrecimiento. También hay realismo respecto a las metas: la cifra de consenso apunta a un ritmo en torno al 4% anual, lo que implicaría sumar unos dos puntos porcentuales a nuestra lánguida tendencia actual.
Es una buena noticia para la nueva administración que no se exijan las tasas de comienzos de los noventa, mitigando así el riesgo de frustración por expectativas incumplidas. Esta moderación es lógica: hoy es mucho más difícil crecer dadas la desaceleración demográfica de nuestra fuerza laboral y nuestra mayor base de ingresos.
Para alcanzar ese anhelado 4%, Kast ha delineado dos estrategias. La primera es destrabar la excesiva "permisología", especialmente en materia medioambiental. Sin embargo, más allá del evidente peligro que conlleva desregular en exceso, las ganancias de productividad derivadas de esta agenda -aunque valiosas- son insuficientes para lograr el objetivo.
La segunda estrategia, muy atractiva para el gobierno entrante, es reducir el impuesto corporativo. Si bien una rebaja impositiva puede inducir más crecimiento, ha existido una tendencia sistemática a exagerar la magnitud de este efecto. Por lo demás, la evidencia es clara: bajar los tributos merma la recaudación como fracción del PIB. Esto, una vez más, atenta contra la promesa de resolver los desequilibrios fiscales.
A este puzle se suma la propuesta de eliminar las contribuciones a la primera vivienda. Hoy, más del 80% de estos inmuebles ya está exento. Peor aún, se trata de uno de los gravámenes más redistributivos del sistema, pilar fundamental del Fondo Común Municipal. Avanzar en esta línea obligará al gobierno a buscar recursos alternativos para compensar una promesa de corte populista y regresiva.
En el frente externo, el gobierno deberá navegar por las turbulentas aguas de la nueva realidad geopolítica mundial. Resulta urgente establecer una política de Estado para aprobar inversiones estratégicas; de hecho, ya existe una moción parlamentaria que podría servir como punto de partida. Los retos son inmensos y es altamente probable que enfrentemos crecientes presiones "indebidas" por parte de nuestros dos principales socios comerciales. No hay que pecar de ingenuos: estas tensiones siempre han existido, pero todo indica que su magnitud será mucho mayor.
Por último, las señales de esta semana sugieren que la transición del "modo campaña" al "modo gobierno" está siendo más lenta de lo esperado. La suspensión de las reuniones bilaterales entre los ministros salientes y entrantes privará a la nueva administración de información vital para arrancar con eficacia. Este vacío es particularmente crítico considerando que la mayoría del nuevo gabinete carece de experiencia en el Gobierno Central. Pedir innumerables auditorías podrá ser un recurso efectista de corto plazo, pero distraerá de la tarea esencial de gobernar y no ayudará a construir las esquivas mayorías que se requerirán en el Congreso.
El próximo miércoles, José Antonio Kast asumirá la Presidencia de la República. A partir de ese momento, comenzarán a despejarse las incógnitas sobre cómo conciliará un programa de gobierno cuyas promesas, como hemos visto, a veces se contraponen. ¿Sacrificará La Moneda algunas de sus fórmulas procrecimiento en pos de la responsabilidad fiscal, o buscará nuevas vías para cuadrar el círculo de su ambicioso ajuste? Pronto lo averiguaremos.