Cable chino
"¿Qué opina de lo del cable chino, querida tía Waverly?", le pregunto a mediados de esta semana
"¿Qué opina de lo del cable chino, querida tía Waverly?", le pregunto a mediados de esta semana. "No sé, mijito", espeta, "más enredado que moño de vieja". No puedo contener el desplazamiento de mis labios en contra de la ley de la gravedad, y le replico: "Quizá quiere decir 'más enredado que un pulpo', tía". Y ella: "No, mijito, 'moño de vieja' está bien. Queda clarito. Además, !supongo que al mío no lo calificas en dicha categoría¡". Por supuesto que lo niego una y mil veces. Pero se arma la alharaca y termina por no creerme nada.
Así es que en nuestro plácido departamento en Ñuñoa, y ya con un poquito menos de calor, se abrió una polémica similar a la que ha entretenido a Tontilandia estos días: versiones que no se comprenden bien, información a medias, retractaciones, en fin, y todo a propósito del dicho "más enredado que moño de vieja". Quizá la única diferencia relevante es que aquí se ha tratado de un intríngulis entre tía y sobrino, y no entre presidentes, y que en vez de abandonar La Moneda la tía se ha encerrado en su bedroom amurrada y sentida: que yo piense que su moño es un "moño de vieja" ha sido superior a su talante.
El perrito Braulio contempla con cierta desazón nuestra trifulca, mientras la baba de su luenga lengua sí obedece a las leyes de la gravedad. Decidido a superar la riña, la invito a una reunión a través de una esquela que deslizo por debajo de su puerta. Al rato, la esquela vuelve a salir con la frase: "Le pongo término al proceso de opinar sobre el cable chino. Pregúntale al gobierno".