Lunes, 09 de Marzo de 2026

Geopolítica y moral

UruguayEl País, Uruguay 9 de marzo de 2026

El régimen chiíta iraní radica en una teocracia desenfrenada.

Nadie en su sano juicio puede negar que los Estados Unidos representan el mayor poder militar conocido. Lo angustiante es que este instrumento esté en manos de un hombre que o bien tiene trastornos psíquicos, o desconoce cuales son los límites y relaciones ente la geopolítica y la moral. Quizás ambas cosas. Por más que ello no perdone al Partido Republicano, coautor de los desmanes presidenciales. La realidad es que Donald Trump conduce a su país por senderos imprevisibles, desconociendo el derecho internacional, minimizando a las Naciones Unidas y prepoteando a cualquier nación, aun aliada, que se oponga a sus designios y a la descomedida forma de imponerlos. La esperanza es que el pueblo de su país reaccione a tiempo, como las encuestan revelan y le impida triunfar en las próximas elecciones de medio término, cuando, como es de esperar, el Congreso norteamericano, reconquiste sus fueros.

Lo de Venezuela, "sustrayendo" a Maduro de su país fue un real atentado a la soberanía de una nación. Aun si ella fuere, como era, una siniestra dictadura. Lo de Cuba es aún peor, una autocracia comunista de sesenta y cinco años de duración. Cuba fue y es la demostración empírica de la falsedad del marxismo-leninismo, el que paradojalmente se justificaba por el avance de la historía. Pero ello no justifica que otro país le imponga sus propias ideas sobre la democracia, o lo que más siniestro, le hurte parte de sus recursos petroleros como, con total desparpajo, hacen los Estados Unidos. La soberanía es una conquista irrebasable de un planeta dividido en países y no puede ser ignorada mediante la superioridad en misiles o portaaviones. Ningún sistema ético conocido ignora esta realidad, excepto el fascismo del cual parece nacerle un hijo bastardo.

Cabría entenderse que lo antedicho puede aplicarse sin más a la actual guerra con Irán. Allí también se desconoce su soberanía y se aplica una descomunal disparidad militar. Sin embargo el tema admite otra reflexión y seguramente otros reparos. El régimen chiíta iraní radica en una teocracia desenfrenada, para la cual el martirio justifica la lucha armada en tanto sacrificio por la patria. Tanto si de uno, como de un pueblo entero. El imán, recientemente asesinado y quien lo seguirá, no solo imperan religiosamente sino que también lo hacen en el plano político y militar. A inicios de la revolución chiíta en 1979 su propulsor el Imán Khomeini, como el Presidente Ajmadinejad y recientemente el Imán Jameini, han proclamado la desaparición de Israel. Su Dios se lo pide. Desaparición tanto de su Estado y sus instituciones como de su pueblo más confusamente. Aun cuando resulte imposible separar ambas realidades.

El inspector de Naciones Unidas ha reafirmado días pasados que Irán está a punto de poder construir seis artefactos nucleares. Con ellos, como anticipó, podría destruir, al Estado de Israel. Frente a este desafío la actitud israelí es apelar al derecho, internacionalmente reconocido a la legítima defensa, con la ayuda de Estados Unidos, que alega, contribuye a su supervivencia y a la de su entorno. Esta situación no se asemeja a la destrucción por Israel de la Franja de Gaza ni a lo actuado en Cuba y en Venezuela. Por más que el tema, de enorme complejidad jurídica y moral, merezca más desarrollo.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela