Agárrala y pégala
Molesta la mezcolanza poco coherente y vacua, las jovencitas engrupidas bailando con las Tesis.
Ayer tuvimos Día de la Mujer, con marchas -40 mil personas, según Carabineros- y "conmemoraciones". Nada de celebrar, expresión proscrita en el 8M. ¿Seguirá prohibido regalar chocolates? Y otra duda: ¿Se puede bailar reguetón y ser feminista?
Hace unas semanas, el show de Bad Bunny en el Super Bowl fue aplaudido como un "acto geopolítico" y una "defensa de la identidad latina". Incluso una ministra española recomendó apreciar esta "expresión cultural".
Antes, muchas feministas condenaban el reguetón -o su derivado, el trap latino- por su retrato de la mujer como un pedazo de carne, desechable e intercambiable. "Sigue tu camino que sin ti me va mejor/Ahora tengo a otras que me lo hacen mejor/ Si antes yo era un hijueputa, ahora soy peor", canta Bad Bunny en "Soy Peor".
Pero Benito Antonio supo ver hacia dónde soplaban los vientos. Ahora juguetea con lo femenino, a veces se pone vestido y es un ícono cultural. Con ropa de Zara y bailando en el Levis's Stadium de California, reivindicó a Latinoamérica, pero también entonó "Me gustan mucho las Gabriela, las Patricia/, las Nicole, las Sofía". Y siguió con "tengo una colombiana que me escribe to' los día'/ Y una mexicana que ni yo sabía". Sí, siempre han existido letras poco edificantes. O las metáforas. Pero otra cosa es marchar con letreros que dicen "Ni una menos" y luego "perrear" al ritmo de "Ahora agárrala/dale, pégala".
Y es triste ver un ejército de clones femeninos, esclavas del bótox y de las cinco capas de maquillaje o "contouring". Con pestañas telescópicas, labios pulposos, pómulos de infarto y operaciones varias para calzar con lo que pide el macho consumidor. Si hasta Taylor Swift, que habla del empoderamiento femenino, canta con bikinis de lentejuelas. ¿No es eso cosificación?
Algunos dicen que hoy se están entrelazando los mensajes feministas y antifeministas. En el mundo occidental, según la autora Angela McRobbie, "el feminismo se empieza a desarticular, al ser visto como algo que fue necesario en el pasado, donde la opresión masculina era evidente, pero no en el presente".
O quizás, más que su necesidad, son sus contradicciones las que lo debilitan. La ambigüedad ante temas como los vientres de alquiler y la pornografía (a veces estimulada con platas estatales). Y el silencio -por motivos ideológicos- ante la opresión de muchas mujeres en el mundo.
Hoy necesitamos un feminismo razonable. Menos grandilocuente y más plural, pero con ciertos mínimos comunes. Y en Chile tiene sentido y necesidad un Ministerio de la Mujer, focalizado en áreas clave (salud, trabajo, seguridad, cuidado de los hijos, apoyo materno) y no en multiplicar los "asesores de género".
Molesta la mezcolanza poco coherente y a veces bastante vacua. Las jovencitas engrupidas y peloláis bailando al ritmo de las Tesis, la retórica maximalista del varón opresor, las performances soeces, la jerigonza idiota de "las cuerpas", la grosería como "derecho" femenino. Nada de eso ayuda.