¿Otra guerra interminable?
Donald Trump quiere una victoria rápida en Irán, unas cuatro o cinco semanas. Su ministro de Guerra (Defensa) calculó dos meses y un poco más, pero lo cierto es que no hay una aproximación exacta, porque el Presidente puso como última condición la rendición total de Irán, y eso está por verse.
Las bombas siguen cayendo en todo el país, mientras los ataques iraníes de represalia se multiplican en la región, con los países del golfo Pérsico como principales blancos de sus misiles, llegando hasta Azerbaiyán, Turquía y Chipre. Israel, que volvió a atacar el búnker donde murió el líder supremo Alí Jamenei, expandió su rango de acción al Líbano, tras el lanzamiento de proyectiles de Hezbolá al norte de su territorio. En estos días no se ve una salida rápida al conflicto y, por el contrario, se teme que esto pueda prolongarse hasta que se cumplan los objetivos que Trump se ha propuesto, pero que han variado desde el inicio de la operación Furia Épica. El primer día, fijó su propósito de "lograr paz en todo el Medio Oriente y, en realidad, en todo el mundo". Si esa es la meta, entonces la guerra podría perdurar y se convertiría en una de esas "interminables", en las que prometió no involucrarse.
La opinión pública norteamericana no está muy entusiasmada con este conflicto, y la aprobación a las acciones militares se mantienen en un rango bajo. Encuestas han mostrado que antes del inicio de las hostilidades, una mayoría estaba en contra de atacar a Irán, y al parecer Trump no les ha cambiado esa idea. Históricamente, los presidentes necesitan persuadir antes a la población de la necesidad de una guerra, y Trump no ha sido muy convincente en este aspecto.
Su justificación para ir al conflicto fue la amenaza de un ataque inminente a Israel y a otros aliados, según afirmó el martes, pero los informes de inteligencia no lo corroboraban. El día anterior Marco Rubio había dicho que la decisión de atacar fue porque Israel les anunció que lo haría y en ese caso debían adelantarse a las represalias iraníes. Lo que sea que haya gatillado el inicio de la guerra, Trump necesita ganar la aprobación de los norteamericanos para seguir comprometiendo a sus fuerzas armadas en la operación.
Una percepción de que la guerra será corta y de rápida resolución, de bajo costo en vidas de sus soldados y con un mínimo de consecuencias negativas (económicas principalmente), puede ayudar a ganar apoyo, pero esas condiciones todavía no se vislumbran.
Turbulencias globalesYa comenzaron a sentirse los efectos económicos de la guerra. El petróleo subió al nivel más alto en dos años. El gobierno de Trump sostiene que EE.UU. tiene capacidad de aumentar la producción para sostener los precios, y que el petróleo venezolano también es una garantía para el suministro. Mientras el otro gran consumidor, China, tiene stock para unos meses, y siempre puede reemplazar el petróleo iraní (1,3 millones de barriles diarios) con el de Rusia, su "aliado estratégico". En cualquier caso debe evadir las sanciones internacionales.
Quizás el mercado del petróleo se puede equilibrar, pero las turbulencias que la guerra provoca en el golfo Pérsico tendrán otros efectos negativos, especialmente si se mantiene el bloqueo al estrecho de Ormuz. Por ahí pasa un tercio del crudo, metanol y fertilizantes del mundo, y el 20% del gas natural y sus derivados; además es tránsito de miles de contenedores que van a los emiratos y luego se redistribuyen por el Medio Oriente y África.
Irán no ha elegido por azar a los emiratos del Golfo para sus ataques, y eso no solo porque en algunos de ellos hay bases militares norteamericanas, que son los blancos preferidos, sino porque esos países se han convertido en centros financieros, turísticos y de comercio integrados a la economía global. Así, sus ataques que destruyen infraestructura energética y turística, aeropuertos, hoteles, y hasta un data center de Amazon, tienen resonancia mucho más allá de la región. Es por eso que los líderes de estos países han tratado de ser neutrales, incluso actuando de mediadores entre Irán y EE.UU., con el que algunos de ellos tienen estrechos vínculos de seguridad.
Drones baratos versus Patriots carosUna de las interrogantes a esta altura del conflicto es la capacidad de Irán de sostener por mucho tiempo el nivel de respuesta a los ataques israelíes y norteamericanos. Antes del conflicto, se calculaba que los iraníes tenían unos 2.000 misiles balísticos y decenas de miles de drones de gran capacidad de daño. Algunos de sus misiles serían capaces de llegar al Mediterráneo. Los primeros días dispararon cientos de ellos, y luego bajaron la intensidad, supuestamente para asegurar reservas y mantener poder de fuego.
Como se comprobó en Ucrania y se está viendo en el Medio Oriente, los drones iraníes simples y muy baratos son un problema para las defensas de sus contrincantes porque deben usar misiles carísimos para neutralizar la amenaza de estos baratos artefactos. Un dron iraní puede costar US$ 20 mil, frente a los cuatro millones de un misil interceptor Patriot, de los que se pueden fabricar hasta 700 al año; en cambio, producir drones es mucho más fácil.