Viernes, 13 de Marzo de 2026

La guerra banalizada

ColombiaEl Tiempo, Colombia 11 de marzo de 2026


Miguel Gómez Martínez
Un día uno se despierta y el mundo tiene una nueva guerra


Miguel Gómez Martínez
Un día uno se despierta y el mundo tiene una nueva guerra. No como antes que las guerras se incubaban durante meses y años antes de declararse. Nos enteramos del estallido del conflicto y lo seguimos por las noticias como si fuera en una dimensión desconocida. Las imágenes parecen asépticas como un juego de video, frías como si no hubiese destrucción, muerte y dolor. La guerra moderna, con su impresionante despliegue de tecnología, nos hace creer que es una operación quirúrgica. El dominio del poderío aéreo disminuye al máximo las pérdidas del atacante y multiplica las del atacado. Nada parecido a la simetría de pérdidas de la guerra de trincheras o los conflictos de antaño. La guerra se vuelve un evento adicional ("happening" dicen en inglés) del cúmulo infinito de informaciones que nos bombardean (utilizando un lenguaje bélico) las redes. La superioridad tecnológica militar de los Estados Unidos es abismal. Europeos y chinos están a años luz de igualarla. Ha quedado claro que el otrora temor a Rusia no se justifica, incapaz de vencer a Ucrania, un enemigo mucho más débil. Las guerras de antes se definían cuando se presentaban uno de dos escenarios: la derrota estratégica del adversario o su agotamiento por la destrucción y las bajas. Hoy las victorias resultan menos claras. Se pueden ganar las guerras en el escenario militar y perderlas en el político. El derrotado puede resucitar luego de haber sido vencido y terminar imponiéndose. Vietnam, Afganistán e Irak son buenos ejemplos de conflictos cuyos resultados son ambiguos pues la superioridad militar no coincide con el balance final de la guerra. En las guerras antiguas los soldados eran los más sacrificados. Ya en la Segunda Guerra mundial, los civiles pusieron un porcentaje mayoritario de las muertes. Las guerras actuales son muy destructivas sin que se aumenten las bajas de los militares. Quienes disparan los misiles pueden estar a miles de kilómetros del objetivo. En cambio, la proporción de civiles fallecidos aumenta. También se verifica que las guerras irregulares, las que utilizan tácticas de guerrilla, ponen en jaque a los ejércitos centrados en la tecnología y el poderío bélico. Nuevamente Vietnam, Irak y Afganistán ilustran esta circunstancia. Muchas cosas han evolucionado en la guerra. Sólo uno permanece invariable: el sufrimiento. Al concluir la Segunda Guerra mundial quisimos evitar que algo tan terrible volviese a ocurrir. No hemos sido capaces. Como su antecesora la Sociedad de Naciones, las Naciones Unidas son hoy una inútil y estéril mega burocracia irrelevante cuando se trata de impedir las guerras. La guerra no es nunca trivial, común, insignificante o carente de importancia. No es un hecho banal así la distancia, la tecnología o las comunicaciones nos lo hagan creer. La guerra es una desgracia que acompaña al hombre desde la prehistoria. Es el fracaso de la razón y el triunfo de la fuerza; del poder sobre la conciliación.
migomahu@gmail.com
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