Jueves, 12 de Marzo de 2026

Camila Peralta, de la timidez al alto voltaje en Netflix y a actuar en Uruguay con la obra que le cambió la vida

UruguayEl País, Uruguay 12 de marzo de 2026

La actriz argentina vuelve a El Galpón con "Suavecita", el unipersonal que se volvió fenómeno y le abrió las puertas a las grandes ligas. Sobre eso y "En el barro", Camila Peralta charló con El País.

Era tan tímida que ni siquiera se animaba a salir a la calle en una ciudad, Balcarce, de menos de 45 mil personas. Sin embargo, puertas adentro, todos los días eran de show. Se disfrazaba de Betty la Fea, se pintaba un diente con delineador, después lo frotaba con el dedo y era mágicamente "linda". Siempre fue así, dice Camila Peralta a El País: siempre hubo, adentro suyo, una actriz.

Nunca supo que sacarla para afuera era posible.

Hoy es una de las actrices argentinas más ocupadas de su generación. Con 34 años, flequillo más o menos rolinga y un rostro que puede pasar de tierno a intimidante con apenas un gesto, protagoniza escenas violentas, pero también eróticas, en una plataforma que llega a 190 países. Hace cine independiente y, además, es la cara de un fenómeno teatral que por segundo año consecutivo llega a Uruguay: Suavecita.


Escrito y dirigido por Martín Bontempo, el unipersonal se estrenó a mediados de 2023 en una sala para 80 personas y de inmediato agotó entradas para los tres meses siguientes. Del circuito independiente saltó al comercial, donde continúa hasta hoy. Y le abrió puertas.

Suavecita fue la obra que Griselda Siciliani le elogió justo antes de filmar una escena de Envidiosa. Suavecita fue la puesta que la llevó al radar de Sebastián Ortega y, por ende, a En el barro. Suavecita. Siempre Suavecita, que este 21 y 22 de marzo se verá en El Galpón (entradas en Redtickets).

"No puedo entender cómo me animé. Porque hoy en día estoy atrás del escenario y digo: 'Me quiero morir, me quiero morir'. ¡Y ya la hice más de 150 veces!", confiesa Peralta en charla con El País. No aclara bien qué se imaginaba cuando ensayaba Suavecita, pero sabe que con Bontempo se propusieron no correr, sino dedicarle tiempo y trabajo a una obra que les gustara "mucho".

"Dijimos: a esta obra démosle nuestro tiempo, nuestro corazón, nuestra investigación, nuestro espacio. Y se lo dimos", dice. "Lo que pasó después es algo muy raro, muy loco. Como que uno espera que le vaya bien y trabaja para que le vaya bien. Pero lo que pasó fue más. Fue una conjunción de muchas cosas en un momento en que todo iba para atrás. Por ahí también es un poco eso: es una obra que conecta mucho con la posibilidad de salirse un poco de esta cosa tan terrible que es el mundo en el que vivimos. Entonces tiene algo muy mágico, muy luminoso y muy gracioso. Si hubiésemos tomado la decisión de que no sea tan cómica, porque el texto tranquilamente podría no ir para el lado de la comedia, quizás no nos iba tan bien, porque la gente estaba triste en su casa y por ahí no tenía ganas de ponerse triste en el teatro".

https://www.youtube.com/watch?v=SyWhinxiFfI
Es la historia de una mujer que descubre que tiene un don para curar pacientes. Se sabe poco más: así como ha crecido apoyada en el infalible poder del boca a boca, hay mucho de su trama que se mantiene oculto casi por decisión del público, que elige no develar. Esa es la gracia de Suavecita.

Para describir la actuación de Peralta, la crítica ha utilizado adjetivos como "excepcional", "fantástica", "descomunal", "inolvidable".

Ella, que ya la hizo en México, en Madrid, pero también subtitulada en Portugal y hasta en una cárcel, sabe que ahora -después de tres años de salir a escena sola, en un dispositivo austero, y de hacer a la protagonista y a tantos personajes que van apareciendo-, es consciente de que Suavecita se ha colado en sitios impensados.

"El otro día una amiga, desde un lugar que nada que ver, un casamiento en un country cheto, me mandó un video medio de incógnita de una señora contándole a otras: (imita el tono) 'Ay, no, tenés que ver una obra maravishosa...', y usaba una palabra muy de alcurnia, que ni me la acuerdo, para describir al personaje. Ahí es cuando vos decís: acá pasó algo. Llegó a lugares que yo nunca hubiera imaginado".

¿A dónde más podrá llegar?

Más de una vez le hablaron de adaptarla a la pantalla. A Peralta le gustaría que este universo pueda quedar "para siempre", pero no hay nada, dice, como el teatro.

"De repente entrás a las 6 de la mañana a un rodaje, salís a las 7 de la tarde, tenés media hora para llegar al teatro, cambiarte y hacer la función de una hora de estar ahí, poniéndolo todo. Pero pasa algo con el teatro que no tiene mucha explicación. No sé a qué se debe, pero he hecho funciones con fiebre y al toque que entrás al escenario no sentís más nada. Si uno logra estar presente, ninguna otra cosa afecta al cuerpo humano".


Por eso le alegra tanto que la obra haya sido un trampolín a las grandes ligas audiovisuales, como En el barro, el spin-off de El Marginal que se ha metido entre las series más vistas de Netflix a nivel mundial. Allí interpreta a Solita, un personaje con un crecimiento abismal entre una temporada y otra; en el último tramo es el interés amoroso de la China Suárez y este año (un spoiler) rodará nuevos episodios.

En su agenda están: esa filmación, cuatro obras de teatro, el estreno de una película y de otra serie para Netflix ("un mega-mega proyecto" llamado Gordon), un rodaje del que no puede adelantar nada y "otro proyecto increíble" que también mantiene bajo reserva.

https://www.youtube.com/watch?v=ODEX7as_92c
"Que me hayan visto en Suavecita fue un respaldo que me sirvió mucho", dice, porque "sentir la validación de mis colegas, que son las personas que admiro y que he visto actuar y dicho: 'yo quiero hacer eso, estar a ese nivel', me dio una tranquilidad que necesitaba para básicamente confiar en mí".

Un día, Camila Peralta dejó Balcarce para ir a estudiar cine a Buenos Aires (ni siquiera sabía que había una carrera de actuación en la Universidad Nacional de las Artes). De la televisión que veía en su casa se acordaba de un solo nombre: el de Cristina Banegas, quien la había deslumbrado con un personaje "siniestro" en el ciclo de unitarios Mujeres asesinas.

A 10 cuadras de su nueva casa en una ciudad que le quedaba inmensa, había un teatro. Creer o reventar: era de Cristina Banegas. Así empezó todo. Después vio Llegó la música, una obra dirigida por el también actor Alberto Ajaka, y entendió que no estaba tan sola en el mundo. Luego vio a Iride Mockert hacer La fiera, de Mariano Tenconi Blanco, y algo se transformó.

Se pregunta todo el tiempo por qué hace lo que hace y entre algunas respuestas está la ilusión de contagiar a otros. "O sacar un poco a la gente de la situación en la que vive, que por ahí puede ser dolorosa por mil motivos, y brindarles un respiro", dice. "Porque me parece que ser actriz y ser creadora es muy político y nos permite reflexionar todo el tiempo sobre lo que está pasando".

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