Timothée Chalamet por "Marty Supreme" y Michael B. Jordan por "Pecadores" se presentan como los favoritos en otra categoría que mantendrá el suspenso hasta el final
Si alguien preguntaba, póngale, hace un par de semanas, quién iba a ganar el Oscar a mejor actor principal, la respuesta era que estaba robado para Timothée Chalamet por su comprometido protagónico en Marty Supreme. Pero ya no es tan seguro.
Está claro que Chalamet ha hecho todo lo humanamente posible para llevarse su primera estatuilla dorada en su tercera nominación. Pero los caminos del Oscarson tan impredecibles como los del Señor.
Chalamet ha estado al borde de la sobreexposición al servicio de la película y de su Oscar. Ganó los Globos de Oro, un buen comienzo, pero el reciente Actors (los premios del sindicato de intérpretes) a mejor protagonista para Michael B. Jordan, por su doble papel en Pecadores, tiró abajo cualquier certeza.
La viralización de declaraciones de Chalamet sobre el desinterés popular hacia la ópera y el ballet no tendrán ninguna incidencia en la premiación: la votación ya estaba cerrada y, básicamente, a nadie le importó esa opinión tomada, además, fuera de contexto y no tan disparatada.
Lo de Jordan, además, es parte del imparable ciclón que ha convertido a la película de Ryan Coogler sobre apropiación cultural blanca y vampiros en la gran favorita para los premios que, conviene recordar, ya son este domingo.
Ese panorama hace que la participación de los otros tres candidatos Ethan Hawke por Blue Moon; Leonardo DiCaprio por Una batalla tras otra y el brasileño Wagner Moura por El agente secreto sea más que nada simbólica.
Chalamet está muy bien en Marty Supreme, en la que interpreta a un jugador de ping pong ambicioso e inescrupuloso en caída libre moral. Está ambientada a comienzos de la década de 1950 en Nueva York y está claro que el actor (quien dijo estar "en búsqueda de la grandeza") mostró una entrega importante en el proyecto dirigido por Josh Safdie.
Eso incluye un esforzado papel transformativo que va más allá del maquillaje y los accesorios, y demuestra una capacidad inmersiva para una historia que lo tiene a tope desde el comienzo al fin.
Chalamet ya estuvo nominado por Llamame por tu nombre y Un completo desconocido, pero para los estándares de la Academia es aún un muy joven (acaba de cumplir 30) y como bien sabe DiCaprio, la tendencia es pensar que ya le va a tocar más adelante.
Lo de Jordan en Pecadoreses también de una entrega total y si ganara la categoría se haría justicia con una de las grandes estrellas del cine de Hollywood en actividad. Es su primera nominación y tiene 38 años, porque por lo visto ese dato cuenta.
Interpreta a Smoke y Stack, los mellizos Moore, que regresan a Clarksdale en Mississippi después de pelear en la Primera Guerra Mundial y al servicio de las mafias de Chicago. Es la época del Jim Crow (las políticas segregacionistas que marcaban la relación entre negros y blancos en el Sur de Estados Unidos en la década de 1920) y los hermanos quieren abrir un boliche. La fiesta se arruina con la llegada de tres vampiros caucásicos que vienen por el cuerpo, el alma y la música de los parroquianos.
Jordan está muy bien aportando las sutiles diferencias a los dos gemelos, un truco tecnológico bastante sorprendente. Se lo ve cómodo además como héroe de acción, en un final a toda metralleta que le permite lucir músculos trabajados y la amplitud de su rango actoral.
Todo parece estar hecho para que gane. Pecadores acaba de arrasar en los Actors, incluyendo mejor elenco, lo que impulsó sus posibilidades en todos los rubros, y tanto Chalamet pudo haber desalentado a los votantes.
Los rivales, las sorpresas.
Lo de DiCaprio en Una batalla tras otra está bien pero no es descollante, además de que parecería haber mermado el entusiasmo por la película de Paul Thomas Anderson (lo que no quita que aún pueda llevarse el premio mayor de la noche).
DiCaprio tuvo que esperar cuatro nominaciones y 18 años de carrera para ganar un Oscar; fue en 2016 en Revenant: El renacido. Ahora interpreta a Gheto Pat, una célula dormida (y refumada) de un grupo guerrillero, que sale de vuelta al frente cuando su hija es secuestrada por un militar ultraderechista (un Sean Penn exageradamente paródico).
DiCaprio se luce, como es costumbre, enfundado en un salto de cama cochambroso a lo loco por esas rutas americanas. El papel le permite, además, mostrar sus dotes de comediante, que siempre afloran en sus papeles.
La de Blue Moon es la quinta nominación (la tercera como actor, las otras dos fueron por los guiones de Antes de la medianoche y Boyhood) para Ethan Hawke, otra estrella surgida en la década de 1990. Si gana sería justo, sí, pero demasiado sorprendente.
Es Lorenz Hart, compositor popular americano de los 30, en una película bien teatral que le permite grandes diálogos y una transformación física que incluye calvicie y varios centímetros de menos. Hawke está en un plan bastante distinto al habitual en él y verdaderamente es una gran actuación, pero la película (que no se estrenará en cines en Uruguay, donde solo se vio en el festival de cine de Punta del Este) pasó demasiado desapercibida.
Y finalmente el crédito regional: Wagner Moura es el primer brasileño en estar nominado en la categoría. Es por El agente secreto, la película de Kleber Mendonça Filho, en la que interpreta a un hombre perseguido durante la dictadura brasileña. Moura es un gran actor con un rango que le permite estar en una telenovela brasileña, unaa serie de Netflix, una película independiente o una de gran presupuesto, y acá encuentra un gran papel. Pero sería muy exótico que llegara a ganar.
En general el premio lo entrega el ganador del año pasado (siendo esta vez Adrian Brody) y casi al final, así que habrá que esperar para saber, por lo visto, si lo ganan Chalamet o Jordan.