No es tan raro
A diferencia de lo que sorprende al presidente Orsi, no es a EE.UU. a quien corresponde invitarnos, sino que deberíamos ser nosotros quienes diéramos el paso, de pedir la integración.
Consultado ayer sobre la ausencia de Uruguay en el Escudo de las Américas, el presidente Orsi dijo que "es raro" que EE.UU. no haya extendido la invitación a nuestro país.
La iniciativa fue anunciada el sábado pasado por Donald Trump, con el fin de crear un frente común de países afines ideológicamente, para conducir "una estrategia de combate al narcotráfico y el crimen organizado". Suscribieron el acuerdo Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago. La ausencia de algunos países -Brasil, Colombia, México y el nuestro- pone de manifiesto la severa política de Trump a nivel continental: no habían pasado ni dos días desde que nuestro gobierno se alineara con Brasil y Colombia contra la "invasión de EE.UU. en Venezuela", para que la administración estadounidense endureciera los requisitos para extender las visas de migrantes uruguayos en su país. La única razón por la que Trump no ha hablado mal públicamente de Uruguay -como suele hacerlo de España y su mandatario Pedro Sánchez- ha de ser por nuestro pequeño tamaño. Pero está claro de qué lado de la raya nos coloca.
El hecho es preocupante por lo que bien declaró esta semana el senador Bordaberry: "Hoy estamos pidiendo al gobierno que de una vez por todas trate de meterse dentro de lo que se llama el Escudo de las Américas (.) Es fundamental que Uruguay esté ahí. A veces no nos damos cuenta, pero si se va a combatir, como se dice, en territorios tan cercanos al nuestro, si se tiene éxito, es natural que el narcotráfico se va a desplazar a los territorios que no están integrados. Entonces tenemos que ser parte. Hay que decirles al canciller Lubetkin, al ministro Negro, al presidente de la República: levanten el teléfono, hablen con Marco Rubio, hablen con el presidente Donald Trump; la ideología en esto no juega, porque es lucha contra los narcotraficantes".
Lo que dice el senador es innegable: un desplazamiento de los narcos, desde los países mejor controlados hacia el nuestro, traería consecuencias catastróficas.
Y a diferencia de lo que sorprende al presidente Orsi, no es a EE.UU. a quien corresponde invitarnos, sino que deberíamos ser nosotros quienes diéramos el paso, de pedir la integración a un emprendimiento común que representará altas inversiones, coordinaciones logísticas y de inteligencia, imprescindibles para extirpar un cáncer que está deteriorando velozmente nuestra convivencia.
El problema a definir es cómo hará Orsi para obtener el apoyo de las bases frenteamplistas, que no le perdonan por no haber roto relaciones diplomáticas con Israel, ni establecido el absurdo impuesto del 1% a los ricos, ni otros dislates de infantil maximalismo. Al respecto, el senador Oscar Andrade se apresuró a marcar la cancha esta semana, en el programa Lado B de Tevé Ciudad. Reprochó no solo a Felipe Schipani por reclamar libertad en Cuba y a Sanguinetti por apoyar el derecho de autodefensa de Israel, sino que agregó un palo más para Bordaberry. Según el locuaz legislador comunista, el colorado dijo que "nos tenemos que sumar a la estrategia de militarización de América Latina a la que convocó Trump". Bien complicada la tiene el presidente dentro de su propio partido, ahora que manifiesta un tibio interés en integrar el país a tan vituperada iniciativa. Pero lo que no puede hacer es sorprenderse de no haber recibido la invitación de la nación convocante. Obviamente, es en nuestra cancha que está la pelota.
Sin embargo, otra vez y como siempre, la necesidad del gobierno de quedar bien con Dios y con el diablo del infernal paraíso frenteamplista, vuelve a poner al país en un brete de difícil solución.
La evidencia se agrava si uno lee entrelíneas una declaración del ministro Oddone en su reciente comparecencia ante inversores en un evento de Punta del Este: "Me parece que la visión de Uruguay, no la de este gobierno, se parece mucho más a la visión que ha tenido Europa, que a las visiones que hay de los otros tres grandes lugares, que son Beijing, Moscú y Washington". En el mismo momento en que Marco Rubio está haciendo entender a los líderes europeos que la estrategia de seguridad occidental debería ser una sola, bien coordinada, nuestro ministro de Economía se alinea con una Europa tambaleante y pone a EE.UU. en una misma bolsa con Rusia y China.
No solo tenemos que integrar el Escudo de las Américas. Nos haría falta también un buen escudo que nos protegiera de ideologías caducas e improvisadores.