Cambio de mando
Confío en que el cambio de mando supondrá también para Chile una forma de gobernar más rigurosa y menos improvisada, más racional y menos temperamental, más institucional y menos informal que la que hemos tenido en este último tiempo
Confío en que el cambio de mando supondrá también para Chile una forma de gobernar más rigurosa y menos improvisada, más racional y menos temperamental, más institucional y menos informal que la que hemos tenido en este último tiempo. Los gobiernos no son espacios para darse gustos personales o para dirigir una asamblea universitaria, sino para ejercer con seriedad y solemnidad la función que se tiene. No se es Presidente del país, por ejemplo, solo para sí mismo o para un grupo cercano, sino para todos, incluso para los opositores.
Eso exige, además, que los opositores se comporten a la altura que les corresponde en democracia, pues en este juego de ajedrez de la política, si el rival tira las piezas del tablero la partida no se puede llevar a cabo. Todos están obligados a respetar las reglas del juego y nadie debiera olvidar esto.
Estoy expectante con el nuevo escenario político y es de esperar que la sensatez y la prudencia se instalen con fuerza en La Moneda. Por suerte, es una administración que no habla de "refundaciones" ni de "retroexcavadoras" (retórica tan excesiva como dañina), sino de pretensiones más modestas en el discurso, pero mucho más acordes a la realidad nacional y a los requerimientos de buena parte de la población. Un país estable, ordenado y sin estridencias sería un auténtico respiro cívico.