Inicio y proyección de un nuevo gobierno
Las medidas impopulares o duras tienen que estar finalmente al servicio de un propósito político que trascienda el corto plazo.
La expansión del crimen organizado y el narcotráfico, el elevado desempleo, las listas de espera en salud, el aletargado crecimiento económico y la extrema debilidad de las cuentas fiscales, entre otros aspectos, le han dado sustento al relato de un gobierno de emergencia con el que ha asumido la nueva administración. Abordar estas situaciones requiere de mucha dedicación y una agenda de cambios que es compleja y amplia. De ahí que este discurso se puede sustentar por un tiempo prolongado. Algunas de estas transformaciones, como sostuvo el Presidente Kast en campaña y ha repetido en estos días, podrían ser impopulares, pero deben ser implementadas para superar la emergencia.
Si bien esta situación supone diversas iniciativas que ocuparán el escenario político, también representa un desafío para el gobierno. La emergencia solo se puede sostener políticamente, más allá de los inicios del período presidencial, si va acompañada de una proyección de futuro. Las medidas impopulares o duras tienen que estar finalmente al servicio de un propósito político que trascienda el corto plazo. Por cierto, algunos de los asuntos que han conformado el diagnóstico de la emergencia tienen una proyección que excede la contingencia. Por ejemplo, avanzar en la reducción de las listas de espera. Ello lleva implícito una mejora en la atención y quizás calidad de la salud. Con todo, es importante acompañarlo con una visión del futuro del sistema de salud.
Esa necesidad se puede extender a otros ámbitos. El Presidente en su discurso, desde el balcón de La Moneda la noche del 11 de marzo pasado, insinuó algunos "titulares" generales. Así, sostuvo que existía la oportunidad de avanzar hacia una nueva era, una de "orden, libertad y justicia". Añadió, además, que el sello del gobierno no es solo corregir y recuperar, consistente con la narrativa de la emergencia, sino también "construir lo que nunca se ha hecho". Estos dos ejes se pueden aprovechar para construir un discurso que permita proyectar su coalición más allá de la emergencia. En algún momento habrá que declarar si esta se superó o las razones por las que no se pudo hacer. El segundo escenario es un fracaso político para el gobierno.
El primero, mucho más positivo, tiene el problema de que no proyecta al gobierno más allá de ese momento y, por tanto, debe construir el puente entre emergencia y futuro. Este objetivo no puede tomar mucho tiempo. En política este siempre es breve. Parecería indispensable, entonces, agregar a partir de ambas expresiones presidenciales -una nueva era que se expresa en orden, libertad y justicia y construir algo que nunca se ha hecho- una agenda con una orientación de más largo plazo que le permita a la nueva administración y a su coalición no solo una proyección más allá de 2030, sino que también le otorgue más densidad política.