Recortes
Entre la cultura y la agricultura se da una continuidad no meramente etimológica
Entre la cultura y la agricultura se da una continuidad no meramente etimológica. Si se lo piensa, la idea de "cultivo", de la aplicación esmerada de reglas recibidas, está en la raíz de la cultura, al menos, en alguna de sus acepciones más elevadas.
Un buen ejemplo, quizás, es el arte de la poda. Cuando Hesíodo, a principios del siglo VII a. C., da consejos sobre cómo podar ciertos árboles y viñas, habían ya pasado siglos de experimentación en los que participaron cientos de generaciones para llegar a una idea revolucionaria: la planta fructifica cuando en vez de dejarla crecer con abundancia se corta selectivamente su follaje aquí y allá.
Desde los tiempos de Hesíodo -que puso por escrito un saber oral- hasta hoy la poda ha devenido en una técnica estudiada con precisión y que se transmite en las escuelas de agricultura. No se ha modificado, con todo, el principio de que cada árbol y arbusto que produzca frutos tiene su propia forma de ser podado y, todavía más, que cada uno admite distintas formas de poda según lo que de ella se pretenda.
Tengo un árbol en mi huerto, un viejo caqui (me fascina ese fruto), malogrado por muchos años a causa de la intervención de un podador chambón: da frutos minúsculos, duros y que transparentan la acritud de su piel.
La poda es una actividad que por analogía se puede extrapolar a muchos ámbitos. Así ya quizás se estará imaginando, mi estimado lector, hacia qué molino estoy conduciendo pacientemente mis aguas: el Estado es como un árbol cuya tendencia al crecimiento inorgánico es semejante a la cabellera humana (cortarse el pelo no es sino una forma de poda que tiene sus propios temibles chambones).
El Estado requiere, sin duda, una poda periódica si quiere dar frutos abundantes, sanos y de buen tamaño. Con esto dicho, mi analogía ya está casi completa, ¿por dónde sigo la columna ahora?
Lo esencial no debe perderse de vista: podar no es lo mismo que cortar. Cualquiera que haya ensayado podar con un maestro a su lado sabe que en esa confusión infantil radica la causa de las chambonadas.
Hay doctrinas políticas -como el liberalismo- que son "cortadoras" del Estado, pero hay pocas "podadoras" que incluyan consejos técnicos y no meramente ideológicos para alivianar el follaje insano, la acrecencia tumoral. La línea es delgada.
No puedo sino desear la mayor suerte al señor Presidente en su política de recortes, pero, con el máximo respeto, tema a las chambonadas.