Sábado, 21 de Marzo de 2026

La vigencia de un luchador

UruguayEl País, Uruguay 21 de marzo de 2026

Hablar de Carlos María Fossati es hablar de un hombre con talento, coraje y un gran sentido del humor.

Fossati por 80", bautizaron el recital de Carlos María Fossati, que se llevó a cabo el jueves en el teatro Movie. Una sala colmada recibió con una ovación al cantante que el 3 de febrero cumplió 80 años y suma más de cinco décadas largas cantando.

Hablar de Carlos María Fossati es hablar de un hombre que, con talento, coraje y un gran sentido del humor, supo ganarse un lugar clave entre los artistas uruguayos que marcaron un rumbo en el folclore nacional. Nacido en una familia blanca en la que siempre se le rindió culto a los héroes nacionales y donde la música jugaba un papel fundamental, Carlos María tenía marcado su destino. Ese niño que nació en el Sanatorio Uruguay en 1946, hijo de Carlos María Fossati y Clara Soares de Lima no podía ser otra cosa que cantante, blanco y rebelde.

Su padre tenía una considerable colección de discos y escuchaba desde Carlos Gardel a ópera, pasando por zarzuela, canzonettas napolitanas y folclore. Su madre, tocaba en un piano vertical Uebel-Lechleiter negro al menos una vez a la semana. La legendaria maestra de música, Beba Ponce de León le enseñó los primeros acordes en la guitarra. Y en la estancia María Delfina, de su familia materna, en Paysandú, siendo adolescente, se entrenó en el canto junto a sus hermanos y una multitud de primos. No imaginaba entonces que, años más tarde, que la música se convertiría en su forma de ganarse la vida.

Y mucho menos que, a mediados de la década de 1970, él con su guitarra llevaría a todos los rincones del país el anhelo y la esperanza por la recuperación de la libertad cercenada en 1973.

Fossati, tuvo seis guitarras a lo largo de su vida, la primera fue un obsequio de su padre. Cuando, don Carlos y doña Clara vieron el entusiasmo de su hijo, le regalaron una Ottado-Garrido, seleccionada por su tío Tato, eximio guitarrista. Sin saberlo comenzaba la carrera profesional de Carlos María. En 1975, grabó su primer disco, convocado por Enrique Abal Oliú de Sondor. De Poncho blanco se llamó, con letra de Julián Murguía y música de Tabaré Etcheverry. Nació entonces una canción que se convertiría, en poco tiempo, en el tema de resistencia de los blancos a la dictadura. Hoy la juventud nacionalista la ha adoptado como un nuevo himno. Luego vendrían más de veinte álbumes.

Sus recorridas por el interior y sus presentaciones en Montevideo, no estuvieron exentas de plantones en las comisarías, prohibiciones a último momento, seguimientos por los agentes de la inteligencia y recurrentes citaciones de la Jefatura de Policía de Montevideo. Pero todo resultó inútil para una marea humana -y no solo blanca- que cantaba De poncho blanco y Hasta sucumbir. Fossati había calado en el alma popular.

El jueves, en el escenario lo acompañaron, Carlos Benavides, Guzmán Carrión, Pancho Ponce de León, Roberto Fossati, Santiago Soares de Lima, Alfonso, Francisco Fossati, Ximena Fossati y Camila Riva. También participó el payador Juan Carlos López.

La del jueves fue una noche de reencuentro de Fossati con su público. Sedujo y emocionó, una vez más, a un público que sabe que ese hombre que no ha perdido su voz, su prestancia y su humor, fue una figura clave en la recuperación de la Democracia.
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