De la Gran Consulta a la ‘gran coalición’
Un día antes de la elección del 8 de marzo me preguntaba si estaríamos a tiempo para salvar la democracia colombiana
Un día antes de la elección del 8 de marzo me preguntaba si estaríamos a tiempo para salvar la democracia colombiana. Los resultados mostraron que sí lo estamos. La votación de la Gran Consulta y la conformación de la dupla Paloma/Oviedo han traído consigo un renacer de la esperanza. Ahora toca salvar el futuro. El desenlace de la Gran Consulta señaló con claridad que es posible unir a personas que piensan diferente, sin ceder en sus valores, para construir civilizadamente un futuro para los colombianos, sin exclusiones, en libertad y en democracia. En las conversaciones de la semana anterior ocurrió algo que pocas veces en la historia colombiana ha sucedido. Dos líderes jóvenes, mujer y hombre, con visiones distintas, se sentaron en búsqueda de lo que los unía, sin pedirle al otro que dejara de ser lo que es. Mostraron que no estamos condenados a la polarización. Que es posible salir de los extremos ideológicos y dar paso a una nueva generación que enfrente los enormes cambios de toda índole registrados por el país a lo largo del siglo XXI. Juanita León, la fundadora y directora de La Silla Vacía, decía con razón en estos días que muchos colombianos tienen que hacer un duelo. Como me comentaba una colega y buena amiga, los uribistas deben dejar de lado sus causas del pasado y hacer parte de una coalición con quienes apoyamos el Acuerdo de Paz, lo mismo que los derechos de las mujeres y de la población LGTBIQ+. Los antiuribistas, reconocer que después de diez años hay críticas válidas al mismo Acuerdo, que las cosas no salieron como se esperaba, pero, sobre todo, que hay una democracia por salvar y que urge construir consensos políticos alrededor de la Colombia del futuro. Y quienes hemos sido antipetristas, comprender que la izquierda llegó para quedarse y se ha convertido en una fuerza organizada y con vocación de poder. De la Gran Consulta hay que transitar a la ‘gran coalición ’. El desafío es grande. Quienes se sometieron a la consulta y se despojaron de sus egos, al igual de quienes trabajaron en la sombra para promoverla, tienen las condiciones para construir la coalición y conformar un poderoso equipo de gobierno. Un ‘equipo de rivales’, como el del gabinete de ministros que conformó Abraham Lincoln con sus competidores por la candidatura del Partido Republicano en Estados Unidos en 1860 cuando ganó la nominación. Con la suma de muchos colombianos de las nuevas generaciones, ávidos de contribuir con honestidad a enrumbar en mejor forma al país, a corregir las desigualdades y a generar bienestar para todos. * * * * La salvación del futuro va a implicar muchos sacrificios para todos los colombianos. En el corto plazo habrá que enfrentar problemas gigantescos y al mismo tiempo sentar las bases para que Colombia salga de su rezago y del estancamiento actual. Habrá que restablecer los equilibrios fundamentales: el orden público, la macroeconomía, la salud, la energía y la educación. La población urbana -clase media votante de la Gran Consulta- requiere que la seguridad impere en las calles y acceso a la salud y a los medicamentos. La mayor aspiración de los jóvenes colombianos -votantes de Juan Daniel Oviedo- es la educación; dan prioridad al crecimiento económico y son aversos al autoritarismo. Y habrá que llegar a las dos costas sobre el mar y a las fronteras con soluciones viables para sus pobladores, que merecen salir del abandono. Todo lo cual requerirá, además de trabajo, un consenso político y un firme mandato electoral. Con todo, numerosos colombianos han vuelto a sentir ilusión sobre el futuro. Una ilusión que no debería esfumarse, sino fortalecerse con el paso de los días.
Esperanza
Carlos Caballero Argáez