Miércoles, 25 de Marzo de 2026

Corral de ramas

UruguayEl País, Uruguay 25 de marzo de 2026

Con semejante prédica antidemocrática, la izquierda uruguaya se solaza en pegarse tiros en el pie.

Uno de los argumentos más frecuentes del discurso de izquierda, es el de una pretendida conspiración de la ultraderecha para hacerse del poder en forma creciente en Europa, Estados Unidos y América Latina.

Promueven la idea de que los triunfos electorales de los Trump, Milei, Kast y compañía, obedecen a conspiraciones mediáticas y manejos espurios de las redes sociales, a través de trolls malignos que inventan y divulgan noticias falsas. Quienes toda la vida han simplificado la contienda ideológica, atribuyendo a la izquierda la vocación de justicia social y a la derecha oscuros designios autoritarios, ahora se quejan airadamente de que muchos tuiteros hacen lo mismo, pero a la inversa. En campaña electoral, me cansé de escuchar a dirigentes del FA proclamando que la Coalición Republicana trabajaba "para el capital" y "a espaldas de los trabajadores". Pero si Sebastián Da Silva o Graciela Bianchi se mandan un exabrupto contra las falencias del marxismo, los mismos que sembraban aquellos odios, se victimizan.

Es evidente que la generación del meme solo responde a simplificaciones de uno y otro bando, y que sería deseable un debate de ideas que excluyera descalificaciones. Pero pretender posicionarse en la pureza, cuando tanto odio se ha sembrado en los últimos 20 años (¿se acuerdan de la acusación sobre los niños que comían pasto?), parece más oportunista que razonable.

El problema se agudiza porque últimamente la izquierda se viene encerrando ella misma en su propio corral de ramas: sigue repitiendo fórmulas que eran opinables en los años 60, pero que hoy son obsoletas y mentirosas.

Abjurar del éxito electoral de Milei y Kast sin reconocer que fue producto de resultados desastrosos de las gestiones del kirchnerismo y de Boric respectivamente, es mirar la realidad con un solo ojo, el que les conviene.

Tal vez el caso más extremo sea el que he visto en una reveladora entrevista que el argentino Juan Grabois le hizo al escritor Martín Caparrós. Le escuché a este último opinar contra el voto obligatorio, porque decide gente que "no entiende nada". Llega a proponer por qué no se pone en el sobre de votación, en lugar de una lista de candidatos, una especie de cuestionario de múltiple opción que diga: "¿estoy a favor de privatizar el petróleo o a favor de que lo explote el Estado para beneficio de los más vulnerables?". Buenísimo. ¿Prefiero ser rico y sano o pobre y enfermo? Cuando la gente se harta de las promesas incumplidas de la utopía marxistoide, que en América Latina no ha sido otra cosa que populismo demagógico y hambreador, la culpa no la tienen ellos sino el votante, flor de burro, que no se da cuenta de lo que es bueno para él.

Por eso reivindican el sostenimiento artificial de la dictadura cubana, con el presidente del FA festejando a Díaz-Canel y todo un partido que sale a manifestar a la calle en su apoyo, mientras los migrantes cubanos que viven en nuestro país lo hicieron contra ese dictador nefasto, por libertad y patria y vida.

Con semejante prédica antidemocrática, la izquierda uruguaya se solaza en pegarse tiros en el pie: ni siquiera hay que estar muy informado para entender que ciertas utopías de los 60 son boleta. Hay mucha gente que se dio cuenta de esto hace mucho tiempo; nunca es tarde para que lo admitan quienes siguen aferrados a un palo enjabonado.

Mientras sigan reivindicando lo impresentable, no le echen la culpa a las fake news: se están aislando solos.
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