Tormenta en el vecino
El clima político y económico en Brasil se encuentra en momentos de máxima tensión, cuando faltan pocos meses para unas elecciones que serán clave para todo el continente.
Este es un año clave para Brasil. El país enfrenta un clima complejo en lo económico y en lo político, a pocos meses de las próximas elecciones presidenciales. Que según todos los sondeos, serán un revival matizado de las de hace cuatro años, ya que por un lado estará Lula da Silva, con sus 80 años a cuestas. Y del otro estará Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente, quien que en la elección pasada quedó a casi nada de renovar su gobierno.
El tema es que el clima político en el país del norte, está siendo agitado por una fuerte polémica que envuelve a la justicia, y que puede tener efectos determinantes en esas elecciones de octubre.
Parte de esto es la noticia conocida esta semana, de que justamente Jair Bolsonaro recibía el beneficio de la prisión domiciliaria, tras varios episodios médicos que hicieron temer por su vida. Pero según toda la prensa de Brasil, esa decisión del juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes no está basada en un sentido humanitario o de justicia.
El problema es que es escándalo del Banco Master, que ha sido mencionado como la mayor estafa financiera de la historia de Brasil, y los vínculos de varios jueces del Supremo Tribunal con el empresario que lo gestionaba, Daniel Vorcaro, han puesto al máximo órgano judicial del país en la picota.
Los mensajes obtenidos del teléfono del empresario hoy tras las rejas, dejan en claro que este tenía un vínculo asombrosamente estrecho con al menos dos jueces del Tribunal, que incluían viajes juntos, experiencias de consumo "top" pagadas por el banquero, y hasta algunos negocios en conjunto.
Esto ha llevado a que la imagen pública del Tribunal esté por los suelos. Y no se pueden dar el lujo de que a Bolsonaro le pase algo estando en la cárcel, ya que enardecería a todo el amplio sector de seguidores del ex presidente, y podría tener efecto incluso en la campaña electoral.
Es importante señalar dos cosas, para entender el asunto.
Primero, que a diferencia de Uruguay, el Tribunal Supremo de Brasil tiene competencias increíblemente amplias. Por ejemplo, el juez De Moraes abrió hace años una investigación sobre "fake news", que nunca termina, y que le permite ser una especia de árbitro electoral, ya que ordena cerrar cuentas de redes de legisladores y periodistas, sin contrapeso jurídico alguno. Y en los últimos años se ha ensañado particularmente con Bolsonaro y sus seguidores.
Casualmente, De Moraes también dirige la investigación sobre el ataque al Congreso brasileño por una turba de seguidores de Bolsonaro, y es a partir de ahí que ha decidido la prisión del ex mandatario, bajó máximas medidas de control.
El segundo tema que hay que entender es que justamente por esto, y otros temas, la imagen de varios jueces de este tribunal, está muy asociada a la del gobierno actual. En el caso de De Moraes, porque ha tenido esa actitud especialmente hostil hacia Bolsonaro. Y en el de otro juez clave, José Díaz Toffoli, porque fue el magistrado que declaró nulas todas las pruebas contra Lula da Silva, permitiendo que saliera de la cárcel, y volviera a ser candidato.
En medio de este panorama, en las últimas horas corre la versión de que el banquero Vorcaro estaría negociando un acuerdo de "delación premiada", para lograr una pena más leve a cambio de contar todo lo que sabe sobre sus vínculos con jueces y con políticos. Teniendo en cuenta que Vorcaro era la figura del momento, y se vinculaba con todo el mundo en Brasilia, el pánico es generalizado.
Toda esta situación tan volátil que vive la mayor potencia sudamericana, es doblemente relevante por el momento histórico en el que ocurre. Tenemos en Estados Unidos a un presidente como Donald Trump, que ha revivido el clima de guerra fría con China, y no acepta que en su propio hemisferio, esa potencia exógena tenga presencia clave.
Y tenemos en el propio continente un proceso de cambio radical de línea política en la mayoría de los países. Que ha dejado a Brasil como casi el único exponente de la izquierda, y el final abanderado de ese discurso anti americano, y que busca generar un polo alternativo en lo que llaman de forma pomposa "el sur".
Esto deja en claro todo lo que hay en juego en los próximos meses en función de lo que ocurra en Brasil. Los uruguayos son poco afectos a seguir las noticias políticas del gran vecino del norte. Pero teniendo en cuenta la influencia que ha tenido históricamente en nuestra vida, y en los cambios tectónicos que hay allí en macha, sería conveniente estar atentos.