Debate en el Senado
La destemplada intervención de la senadora Cicardini refleja el grave deterioro de formas republicanas esenciales en el debate democrático.
La baja calidad del debate en el Congreso -abundan los parlamentarios en cuyos planteamientos campea el populismo más desenfadado-, el deterioro de la convivencia interna y la progresiva pérdida de las formas republicanas, son evidencias de un largo proceso de degradación institucional que, si bien tuvo su máxima expresión en las últimas décadas durante el estallido que se inició en octubre de 2019, dista de haber culminado. Y es que desde hace ya demasiados años se observan y toleran allí prácticas reñidas con la dignidad de sus tareas, incluyendo la normalización de los insultos y el hostigamiento a otros legisladores e incluso a funcionarios de gobierno u otros invitados.
Lo ocurrido esta semana en la tramitación del proyecto del Gobierno para mitigar el aumento del precio de los combustibles es una nueva prueba de que muchos parlamentarios no han sacado las debidas lecciones acerca de la crisis política e institucional que vivió el país en 2019.
Especialmente preocupante fue lo ocurrido el miércoles en el Senado, el cual, a diferencia de la Cámara, había sido tradicionalmente un lugar en que las discrepancias respecto de los asuntos más complejos solían encauzarse sobre la base de un mínimo respeto para todos quienes participaban en el debate democrático.
El tono más disonante respecto de esa tradición de dignidad republicana lo marcó la senadora socialista Daniella Cicardini, quien, tanto en sus intervenciones en sala como en comisión, se dedicó a descalificar en términos personales al ministro de Hacienda. Entre otras expresiones sostuvo: "Usted, señor ministro, es un provocador"; "tenga un mínimo de decencia con el país que dice gobernar"; "usted, ministro, le ha mentido a Chile"; "no es la primera vez que usted, ministro Quiroz, le encarece la vida a la gente. No creo que sea necesario recordarle la colusión del pollo y las farmacias. Usted tiene un patrón". Como si ello fuera poco, terminó su discurso en la sala con una especie de amenaza -"ojo, la gente no olvida"- y una sorprendente petición de renuncia a solo días de haber asumido Quiroz en su cargo: "por el bien de Chile, usted señor ministro de Hacienda, dé un paso al costado. Renuncie, ministro".
Cabe valorar, sin embargo, la actitud de la senadora Paulina Vodanovic, quien frente a estas declaraciones destempladas de Cicardini, sostuvo: "como presidenta del Partido Socialista, quiero señalar que la opinión de la diputada (sic) Cicardini no es compartida por el resto de la bancada". Estas palabras dan alguna esperanza de que una oposición distinta a la que sufrió el gobierno de Sebastián Piñera es posible. Habrá que esperar cuál postura finalmente es la que prevalece.
A este incidente hay que sumar el hecho de que en los pasillos del Congreso el ministro de Hacienda habría sido increpado por un grupo de parlamentarios de oposición; y también las intervenciones de algunos parlamentarios del oficialismo, como la del senador del Partido Republicano Ignacio Urrutia, cuyo lenguaje descalificatorio está lejos de favorecer la convivencia democrática -una y otra vez, el miércoles, cayó en exabruptos, acusando genéricamente al gobierno de Gabriel Boric de haberse dedicado a "robar", "saquear" y llevarse "todo el botín para la casa"-. El que se trate de un parlamentario que pertenece al partido del Presidente agrava la situación.
Olvidan estos parlamentarios que son precisamente las formas republicanas, que se sustentan en el respeto a sus pares y a las distintas autoridades que asisten, las que permiten el proceso deliberativo propio de una democracia. No consideran tampoco que esta crispación que ellos exacerban pueda alentar comportamientos violentos en las calles, como aquellos de los que el país ha sido testigo en un período reciente.