Sábado, 28 de Marzo de 2026

Del particular canto al premio obtenido: así lo vivieron los hinchas de Uruguay en el rincón celeste de Wembley

UruguayEl País, Uruguay 28 de marzo de 2026

Los fanáticos de la selección llegaron desde distintos puntos de Europa a Londres para presenciar el encuentro que se vivió con entradas agotadas y emociones sobre el final.

Nicolás Tucci - Especial para Ovación desde Londres
Bajo el cielo gris de Londres hubo un rincón que rompió la monotonía: el celeste vibrante de los hinchas uruguayos. No importó el empate 1 a 1 ni el resultado final; en las calles aledañas al estadio y en las tribunas, los hinchas uruguayos se hicieron sentir desde el minuto uno, incluso avisándolo en la previa, porque agotaron las 2.000 entradas que se pusieron a la venta en su sector.


Desde temprano, el colorido y los cánticos comenzaron a sentirse en los alrededores de Wembley. Bombos improvisados, camisetas históricas y banderas que parecían demasiado grandes para el invierno europeo transformaron la tarde en pequeñas extensiones de Montevideo.

"¡El que no salta, es un inglés!" se escuchaba con una fuerza que contrastaba con la habitual parsimonia británica. Algunos ingleses, curiosos, se detenían a observar; otros, directamente, se sumaban al canto o tomaban fotos.


En la previa, los uruguayos armaron su propio ritual. Desde España, Países Bajos, Alemania, Irlanda y hasta compatriotas que viven en el Reino Unido, se agruparon para entonar los típicos cantos de aliento. Había familias enteras, grupos de amigos y también solitarios que, al encontrar otro compatriota, dejaban de estarlo.

Dentro del estadio, el color celeste invadió su sector. Cada ataque uruguayo era celebrado como un gol inminente; cada recuperación, como una hazaña. Cuando llegó el empate, el grito fue visceral, cargado de desahogo. Abrazos entre desconocidos, lágrimas discretas y una certeza compartida: estar ahí ya era una victoria.
Raw HtmlComo si eso fuera poco, sobre el arco donde estaban los celestes llegó el gol de Valverde y hacia allí corrió el Pajarito junto a Darwin Núñez y el resto de sus compañeros para fundirse en un abrazo a escasos metros de donde los hinchas replicaban el gesto con exuberante algarabía.

A ellos, también, le dedicaron los futbolistas su actuación al término del encuentro, mientras desde las tribunas eran retribuidos con aplausos y cánticos.


Al final, mientras Londres volvía lentamente a su ritmo habitual, los hinchas uruguayos prolongaron la fiesta. Cantaron en el metro, en las calles, en cualquier espacio donde cupiera una canción más. Porque para los fanáticos, el fútbol no es solo resultado: es pertenencia. Y en una ciudad ajena, por unas horas, lograron sentirse en casa.

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