Gracias, amigo Vozinha
En la lejanía de Auckland, la selección chilena se estrenó en 2026 con una victoria sobre el débil Cabo Verde, clasificado a la Copa del Mundo de este año
En la lejanía de Auckland, la selección chilena se estrenó en 2026 con una victoria sobre el débil Cabo Verde, clasificado a la Copa del Mundo de este año. Un 4-2 de caras opuestas, por el discreto primer tiempo, donde el elenco de Nicolás Córdova cayó 2-1.
Un rival exótico, que se suma al anecdotario de Chile, en una jornada para el dato estadístico y la molestia de Córdova por el pobre rendimiento de la Roja en el lapso inicial. Bien el entrenador. Vio lo que todos vimos. El puñado de chilenos en las desiertas tribunas del Eden Park observaba atónito cómo el elenco africano, que dejó en su grupo a Camerún, hacía daño por el sector izquierdo.
Ian Garguez padeció las incursiones de Sidny Cabral, quien llegaba desbocado. Maximiliano Gutiérrez no lo seguía y después Lucas Cepeda, trasladado a este sector, también fue sobrepasado en su tarea de auxiliar al joven defensor de Palestino. No fue el único problema que encontró el conjunto nacional.
El juego en la mitad del campo se hizo predecible, con ausencia de profundidad. Los de atrás no empujaban. El gol de la apertura fue una avivada de Rodrigo Echeverría, quien reanudó rápido un balón a tierra y profundizó para dejar en posición de remate a Ben Brereton. Con una zurda cruzada, el atacante del Derby County anotó su décimo gol internacional. Además, provocó la mano de Diney Borges, que significó la expulsión del zaguero de Cabo Verde y abrió el duelo para la escuadra nacional.
La madrugada se nos transformaba en pesadilla, retrotrayéndonos a los peores capítulos de la Roja, cuando Sidny Cabral puso el 2-1 en los descuentos del primer tiempo. Con uno más, nos íbamos en desventaja y jugando mal.
Los cambios en el complemento, con el ingreso de Felipe Loyola y Darío Osorio, le dieron otro tono al elenco de Córdova. Ayudó el chambón arquero Vozinha, quien regaló una de las peores salidas que tengamos recuerdo en el empate parcial de Maximiliano Gutiérrez, luego de una pelota filosa de Vicente Pizarro.
Los tantos de Felipe Loyola (en una gran maniobra colectiva entre Osorio y Gutiérrez) y Gonzalo Tapia, en otro horror defensivo del fondo caboverdiano, timbraron el triunfo. Se engrosan las estadísticas, se consolida el grupo de jugadores que parece ser el elegido para afrontar los futuros compromisos, en un ciclo que marcha en medio de la indiferencia. La contingencia la hegemoniza el cambio legislativo que marcará el derrotero de la actividad.
Viene la selección de Nueva Zelandia, clasificada al Mundial, en otro cotejo que, por el horario, veremos pocos. La travesía por el desierto será dura y anónima, ante oponentes de escasos pergaminos. Es lo que nos ganamos en la cancha después de tres eliminaciones consecutivas y un manejo directivo de club chico.
En el juego, las presiones en la salida de los rivales se han convertido en un factor distintivo de un equipo que intenta recuperar y salir directo. Cuando tiene la pelota le cuesta pensar. Maximiliano Gutiérrez comenzó bajo, pero después de un remate al travesaño levantó. Es una buena noticia.
Hoy Chile es un cuadro obrero, con algunas luces, pero ante todo batallador. Llora un jugador de envergadura global o al menos un artillero de fuste. La reconstrucción será lenta.