Miércoles, 01 de Abril de 2026

Trump frente a la Hidra de Persia

UruguayEl País, Uruguay 1 de abril de 2026

Combatir a la teocracia persa es para Israel una cuestión existencial, pero no lo es para los norteamericanos. Por eso Trump muestra cada vez más ansiedad por encontrar una salida.

Netanyahu debió explicarle a Trump que el régimen iraní no es como una serpiente, a la que si le cortan la cabeza muere; sino como una hidra, el monstruo de la mitología griega que tenía nueve cabezas, una de las cuales era inmortal, y por cada una que le cortaran le nacían dos más.

El primer ministro israelí conoce esa naturaleza porque la experimentó con Hamás. Asesinó a su fundador Ahmed Yassin y de inmediato afloró Abdulaziz Rantisi como nuevo líder. También lo asesinó y lo mismo ocurrió con las subsiguientes cabezas, de las cuales las últimas fueron Ismail Haniye y Yahya Sinwar.

Lo mismo hizo con Hezbollah. Israel le cortó tres cabezas: Subhi al Tufayli, Abbas al Musawi y Hassán Nasrallah. Incluso cortó la cabeza que estaba por surgir tras la muerte de Nasrallah, Safi al-Din. Pero Hezbollah sigue combatiendo, ahora encabezado por Naim Qassem, quien ocupó el lugar estaba por ocupar Al-Din.

Si Trump hubiera tenido en cuenta esa naturaleza en la teocracia chiita, no se habría involucrado en esta guerra. O tal vez lo sabía pero quiso ocupar el lugar de Hércules, el héroe mitológico que, tras estrangular al León de Nemea, mató a la Hidra de Lerna en la segunda de las doce hazañas que le había encomendado el rey Euristeo.

Esta guerra comenzó con la decapitación que implicó la muerte del ayatola Alí Jamenei, pero el régimen no se extinguió sino que generó otra cabeza. Lo mismo ocurrió con todas las cabezas que le cortaron en el aparato militar.

Netanyahu no tiene apuro en terminar este conflicto y no lo hará hasta que logre, si no destruir al régimen que ha jurado borrar del mapa a Israel, al menos reducir significativamente su poderío militar y sus estructuras nucleares para que, por un tiempo considerable, deje de ser una amenaza.

Combatir a la teocracia persa es para Israel una cuestión existencial, pero no lo es para los norteamericanos. Por eso Trump muestra cada vez más ansiedad por encontrar una salida. Y esa ansiedad lo hace dar marchas y contramarchas que generan desconcierto.

Aunque en cualquier momento puede derrumbarse por encontrarse diezmado, el régimen se había preparado para esta guerra. Por eso destruyó con sus misiles los radares israelíes en los países árabes del Golfo, inutilizando en buena medida su formidable sistema de defensa antiaérea y desguarneciendo sus ciudades ante los misiles y drones iraníes.

Aún así, la mayoría de los israelíes entienden y aceptan estar en guerra contra el régimen que los aborrece. Los que no entienden porque su presidente se involucró en este conflicto tan impredecible y costoso son los norteamericanos. Se lo dicen a Trump las encuestas y movilizaciones oceánicas en las principales ciudades de los Estados Unidos.

Percatado del laberinto en el que deambula errático, el jefe de la Casa Blanca se quiere retirar del conflicto, pero no puede hacerlo sin mostrar algún resultado que lo justifique. De lo contrario, saliendo del conflicto sin haber eliminado al régimen ni logrado su capitulación, escribirá sobre su imagen la palabra que usa como bullyng contra sus críticos: perdedor.

Mientras sigue buscando una puerta de negociación, Trump ha desplegado 50 mil efectivos en el área.
Supuestamente, en Vietnam los norteamericanos aprendieron los riesgos que implican las guerras asimétricas. Si quedaban dudas, vino el estropicio de Irak tras la caída de Saddam Hussein. Y el desastre en Afganistán que acabó con la patética postal de la retirada estadounidense.

No se sabe cómo sigue funcionando estando diezmado, pero en Irán aún hay un régimen que cuenta con un ejército de un millón de hombres.

Si Trump estuviera rodeado de estadistas en lugar de aduladores, alguien le habría señalado la propuesta oculta en los cinco puntos para cesar el fuego que ofreció Irán. La verdadera propuesta es la que no figura en ninguno de esos puntos: el programa nuclear.

Que la proposición iraní omita la cuestión con que Tump y Netanyahu justificaron esta guerra, puede interpretarse como lo que el régimen está dispuesto a negociar para que Trump cese las acciones bélicas sin parecer derrotado.

No hay otra clave de interpretación para semejante ausencia. Pero nadie lo notó en la Casa Blanca y Trump siguió enviando tropas y buscando a tientas una puerta que no encuentra.
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